Surrealismo crudo | Así no murió Pedro Infante

Surrealismo crudo | Así no murió Pedro Infante

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Pedro Infante no murió en el accidente de aviación del 15 de abril de 1957.

Unos fans lo pusieron en alerta poco antes de abordar el Boeing 24 que se estrellaría en Mérida. Tenían órdenes de matarlo, pero la admiración que profesaban por el cantante se impuso. Le ayudaron a escapar y fingieron la muerte que acaparó los titulares de la prensa, causando una profunda cicatriz en el corazón de México.

De ahí en adelante, el guamuchilense tuvo que vivir escondido en la sierra de Chihuahua. Fue el precio a pagar para no perder la vida a manos de un hombre rencoroso, un pesado de la política que no descansaría hasta asegurarse de haber extraído el último aliento del cantante que enamoró a su novia. El inmortal se creó una identidad falsa, se hizo llamar José Antonio Hurtado Borjón y se mantuvo en el anonimato hasta 1983, cuando le dio por volver a cantar en público bajo el nombre artístico de Antonio Pedro, el charro que protagoniza esta teoría de conspiración.

Un poco como el bluesman Robert Johnson, quien nunca desmintió el rumor de que había vendido su alma al diablo, Antonio apenas insinuaba que él y Pedro Infante podrían haber sido la misma persona. Eso sí, sus shows estaban llenos de referencias al ídolo y de las canciones que lo inmortalizaron. Podía cantar Te quiero más que a mis ojos, vestido como Tizoc, y sacar el uniforme de agente de tránsito a la hora de interpretar Qué te ha dado esa mujer. La historia fascinó a los medios de comunicación y la explotaron todo lo que pudieron, que tampoco fue tanto. Después de esa entrevista en Telemundo donde encararon a Antonio Pedro con los hijos legítimos de Infante, el asunto no podía prosperar demasiado.

En ese olimpo bizarro donde habitan el verdadero Paul McCartney y el Kurt Cobain que no se suicidó, nuestro Pedro Infante aún se llama Antonio Pedro. Existe una serie de esfuerzos incansables para demostrar que en efecto, el ídolo vivió hasta la edad de 96 años y sus restos se encuentran en la tumba de José Antonio Hurtado Borjón. Imágenes que comparan rasgos físicos, audios que equiparan las maneras de cantar, videos de conciertos, testimonios por escrito y en video de quienes no dudan haber conocido al verdadero Pedro bajo el nombre de Antonio se encuentran por todo internet, y la gente no vacila en culpar al Gobierno por habernos arrebatado a Pepe el Toro de manera tan tramposa.

“Si desaparecieron a 43 normalistas, que no desaparezcan a un ídolo”, comenta un supuesto nieto del mil amores en una entrevista. “Debemos decir quien fue el político y la mujer causantes de la desgracia de Pedro Infante. Y la justicia debe llegar y debemos luchar porque se nos haga justicia a él y a su pueblo”, se lee en un comentario en Youtube. Curiosidades como videos caseros de Antonio Pedro en sus últimos años, y material de archivo de sus presentaciones en televisión, se empeñan en comprobar la veracidad del caso. La tecnología puso a nuestra disposición toda clase de intento realizado por aportar evidencia, pero el mayor atractivo de esta historia lo expuso ya Federico Campbell en 1984, y es acerca de la persona de carne y hueso que fue este charro misterioso:

“Lo que no sospecha Antonio Pedro es que él mismo y no Pedro Infante sería el personaje realmente interesante de una película. El argumento de su propia vida configura un tema pirandelliano: el de la memoria y el de la mala memoria, el de la sustitución de persona, el de la identidad”.


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