Zona chilanga | Amor chilango

Zona chilanga | Amor chilango

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La amas y la odias, la dejas y regresas. Te impregna su demencia. Sus noches te estrangulan. Resurges. Te obliga, te demanda, te inmoviliza y te sujeta. Te suspende. Te prohíbe, te impide, te limita, te asusta… se esconde. No sabes, no la encuentras. Te aflige. Te enternece y te silencia. Enmudeces y de nuevo observas; descubres que aún vives y caminas. Te fundes en su universo prehispánico, renaces en su pasado y te hastía su presente. Avanzas. Te empuja, apenas te provoca y respondes. Así es ella, así tu amor…

Te inspira belleza. Desesperación. Te invita a contemplarla, a observarla. Una vez frente a ella te devela su secreto, te comparte novedades vergonzosas. Te coloca en un lugar y vislumbras la nostalgia, la añoranza el sino olvidado, la simpleza de sentir, de voltear al origen… de querer regresar.

Noble, amable, acogedora, diversa, incluyente, dinámica, cosmopolita, vanguardista, hospitalaria, plural, poderosa, lluviosa, contaminada, asfáltica, subterránea, compleja, oscura, transitada, caótica, centralista, contrastante, aquejada, dominante, emblemática, histórica, simbólica, envolvente, sugerente… Indígenas originarios, influyentes diplomáticos, voraces empresarios, soñadores estudiantes, talentosos artistas…todos cabemos en ella.

Vinimos a habitarla, ¿por qué cambiarla? No importan los ladrillos que pretenden transformarla. Cuánto asfalto para sepultarla. Podrías besar su suelo todos los días, recostarte en sus raíces y abandonarte en su bruma. Nada mejor que dormir en ella; una vez fundido te abraza entre los suyos. Te cuesta entenderla, pero ella te reafirma mostrándote sus dientes. No le temes, caminas hacia ella, la recorres erguido, apenas te detienes y giras.

Giras en ella y recaes en su centro. Cierras los ojos, lo abres y te ve. Burbujean los matices y no entiendes su lenguaje. Te incorporas a paso lento, tomas fuerza y continúas. Te ignora. Intenta en vano expulsarte y le haces frente sin saber el desgaste que va dejando. Sigues parado en el mismo sitio…y recaes, ¿quién te crees para no hacerlo? Todos recaen sin saberlo. Con tantas recaídas, ella y tú desconocen lo que ahora son. Tú la observas; la resanan, la decoran, la cambian, la peinan, la visten de fiesta. Muchos enmascarados llegan, pero se van. Se marchan con la idea de saber quien es, mas ni ella lo sabe, no la dejan respirar y vuelve a sacudirse. Grita. Recae y se miran, igual que tú, ya no sabe lo que es.

Ambas al mismo nivel. Se miran de frente con los cuerpos caídos… conoces la desventaja. Ella se levanta y la sigues de reojo; su dulce fiereza te ha quedado clara. Ahora la vez, la sientes como al principio con una pequeña sugerencia de orden; ella poderosa, magnificente, inamovible. Ahora la amas con conocimiento; con ese amor odio que solo pueden sentir quienes se han tomado el tiempo de palpar sus emociones. Conoces sus ciclos y sabes que girará por siempre. Te sientas y la observas calmadita, pero atenta para no perderte nada. Te preguntan sobre ella, así sin más, como si hubiera una respuesta. No contestas. Te limitas y escuchas las banalidades que hablan sobre ella. Quieres hablar, mas no lo haces; que cada cual la olfatee a su manera, que descubran cómo quieren vivirla. No importa qué nombre le pongan, ella y yo tenemos nuestros secretos y sabremos encontrarnos siempre, aún en las peores tragedias.


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