Zona chilanga | ¿Pánico en el metro? (Parte II)

Zona chilanga | ¿Pánico en el metro? (Parte II)

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—¡Órale, abran sus bolsas y entréguenme todo! ¡Qué se apuren, carajo!, era lo que resonaba en mi cabeza.

¿Será que estoy bien histérica y ya formo parte del pánico colectivo? Dirán lo que quieran, pero cualquier viajero pudo azotar sin necesidad. Seguro los chavos son unos excelentes actores pues nos dejaron con la cara descompuesta. Si su intención fue provocar el temor que otros han sentido en actos violentos reales, donde muchos han perdido la vida y otros padecen sus pérdidas, lo consiguieron. ¿Cómo puede ser que no me percaté de que se trataba de una emulación? Pero no fui la única, ¿todos estamos así de defensivos y vulnerables?

Recuperada del incidente, y bien puesta a tono para la congregación, llegué al zócalo de la ciudad donde ya esperaban los tumultos. Por todos lados había carteles con distintas leyendas: No más sangre; Primero la justicia; Libros sí, muertos no; Algunos son poetas, todos somos poesía; Estamos hasta la madre… Esto último me hizo recordar la marcha por el hijo de Javier Sicilia, hace siete años.

Niños de las manos de sus padres, jóvenes, adultos, artistas, periodistas, académicos, todos caminando por las calles en un acto de impotencia, tristeza, dolor, temor, solidaridad. Voces y manifiestos sin respuesta. Un grito interior explotaba en cada rostro en silencio. Letreros en el pecho que claman por la vida de los 43, y de todos los demás. Mi susto en el metro no se quedó allí, salió a la calle y se aquietó un poco cuando llegaron los actores de teatro y supe que éramos de los mismos.

La tía Juana los apapacha y los espera en otra historia chilanga.


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