Historias de histeria | A él le gustan con cabello largo

Historias de histeria | A él le gustan con cabello largo

Compartir:

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Él ve a Pamela tres veces a la semana, dos de ellas solo está un rato, pero los jueves se queda la noche con ella y llevan a la niña al cine. Ella sabe que Ramiro tiene esposa, pero se dice enamorada y le gusta la vida que lleva, aunque a veces siente miedo, no por ella, sino por su hija.

Dicen que su esposa es “sangre pesada”, medio violenta y a veces le entra al bisnes para tener su dinero aparte del de Ramiro; le dicen que le debería tener miedo, porque aunque Paulette es más chica que ella, es medio fiera y le gusta cobrarse a la mala.

Pamela vive cerca de Las Quintas. Ahí Ramiro le puso un departamento en el que vive cómodamente con su hija y que ocasionalmente recibe la visita de Miguel, su mejor amigo en el que Ramiro confía, porque bueno, prefiere tener un amigo gay que la divierta ahí en su casa, a una amiga que la quiera traer de arriba para abajo gastando a lo loco.

Ese jueves Ramiro le avisó que no iba a poder salir del rancho, cerca de Estación Obispo, porque le había salido un negocio, le dijo que invitara a su amigo para que no se sintiera sola y que la otra semana las iba a llevar a ella y a la niña a dar la vuelta, que lo disculpara.

Pamela le llamó a Miguel y prepararon botanas, se compraron un 12 de cervezas para platicar un rato; la niña estaba dormida y a ellos no les hacía falta más que su compañía para pasar un buen rato; parecía que sería una noche tranquila como casi cualquier otra en que el joven visita el departamento de Las Quintas.

Entonces sonó la puerta, primero de manera tranquila y luego más apresurada, a Pamela se le hizo raro que alguno de los vecinos la molestara, porque ahí vive cada quien en su mundo, muchos de ellos ni siquiera se conocen. Pensó que se trataba de algún accidente y abrió sin preguntar quién era.

Apenas abrió la puerta y se le dejaron ir encima dos mujeres. La echaron al piso mientras gritaba, no sabía lo que sucedía; Miguel se acercó a ayudarla pero en eso entro un corpulento hombre que lo llevo a la pared de espaldas y le colocó una pistola justo en la columna. Con el ruido la niña comenzó a llorar de forma estrepitosa y una de las mujeres se puso como loca.

-Callen a esa maldita plebe -le dijo al par de hombres.

El robusto hombre de la pistola encaminó a Miguel al cuarto de Pamela y ahí se encerraron, mientras las otras dos mujeres sostenían a la joven madre.

-Dos años, ¿creíste que no me iba a dar cuenta? -le dijo la más pequeña y altanera.

La tomó por el cabello, mientras le hablaba y le lanzaba reclamos directamente a la cara. Pamela estaba asustada, pero luego se horrorizó cuando la diminuta mujer se sacó del bolsillo unas tijeras metálicas y las empezó a mover por su rostro, paralizado por otra corpulenta mujer que poco hablaba.

-Sería una lástima que le pasara algo a tu carita, ¿verdad? -le dijo mientras colocaba el filo de las dijeras en las mejillas de Pamela.

–Te gusta lo que no es tuyo, pero yo sí sé cuidar lo que es mío -le replicó.

Pamela estaba llorando en silencio, mientras temía por su vida. La  mujer amenazaba con herirla, pero luego de un buen rato comenzó a cortar el largo y casi rubio cabello de la joven, mechón por mechon, hasta que terminó con su melena.

-A ver si le sigues gustando así, porque al parecer le gustan con cabello largo, así han estado todas -le dijo mientras la soltaba y le gritaba a su otro acompañante; luego le quitó su celular y se fueron casi de inmediato.

Momentos después comenzó a gritar desesperada a su amigo, quien salió con la niña en brazos llorando. Pamela estaba desubicada y muerta del miedo.

La pequeña bajó de los brazos de Miguel y corrió a los de su madre, preguntándole qué pasó con su cabello y dónde estaba su papá.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: