Tema de la semana | Después de la elección, ¿emerge el AMLO estadista?

Tema de la semana | Después de la elección, ¿emerge el AMLO estadista?

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El escenario de crispación y temores que prevaleció en amplios sectores de México durante la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador ha dado un viraje hacia la estabilidad y confianza, una vez que el ex candidato de la coalición de partidos “Juntos Haremos Historia” ganó la votación para presidente de la República. Y para mayor asombro, es el virtual mandatario federal el que marca el paso en la agenda de la reconciliación.

Pasada la elección que trajo consigo el mayor empoderamiento que se recuerde a presidentes de la era moderna, se sitúa en el ánimo social la sorpresa del López Obrador que emigró con rapidez al discurso de la armonía y el reencuentro, trazando personalmente la senda hacia la gobernabilidad con esperanza y estado de derecho.

Terminó la era de confrontación y se agotó también la mentalidad de “al diablo con las instituciones” para dar paso a la tarea a contrarreloj de responder a las enormes expectativas ciudadanas, con desafíos agregados como el de preparar a un número importante de improvisados que acceden al Congreso de la Unión, presidencias municipales y congresos locales.

Aun tratándose de escenarios donde el viento del cambio arrasó con algunos equilibrios y aptitudes indispensables para el buen desempeño de la función pública, la semana que concluye resulta profusa en señales que echan abajo la preocupación de que México reedite modelos de gobierno que trastocan el progreso, libertades y constitucionalismo. Junto al proselitismo se fue el miedo y con el voto llegó la esperanza ampliada.

  1. La jornada de votación del primero de julio transcurrió en orden y con la participación cívica ejemplar, vistiendo de legitimidad a las nuevas autoridades y colocando a la democracia mexicana a la altura de los tiempos modernos en los que la participación ciudadana se hace cargo de construirse futuro y asume el control de daños.
  2. Fue clave para la apacibilidad nacional que los ex candidatos presidenciales José Antonio Meade y Ricardo Anaya salieran cada uno por su cuenta a reconocer la derrota electoral. Fueron los primeros en desactivar posibles conflictos poselectorales e interpretar la última palabra que el 63 por ciento de los electores dio a través del sufragio.
  3. El discurso que pronunció Andrés Manuel López Obrador después de que las encuestas de salida lo dieron como ganador de la elección tuvo el efecto de tranquilizar la poselección con frases claves como “llamo a todos los mexicanos a la reconciliación: la patria es primero”, “no apostamos a construir una dictadura ni abierta ni encubierta”, no actuaremos de manera arbitraria ni habrá confiscación o expropiación de bienes”, “sobre advertencia (de combate a la corrupción) no hay engaño: sea quien sea será castigado” y “por el bien de todos, primero los pobres”.
  4. El encuentro con el presidente Enrique Peña Nieto apaciguó el ambiente de odios que con menor fuerza continuó rondando después de las votaciones. La postura de AMLO en torno a la transición ordenada y pacífica fue una indicación a sus seguidores para pasar del enfrentamiento a la paz.
  5. La redefinición de puestos claves en el inminente Gabinete de López Obrador contiene rasgos de inclusión destinados a desalojar temores o conjeturas que históricamente han acompañado a la izquierda radical. Con la sinaloense Tatiana Clouthier en la Secretaría de Gobernación y el negociador político Marcelo Ebrard en Relaciones Exteriores se despliegan puentes de entendimiento internos y externos.

Una semana después han quedado derrumbados la mayoría de los mitos catastróficos que reinaron durante 18 años en los que López Obrador trabajó para acceder a la titularidad del Poder Ejecutivo Federal. Por fortuna, los sectores sociales mexicanos proceden a asimilar que equivocaron la percepción y concilian y colaboran en torno a quien resultó electo.

El ciclo electoral procede a cerrarse y se abre el tiempo de vigilancia ciudadana ahora con la urgencia de que las promesas proselitistas se transformen en programas de gobierno. Los 30 millones de electores que pusieron el futuro inmediato del país en manos de AMLO son ahora la lupa más potente que con desespero le exigirá resultados. Los demás se irán sumando conforme los hechos los convenzan.


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