Zona chilanga | 1° en el Zócalo

Zona chilanga | 1° en el Zócalo

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El Centro Histórico de la Ciudad de México es uno de mis sitios favoritos. He recorrido sus calles cantidad de veces, tomado café en el Café Río, en todos los Sanborns —cuando llegué de turista—, en La vaca blanca —me he sentado en la barra y me he enterado de muchas historias— he comido en sus restaurantes árabes y parado en las cantinas de buena y mala muerte. Por años fui voluntaria en un maravilloso museo. He estado en sus grandes eventos, desde el concierto de Serrat, pasando por el de Shakira y Bandula, marchas gais, maratones de lecturas y de corredores, gritos del 16 de septiembre, hasta el insólito arrejunte de cuerpos humanos desnudos para la foto de Tunick… pero lo visto el pasado 1 de julio no se le pareció a nada.

¿Metro o auto? Opté por lo segundo pues no sabía a qué hora regresaría y el metro termina a las doce horas. Llegué a la Alameda Central y me encaminé al hotel Hilton; apenas unos minutos palpé la multitud y las pantallas gigantescas. Decidí adelantarme y caminé por toda la Alameda hasta llegar al Zócalo —muchos pensaron lo mismo y el Zócalo estaba rebasado; mi posición fue de frente al templete, pero a 300 metros de distancia. Allí me quedé y rogué no ser aplastada. Parafraseé a Chava Flores —Un hormiguero no tiene tanto animal… sábado Distrito Federal.

Lo siguiente fue observar caras, movimientos, gestos, sonrisas, poses para selfis, abrazos de encuentro. Levanté la vista y las terrazas, balcones y ventanas estaban repletas de curiosos. Regresé la vista y las banderillas se ondeaban por todos lados… Pasó casi una hora y por fin llegó. Apenas vi su imagen en una de las pantallas gigantes. Escuché el discurso, las promesas y los hurras. Por mi cabeza pasaban frases recientes: “Pensé que no lograría ver esto”. “Quizá a mí no me toque el gran cambio, pero me alegro de presenciar el inicio”. “No somos Suiza ni seremos Venezuela”.

Esa noche sentí felicidad y aunque soy proclive a sentirme una más en cualquier grupo humano, esa noche fue como un déjà vu de algo muy nostálgico. Fue una de las mayores muestras de orden que he presenciado. Fue un mágico recorrido nocturno por el centro de la ciudad, donde la sensación de unidad fue superior a cualquier verdad histórica.


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