El análisis de José de Jesús Lara Ruiz | Quirino Ordaz, el sepulturero del PRI en Sinaloa

El análisis de José de Jesús Lara Ruiz | Quirino Ordaz, el sepulturero del PRI en Sinaloa

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Sergio Torres, Jesús Valdés, Juan Ernesto Millán Pietsch, Rosa Elena Millán, Álvaro Ruelas, más los que se acumulen, son una evidencia de cómo la clase política priista se protege como una gran familia. Esta vez se cubren en el manto protector del gobernador del estado de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel.

Para quienes recientemente vivieron la experiencia del “tsunami AMLO” (favorecido por el despotismo neoliberal encabezado por Enrique Peña Nieto), les espera una larga y penosa travesía en el desierto donde su “capacidad de aprender” será puesta a prueba en las elecciones del 2021. El Gobierno del Estado de Sinaloa desde ya se adelanta a los tiempos y de facto se convierte en un cementerio político.

Poco han entendido los partidos políticos en Sinaloa —PRI, PAN, PAS y demás chiquillada— que el voto ciudadano, expresado el pasado 1 de julio, significa no solo un hartazgo social por la corrupción e impunidad prevalecientes, aunado a niveles históricos sin precedentes de desempleo y pobreza que azotan al país, sino ante todo, que lo que la ciudadanía ha mandatado es un cambio de actitud. Más allá del diagnóstico de EPN de que son visiones diferentes y de estilos de hacer política, la realidad es que el voto de la prole y de clases media-alta ha manifestado la urgencia de un cambio de proyecto de nación.

La crisis de identidad de los partidos políticos perdedores se manifiesta en la negación de la realidad y aparentar que lo sucedido fue atípico, que la vida sigue y que ya vendrán tiempos mejores. De ahí su reacción de acuerparse en los aparatos de gobierno, o bien, disputar en el tribunal electoral los pocos espacios políticos en litigio; todo enmarcado en no vivir en el error al quedar fuera del presupuesto o del disfrute de los recursos financieros que les asignan las autoridades electorales (lo político como modus vivendi o forma de hacer negocio por los partidos políticos).

El ciudadano de a pie tiene claro que los políticos, desde una racionalidad estratégica instrumental, utilizan los cargos no para servir sino para servirse. Pero la exigencia ciudadana es de una racionalidad comunicativa que tenga como principio el rescate de la dignidad humana, con un proyecto ético emancipador de carácter equitativo en igualdad de oportunidades para todos y no para unos cuantos.

Aún los ganadores de Morena no logran encontrar la cuadratura del círculo denominado Cuarta Transformación, en donde pueda delinearse un proyecto de nación incluyente y con un desarrollo humano sostenible que cambie la situación de pobreza y marginación de la sociedad mexicana.

Mientras tanto, la clase priista sinaloense se instala en el tercer piso que aunque sean salas VIP, a los ojos de la ciudadanía solo es un cementerio de políticos perdedores; justamente en dirección inversa de asumir con dignidad la derrota y no otorgarles premios de consolación inmerecidos. Definitivamente siguen sin entender que los nuevos tiempos demandan un cambio de actitud.

 


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