Historias de histeria | ‘Te andas oyendo’

Historias de histeria | ‘Te andas oyendo’

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Mario tiene 19 años, pero se junta con personas mayores, su hermano lo ha llevado varias veces a hacer encargos del patrón, pero nunca lo había dejado ir solo, hasta ese día.

—Le dices que vas por el encargo, no lo revises, ya está completo, te vienes en chinga porque andan los guachos —le dijo como regañándolo.

Valentín es agresivo con Mario, porque él quería que estudiara, aunque a su hermano nunca le gustó ir a la escuela, por eso se salió de la carrera.

Agarró la moto y se fue rápido al otro ejido, donde vería a la mujer que le daría el paquete. Emprendió camino con rumbo al Sinaloense, ya una vez había ido a ese lugar, aunque de noche y medio borracho.

Llegó en menos de 20 minutos. Tardó un poco en dar con la casa de Claudia, la mujer que le entregaría la caja que tanto esperaba el jefe de Valentín. La mujer le dijo que se fuera rápido y con cuidado porque los punteros de los otros ya lo habían visto y son algo batallosos.

Tomó el paquete y se fue de inmediato, con algo de paranoia, porque ya eran muchas advertencias de que cuidara el encargo. Fue agarrando velocidad y cuando menos pensó ya había dejado atrás el pequeño ejido. Ya en la carretera, confiado, se fue un poco más lento y pensando en algunos pendientes que traía de su casa.

De repente vio a lo lejos alrededor de cinco motocicletas que venían en sentido contrario a él. Lo pasaron como un zumbido y fue entonces que el también aceleró pues no le dio buena espina.

Apenas avanzó un par de kilómetros pudo ver en el retrovisor cómo dos motocicletas idénticas a la suya se acercaban a toda velocidad; sabía que venían por él, porque esa clase de motos no las tiene cualquiera. Aceleró hasta donde su muñeca le permitió y se dio a la fuga.

Los dos vehículos cada vez estaban más cerca y Mario comenzó a sentir la presión. Los tenía a menos de diez metros de distancia cuando alcanzó a escuchar un “párate cabrón”. Pero él no se detuvo, en cambio aceleró todavía un poco más hasta meterse por un par de parcelas que se encontraban en el camino.

Pensó que los había perdido pero al salir de los sembradío se dio cuenta de que ahora eran cuatro motos las que lo perseguían. No se detuvo. Se fue de paso a otro rancho que se encontraba en el camino, a ver si los perdía, pero lo seguían persiguiendo. Aceleró lo más que pudo hasta que lo detuvieron.

No los conocía, pero llegaron y le arrebataron el paquete sin decirle nada. Le quitaron la moto y lo dejaron ahí en medio de la nada. Para su sorpresa, no le dieron la paliza que esperaba.

Luego de caminar casi dos horas llegó a su casa, donde lo esperaba su hermano, quien al verlo a pie le dio los golpes que no le dieron los motociclistas.

—¿Dónde está la moto? ¿Y el paquete? —le dijo mientras lo jaloneaba.

Mario a como pudo se sonrío y le dijo —la moto me la quitaron y el paquete aquí lo traigo.

Valentín soltó a Mario y del interior de sus calzones sacó el pequeño paquete que se encontraba al interior de la caja. Se lo arrebató y se fue, aún enojado.

Mario se acostó, adolorido por la paliza que le dio Valentín y con la picardía de haber burlado a los punteros.

Estuvo pensativo un rato y cuando estaba medio dormido entró Valentín armando fiesta, despertándolo. Le arrojó con un puño de billetes y le dijo “Te andas oyendo”.

 

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 




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