Tema de la semana | Sinaloa debe dar y recibir soluciones en seguridad pública

Tema de la semana | Sinaloa debe dar y recibir soluciones en seguridad pública

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Sinaloa debe aportar la experiencia propia en materia de seguridad pública al ser un estado afectado por hechos de violencia que mantienen en zozobra a la sociedad y por sufrir la mala imagen y acción criminal que deriva de ser la cuna de una de las principales organizaciones del narcotráfico de México.

Dentro de las estrategias que prepara el presidente electo Andrés Manuel López Obrador para reponerle al país la paz y el estado de derecho, esta semana dio algunas señales con el inicio en Ciudad Juárez de los foros de pacificación y reconciliación y el encuentro que sostuvo en la Ciudad de México con el mandatario en funciones, Enrique Peña Nieto, para analizar la agenda de combate al delito.

Sin embargo, por razones desconocidas Sinaloa no fue incluido en los 24 encuentros que se realizarán a lo largo y ancho del territorio nacional para escuchar la voz de la sociedad, las propuestas de los expertos y los planes del próximo gobierno, con miras a atender el anhelo colectivo de tranquilidad con legalidad.

¿Qué puede proporcionar nuestro estado en este ejercicio donde percepción, análisis y política abordan un fenómeno tan complejo? En este ejercicio propositivo de ESPEJO se identifican 5 puntos ineludibles.

  1. Replanteamiento de la fuerza pública. Al despliegue cada vez más numérico de elementos policiacos y militares le ha de corresponder en similar proporción el desarrollo de tecnologías y equipos humanos especializados en inteligencia e investigación criminalística con enfoque en prevención. Tener más soldados y civiles en labores de seguridad pública continuará significando el despilfarro en tiempo y recursos financieros, si ese alarde de fuerza no es complementado por las adecuadas acciones de capacitación, equipamiento, especialización y remuneración.
  2. Combate a la impunidad. Las autoridades que integran el Poder Ejecutivo tienen que aprender a fortalecer y respetar los ámbitos de competencia de las instituciones de procuración y administración de justicia, dotándolas de autonomía y posibilidad para que sean cada día más eficientes, al margen de tentaciones de privilegiar a delincuentes con fueros, amnistías, perdones o absoluciones. Quien viola la ley tiene que recibir el correspondiente castigo.
  3. Justicia justa y expedita. El nuevo sistema de justicia penal debe avanzar más aprisa en su consolidación para convertirse en el modelo imparcial y creíble que necesita México, a partir del funcionamiento científico del Ministerio Público, jueces impenetrados por la corrupción y los suficientes tribunales y personal calificados para abatir el rezago judicial. La consigna es menos inocentes en las cárceles y más sujetos en ellas con responsabilidades delictivas probadas en el debido proceso.
  4. Oportunidades lícitas, el contraveneno. A la par del despliegue de fuerza pública y labores de gabinete contra el delito, el Gobierno está obligado a darles a los mexicanos las opciones lícitas de progreso y bienestar en lo individual y familiar. El punto ideal de desarrollo social es que nadie tenga como pretexto algún tipo de pobreza (alimentaria, educativa, intelectual, seguridad pública y social, etc.) para sucumbir frente a tentaciones delincuenciales.
  5. Cultura de la paz. Resulta necesario retomar esfuerzos para fortalecer en los ciudadanos la mentalidad de la armonía fincada en el respeto a las leyes, derechos de terceros, regreso a los valores y pedagogías que desde la niñez inculquen en los individuos la valía de la convivencia civilizada entre iguales.

Los afanes por encontrar las “recetas” que esta vez sí estén acordes con la realidad mexicana presentan el doble reto de ser incluyentes, muy distantes de criterios políticos patrimonialistas o arrogancias triunfalistas, además de requerir del ejercicio plebiscitario para escuchar a la población, principalmente a las víctimas de delitos, que en carne propia han sufrido pérdidas humanas y materiales a partir de las cuales es posible configurar respuestas.

Lo cierto es que México no tiene tiempo para continuar en experimentos sexenales en el contexto actual de incertidumbre, donde en el extremo de la desesperación los pobladores de diferentes zonas buscan la autodefensa como último y único reducto de la desesperanza. A nuestro país le ha costado incalculablemente caro instalar o desmantelar laboratorios en materia de seguridad pública, según sea el estilo o la visión de cada presidente de la República. ¿Podremos hoy construir entre todos el modelo para la paz y el estado de derecho?


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