El análisis de José Lara Ruiz | Modelo Educativo 2018: hacia una educación crítica y humanista

El análisis de José Lara Ruiz | Modelo Educativo 2018: hacia una educación crítica y humanista

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La importancia de la propuesta del modelo educativo 2018, con una perspectiva crítica y humanística, se relaciona con la posibilidad de que los actores educativos se involucren a plenitud en el qué, el para qué, el por qué y el cómo de los cambios educativos de la nación.

La educación básica actualmente es considerada una educación obligatoria que incluye desde preescolar hasta el nivel medio superior. Sus modelos psicopedagógicos se han ido distanciando del conductismo para retomar aspectos de la psicología genética, el humanismo, el cognitivismo y la perspectiva de visión sociocultural. El rasgo principal de los modelos citados es la formación del alumno en conocimientos declarativos, procedimentales y actitudinales para la solución de problemas. Sin embargo, desde fines de la década de los noventa del siglo pasado se presentó una ruptura hacia una formación del aprendiz orientada al mundo del trabajo que se denominó modelo de Educación Basada en Competencias (EBC).

Desde el inicio de la EBC, hasta su actualización más reciente en el modelo educativo 2016 se ha generado un debate dado que la definición de objetivos, contenidos y formas de evaluación, por parte del establecimiento escolar, se ha planteado que sean delegados a los requerimientos de competencias y evidencias de desempeño según la lógica del mundo laboral; más aún en tiempos recientes existe una creciente resistencia al modelo por competencias toda vez que los profesores obligatoriamente tienen que ser sometidos a un esquema de evaluación para el ingreso o refrendar la permanencia en el trabajo docente con el riesgo de que al no aprobar en tres intentos pierden su trabajo como enseñantes.

El momento actual es un punto de inflexión en el cual se analiza si hay que abandonar totalmente el modelo por competencias y sustituirlo por un nuevo modelo educativo o bien es factible retomar algunos aspectos del enfoque aún vigente en la ruta de construcción de un nuevo paradigma psicopedagógico.

Algunos planteamientos de contextualización que se sugieren para enriquecer el diseño del modelo educativo 2018 son: la definición y prospectiva del proyecto de nación del México moderno del siglo XXI; un enfoque sistémico que equilibre las tensiones de los ámbitos tecnoeconómico, político, social, con el ámbito educativo y cultural; respuesta a la pregunta del para qué de la reforma educativa; propuesta del modelo educativo acorde a la tradición educativa en nuestro país pero además alineada al tipo de nación que se quiere construir tomando en cuenta el escenario internacional; que la definición de los perfiles de egreso articulen los diferentes niveles educativos, y orientar los modelos mentales de los profesores mediante la acción comunicativa hacía el convencimiento mutuo de apoyar el cambio de la reforma educativa.

Se concibe el modelo educativo como una aproximación paradigmática para comprender y transformar la realidad educativa, su noción simplificada/abstracta no es una copia de la realidad pero pretende aportar solución a las problemáticas educativas de la sociedad coetánea. Siendo el modelo pedagógico por competencias en su enfoque socioformativo integral un componente ecléctico que retoma elementos del cognitivismo, la visión sociocultural y del humanismo nos da la pauta para valorarlo en lo que toca a recuperar parte de sus planteamientos. Al mismo tiempo que se identifican sus debilidades como sesgos hacia aprendizajes individuales, alineación al mundo del trabajo, es decir una lógica estratégica instrumental orientada al éxito o desempeño dejando en segundo plano aspectos esenciales de la formación filosófica, estética y humanística con un sentido de solidaridad hacía los demás.

Retomando de manera crítica la metáfora de la sociedad del conocimiento con una formación en competencias cobra relevancia la fórmula de contingencia de aprender a aprender, pero el qué aprender, cómo aprender, y el para qué aprender demandan una atención muy focalizada a los contextos y los sujetos del proceso de enseñanza-aprendizaje; más siendo México un mosaico de contrastes multiculturales, con grandes desigualdades económicas y otras asimetrías sociales.

De ahí que vale la pena reflexionar si las competencias que se plantean para otros contextos educativos son adaptables o equiparables a las condiciones del nuestro. En este documento se propone que para la educación básica deben facilitarse habilidades propias para las etapas de la infancia y la adolescencia pero no el modelo por competencias; mientras que para la educación media superior y superior, bajo cierta consideraciones, sí corresponden las competencias profesionales tanto individuales como colectivas relacionadas con el mundo del trabajo.

En el caso de la educación básica resulta más formativo enfocar al alumno al aprendizaje de habilidades con un enfoque generalista e integral, que contemplen el aprendizaje de las ciencias exactas y experimentales pero también de las ciencias sociales, humanidades y ciencias de la conducta, incluidas las actividades que desarrollan el cuerpo físico, el espíritu y los sentimientos afectivos. Este enfoque podría denominarse Modelo de Educación Crítica y Humanista. Entendiendo la noción de humano como un agente electivo, libre y responsable y al alumno como un ser singular, cognitivo y afectivo con potencialidad de desarrollo en forma experiencial.

Para el nivel media superior (preparatoria) y educación superior (profesional) es factible retomar elementos del modelo de EBC, entendido como actuaciones de desempeño integrales que movilizan el saber ser, saber conocer, saber hacer y saber convivir en la solución de problemas del contexto; a condición de que se propicien no sólo aprendizajes individuales sino sobre todo aprendizajes colectivos. Más aun en el caso de preparatoria deben propiciarse aprendizajes básicos de carácter generalista mediados con requerimientos del mundo laboral. Respecto a la educación profesional habría que recalcar el necesario diálogo Universidad-Empresa en la definición de las competencias profesionales a desarrollar. Es importante tener presente que en los tiempos actuales prevalece la complejidad y la incertidumbre, de manera que la formación de las competencias laborales deben tener una caducidad en el corto plazo y ser renovadas de acuerdo al cambio del contexto socio laboral; destacando también que la EBC debe tener un enfoque socioformativo que favorezca el pensamiento crítico con una filosofía y pedagogía humanista. Por lo anterior, y tomando en cuenta las resistencias de los docentes al EBC sería conveniente alinear su denominación con el nombre de modelo de educación crítica y humanística que para el nivel superior implicará una ruptura con la estrategia instrumental de éxito o desempeño por una nueva lógica de acción comunicativa orientada a la solución de problemas del contexto académico y del mundo laboral.

Considerar el rediseño del modelo de EBC para el caso de la educación superior no necesariamente significa una subordinación a las orientaciones de la OCDE y del Banco Mundial, toda vez que como nación interactuante de un sistema mundo no podemos negar el avance de las innovaciones tecnológicas (big data, analíticas de aprendizaje, aprendizajes y evaluación adaptativos, realidad aumentada y realidad virtual, inteligencia artificial, robótica, y otras más) que están impactando en el sistema educativo y en el mundo laboral; requerimientos a los cuales no es posible dar una respuesta sólo desde los saberes conceptuales o teóricos tradicionalistas sino que es necesario complementarlos también desde una formación práctica. Demandando en ello que sea una formación integral del desarrollo humano y profesional. La propuesta de un modelo de educación crítica y humanista, para el nivel medio superior y superior, que retome la formación en competencias es para dar una respuesta a la sociedad del conocimiento con un avance vertiginoso de la ciencia y la tecnología pero no desde una perspectiva tecnofílica ni tecnofóbica sino más bien tecnocrítica con un sentido humanista que recupere la dignidad humana de frente a un mundo amenazado por la automatización mediada por la  innovación tecnológica.

Otro tema polémico es el de la evaluación, aquí es factible buscar una explicación en lo diverso que tienen los aprendizajes del sistema educativo mexicano y de lo cual carecen las evaluaciones estandarizas aplicadas por los organismos internacionales. La perspectiva glocal puede otorgar una mayor jerarquía a aprendizajes situados y contextuales ponderados en una evaluación interna, pasando a segundo término la importancia de las evaluaciones externas estandarizadas que hasta ahora han impulsado los organismos evaluadores a nivel internacional y nacional. La evaluación externa de los aprendizajes de los alumnos -con el fin de comparar los niveles educativos a nivel internacional solamente es comparable en la medida en que los contextos y situaciones a ser evaluadas sean equiparables de otra manera carecen de validez interna y externa. La finalidad de la evaluación es valorar críticamente el proceso y los resultados obtenidos con el fin de realizar una mejora continua de la realidad evaluada, en ese quehacer los contextos y las actitudes de los sujetos son esenciales en la toma de decisiones y las acciones educativas a desarrollar. Sobre el particular el método de investigación acción es una buena estrategia para el diagnóstico y tratamiento de corrección de la acción educativa, con base en la toma de decisiones de los actores del proceso educativo quienes a su vez realizan la transformación de sus prácticas educativas.

Como ya fue expresado el motor de cambio son los profesores por ello su formación es un proceso constante e inacabado. La riqueza de experiencias previas de programas nacionales y regionales en la formación de profesores, debe continuar con la participación de los centros de maestros, las universidades pedagógicas, las escuelas normales, entre otras entidades públicas educativas. La resistencia a la implementación de la reforma educativa pasa por la formación de los docentes. En tal sentido, para el caso del modelo educativo 2016, la participación de instituciones privadas en la formación de los enseñantes es un aspecto más que obstaculiza la factibilidad del proyecto (máxime cuando su filosofía es de corte empresarial como lo es el caso del ITESM). El uso adecuado de las TIC, mediante la impartición de cursos en línea es un medio complementario de la formación pero aún se requiere la educación presencial tan arraigada en la cultura de los profesores. Por otra parte, bien valdría la pena reconsiderar la formación de los profesores asociada a programas como carrera magisterial, toda vez que el carácter meritocrático basado en estímulos económicos termina por pervertir una formación auténtica de los maestros. Lo anterior no excluye que debe pensarse en una modalidad no economicista de motivación intrínseca para beneficiar a los docentes que participan en los programas de formación y en la realización de estudios de posgrado de su campo disciplinar.

La importancia de la propuesta del modelo educativo 2018, con una perspectiva crítica y humanística, se relaciona con la posibilidad de que los actores educativos se involucren a plenitud en el qué, el para qué, el por qué y el cómo de los cambios educativos de la nación. El proyecto propuesto debe considerarse en construcción, y como cualquier otro es perfectible sobre todo si logra ser incluyente y de carácter participativo. Los desafíos presentes son de tomarse en cuenta para un cambio en los modelos mentales de los sujetos educativos, por ello una posición autocrática de dejar hacer dejar pasar ligada a una actitud convencida de que es más de lo mismo, nos llevaría a seguir tomando distancia en la emancipación de los desposeídos. La situación de marginación social de más de la mitad de la población, nos conduce a mirar seriamente la educación obligatoria no con un carácter meritocrático pero si como una posibilidad de que la educación contribuya a sentar las condiciones mínimas para la transformación socioeconómica de la sociedad mexicana.

 

José de Jesús Lara Ruiz es profesor investigador del Centro Universitario Mar de Cortés.,correo electrónico: [email protected], cel. 6671880041. Ponencia para el Foro de Educación en Sinaloa convocada por Morena, la ANUIES y la UAS, nivel educación básica.


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