El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | La pirámide cuarteada: el 68 de Luis Fernando

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | La pirámide cuarteada: el 68 de Luis Fernando

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“La historia no es solo lo que queda a nuestras espaldas, también nos acompaña”.

—Henning Mankell. El hombre inquieto.

La novela gráfica del monero Luis Fernando presenta los hechos del movimiento estudiantil del 68 desde una perspectiva personal y entrañable.

Leer sobre el movimiento de 1968 en la Ciudad de México es una tarea que, de inmediato, se encuentra con textos que describen y juzgan a los actores, el contexto y las consecuencias. Toparse con un recuento desde la perspectiva personal que nos va llevando junto con el protagonista a descubrir los acontecimientos, es el mayor mérito de la más reciente novela gráfica de Luis Fernando, uno de los mejores historietistas mexicanos.

El cómic fue editado por la Secretaría de Cultura federal y la editorial Resistencia en 2017, con un tiraje de dos mil ejemplares. La encuadernación es en pasta dura y emplea papel de calidad, muy distinto del que relacionamos con la historieta tradicional.

La obra lleva como subtítulo Evocaciones del 68, lo cual queda claro con las líneas y viñetas iniciales que adoptan el tono sepia tradicional mientras nos llevan por un recorrido de la Ciudad de México hasta encontrar a nuestro protagonista que se denomina El Adolescente, pero que no es otro sino el propio autor.

El primer capítulo nos presenta a un muchacho de diecisiete años, estudiante de dibujo artístico y publicitario, enamorado de la chica de la papelería, a la cual no tiene el valor de decirle nada, fanático de los Beatles y los Doors, amante del cine, seguidor del Necaxa y, sobre todo, un apasionado lector que incluye entre sus gustos a la historieta. Un chavo cuya vida se desarrolla a meses de que se inicien las olimpiadas y que tiene, en ese momento, por principal preocupación saber si el verano será aburrido.

A partir de aquí, Luis Fernando empieza a darnos el contexto social, la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King, la Primavera de Praga, el homicidio de Bobby Kennedy, el mayo francés, hasta llegar a la pelea entre estudiantes de la Vocacional 2 y de la preparatoria Isaac Ochoterena, el incidente que dará inicio al movimiento del 68.

Pero si creen que vamos a encontrar un recuento detallado de los hechos, se equivocan. La óptica de Luis Fernando se basa en su memoria personal de los tiempos. El 68 se va a encontrar de lleno con nuestro protagonista y en algunos casos lo envolverá, pero en otros solo alcanzará a estar en la orilla. Como le pasó a muchos ese año.

Mención aparte requieren ciertas técnicas narrativas. Por ejemplo, las secuencias oníricas que presentan a Tezcaltlipoca y Huitzilopochtli en diálogos muy alivianados pero siempre con el ominoso trasfondo de los sacrificios humanos a los que estaban tan acostumbrados. Luis Fernando se apoya también con referencias fotográficas y fotografías que incorpora en los paneles como parte del lenguaje secuencial, retomando aquí también otra de las tradiciones de la historieta mexicana.

Luis Fernando logra que El Adolescente nos lleve de la mano en su despertar político y ciudadano. Junto a él redescubriremos un 68 íntimo, emocional y emocionante, trágico pero no grotesco, con aprendizajes y pérdidas personales. La historia es a la vez melancólica y esperanzadora, interior pero abierta a todos con honestidad.

Yo tenía tres años y casi once meses cuando la tragedia golpeó la conciencia del país. De niño a veces captábamos fragmentos de lo que había pasado sin entenderlo del todo. Mi niñez fue post-68. Pero un día de 1977 cayó en mis manos el libro La Plaza de Luis Spota y lo leí con voracidad. Ahí supe de la masacre y los abusos del autoritarismo. Afortunadamente la ficción de Spota da salida a una venganza justa e imaginaria. Digo por fortuna porque el final ficticio significó para mí como lector, una solución emocional que las muchísimas víctimas del hecho real no encontraron jamás.

Gracias a La pirámide cuarteada pude volver a conectar con mi vivencia acerca del 68. Luis Fernando recupera para todos nosotros el sabor de la época y se las ingenia para hacernos vivir sus evocaciones. Eso no es poca cosa. En el epílogo de la obra podemos leer: “Entro a mi viejo cuarto, vacío desde hace siglos. Pegada en la ventana, ahí sigue la calcomanía de la Libertad y Democracia, el símbolo y el emblema del movimiento estudiantil del 68. ¿Se ganó? ¿Se perdió? Hay victorias que son internas. Yo gané”.

El 68 resuena aún en nuestra conciencia. Por algo será. Tal vez porque ahí, en ese momento, el leviatán se empezó a resquebrajar.

 


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