Tema de la semana | A devolverle al peatón espacios que le han robado en Sinaloa

Tema de la semana | A devolverle al peatón espacios que le han robado en Sinaloa

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En la obsesiva implementación de obra pública de gran calado, que termina siendo en algunos casos efigie faraónica del despilfarro, los gobernantes debieran ponerle mayor atención a aquellas pequeñas acciones que aportan más a los ciudadanos, como es el caso del ordenamiento y control vial y el enfoque hacia las personas que son el centro de todo espacio urbano.

Debido al accidente donde un vehículo arrolló a dos maestros de danza folclórica que colectaban dinero en los cruceros para sostener un proyecto de educación artística, el tema del desplazamiento del peatón en la infraestructura, planeación y normatividad urbanas se situó en la conversación pública, dando pie a que el Gobierno del Estado y los Ayuntamientos actúen para avanzar en las soluciones.

Tras ese hecho salieron a relucir las cifras trágicas. En los recientes cinco años han fallecido casi dos mil peatones en percances de tránsito, lo cual hace que Sinaloa sea el tercer estado del país con mayor índice de hechos de este tipo; en el 30 por ciento de los eventos se detecta la afectación en los choferes por alcohol o drogas, mientras que Culiacán registra el primer lugar en mortandad infantil en accidentes viales.

Sin embargo, la numeralia de peatones atropellados es apenas la punta del iceberg de la incultura vial y la permisibilidad de las autoridades e instituciones que tienen a su cargo esta parte de la ley y el orden. En febrero de 2018 el Cabildo de Culiacán aprobó el nuevo bando de policía y buen gobierno que pone énfasis en la prevención, vigilancia y sanción en materia de vialidad. Al parecer las reglas y la disposición de hacerla valer naufragaron en el papel.

Las ciudades sinaloenses carecen de la energía necesaria para que la ley se aplique sin distingos y quien la desobedezca pague por ello. Aquí resaltamos solo cinco puntos del enorme catálogo de apatías en ciudadanos y autoridades:

  • Transitar a altas velocidades por las vialidades es una especie de reto al gobierno y desdén por la vida ajena. Pasarse semáforos en rojo, no reducir la velocidad en cruces peatonales, buscar evadir los congestionamientos viales a través de la prepotencia y el uso intimidatorio del claxon es parte de la conducta cotidiana del sinaloense.
  • Violentar la vocación reglamentaria de los espacios nos exhibe ante propios y ajenos como una comunidad de comportamiento vial cerril. Los acotamientos se convierten en un carril más, las áreas reservadas a minusválidos se invaden sin algún respeto a la condición vulnerable de estos y el estacionamiento en zona prohibida, incluso en doble fila, son la marca de la casa.
  • Lo peor es la pérdida de todo respeto a las zonas que le corresponden al peatón. Desde las banquetas bloqueadas por establecimientos comerciales hasta circular a velocidad inmoderada en puntos de alto cruce de transeúntes, dan como saldo lamentable el indicador que referencia a los sinaloenses como un pueblo de cafres.
  • La utilización de distractores fatales como el texteo o llamadas mediante dispositivos móviles, los aparatos de sonido con alto volumen o quitar la mirada y concentración de los lugares en que transitamos se convierten en bombas de tiempo siempre activadas en demérito de la seguridad de la vida propia y ajena.
  • El automóvil se ha convertido en el elemento avasallante de la movilidad, agudizado por la mentalidad de que conducir un vehículo de lujo o las poderosas y amenazantes camionetas, convierte al conductor en propietario de la vía pública y, por consiguiente, en dueño de la vida de quien transita a pie, en vehículos menores o guardando el orden.

Con estos elementos potencialmente mortales, más la ausencia de autoridad en lo referente a tránsito y vialidad, pero sobre todo la negligente postura de quienes tienen la obligación de legislar, aplicar las leyes y forzar el apego a la norma, las ciudades sinaloenses están convertidas en trampas fatídicas para los peatones.

A Sinaloa le es impostergable implementar el programa de vialidad con prevalencia del peatón, sin que se trate de intenciones fallidas sino de aplicar las leyes vigentes y crear la mentalidad y estrategia para darle un giro radical a la concepción torcida que gana terreno en la población, de que la calle es territorio para el desbarajuste y lo bárbaro. Se trata de ponerle a las vialidades mano firme e infraestructura para la vigilancia y el respeto, y sea de una vez por todas terreno ganado por el peatón.


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