Día de Muertos | Entre ‘las últimas mansiones’… narcotumbas y la misma muerte

Día de Muertos | Entre ‘las últimas mansiones’… narcotumbas y la misma muerte

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“Son una exageración estas construcciones. Allá afuera hay mucha gente que no tienen ni donde vivir y mire aquí hay tumbas hasta de dos y tres pisos con aire, cocinas, recámaras y hasta bares, donde las familias se pueden quedar a dormir”, dice doña Amalia mientras limpia una sencilla tumba de un familiar fallecido que se encuentra a ras de suelo en la parte poniente de Jardines del Humaya.

Desde temprana hora, doña Amalia llegó a este panteón que ha cobrado fama en los últimos 20 años por albergar los restos de personajes ligados al narcotráfico.
Restos de capos como Ignacio Nacho Coronel, Arturo Beltrán Leyva el Barbas o Botas Blancas; familiares y amigos que trabajaron para Joaquín el Chapo Guzmán e Ismael el Mayo Zambada, Rafael Caro Quintero o el Güero Palma, entre muchos otros, yacen en algunas de esas, “Las últimas mansiones”.
El panteón Jardines del Humaya en un principio albergó en sus tumbas a políticos, empresarios, agricultores y gente adinerada, pero posteriormente se convirtió también en un panteón de grandes, lujosas y extravagantes construcciones.
Las primeras “narcotumbas” tenían un estilo donde predominaban las grandes cúpulas, figurando la voluptuosidad de los palacios de origen hindú, como el palacio del Taj Mahal. Posteriormente tuvo un toque de arquitectura antigua; luego predominó un “estilo minimalista”, y ahora parece volver un estilo antiguo.
Contrario a lo que pudiera pensarse, en el interior de estas lujosas tumbas predominan los grandes cuadros y figuras de cristos, de la Virgen de Guadalupe y santos de la Iglesia católica. En muy pocos existen bustos de Malverde o de la Santa Muerte.
La construcción de algunas de esas “narcotumbas” están valuadas en millones de pesos, y el valor depende de los acabados de lujo, el diseño y el tamaño de la construcción. Hay construcciones de dos y hasta tres pisos, las cuales tienen terraza, luz, aire refrigerado, algunas cuentan con recámaras, televisión, sótano, sala y hasta cocineta, además de cámaras de videovigilancia y hasta internet. Algunas tumbas cuentan vidrios blindados.
“En fin, apenas ellos (los narcotraficantes) que tienen dinero y saben en qué lo gastan; pero ya muertos nadie disfruta de esos lujos”, dice doña Amalia, quien menciona que de unos 10 años el panteón creció rápidamente.
“Fue desde que empezó la guerra. Han matado a mucha gente y aquí vinieron a enterrar a muchos de ellos”.
Comenta que cada lote para una tumba tiene un valor aproximado de 50 mil pesos y que para construir esas grandes “mansiones”, las familias compran hasta 10 y 20 espacios.
“O hasta más. ¿Ya vio la que tiene hasta estacionamiento y caballeriza?”, pregunta la mujer mientras empieza a regar agua para barrer la tumba de su familiar, la cual quedó rodeada de esas grandes construcciones.
“Pero no solo hay sepultados narcos aquí. Si se fija, también hay gente común que solo construyen una pequeña capilla sin grandes lujos. Al final la muerte es igual para todos”, asegura doña Amalia antes de acomodar unos ramos de flores para empezar a rezar.
Y así como cada año, cientos de familias celebraron el Día de Muertos en Jardines del Humaya, rodeados de lujos y música de banda, pero también entre la sencillez y una aparente armonía.
FOTO: Juan Carlos Cruz/ Contraluz.


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