Efecto ESPEJO | El vergonzoso ocaso de Enrique Peña Nieto

Efecto ESPEJO | El vergonzoso ocaso de Enrique Peña Nieto

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Pocos presidentes de México se han ido en la era moderna marcados por la desilusión y rechazo como Enrique Peña Nieto.

El que reivindicó la corrupción como práctica de Estado, vivió escándalos como la matanza de Ayotzinapa, dejó impunes las agresiones a periodistas que rompieron todos los récord en su sexenio y puso en marcha reformas estructurales que no fueron soportadas en políticas públicas que las llevaran a buen término.

Quiso volver a los tiempos del presidencialismo excesivo pero rebasado en el principio de autoridad por poderes fácticos que, como es el caso del narcotráfico, se burlaron de él a través de la escalada violenta contra todos los sectores de mexicanos y con la afrenta del túnel que permitió la fuga del capo de las drogas, Joaquín Guzmán Loera, del penal de máxima seguridad del Altiplano.

En sí los casos Iguala, Casas Blancas, la fuga del Chapo y el “gasolinazo” despertaron la ira social que sepultó en la insignificancia al gobierno peñanietista que cierra con el 68 por ciento de desaprobación por parte de los gobernados y con la exigencia añadida de que sea sometido a juicio en los tribunales nacionales e internacionales.

Y si algo bueno ha de quedar del finiquito vergonzoso del periodo en el que EPN fue jefe del Ejecutivo federal, sería el provecho de convertirse en moraleja para los gobernantes de todos los niveles, pues ahí tienen un catálogo de las cosas que no deben de hacer en el desempeño del servicio público.

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