El análisis de José de Jesús Lara | Propuestas para una nueva Ley Orgánica en la UAS

El análisis de José de Jesús Lara | Propuestas para una nueva Ley Orgánica en la UAS

Compartir:

En esta entrega, el autor anticipa la ponencia que presentará en el Segundo  Foro ‘Ley Orgánica de la UAS (Reflexión y Consenso)’ que se realizará el 15 de noviembre de 2018, a partir de las diez horas en el Casino de la Cultura de Culiacán.

En su devenir de la forma de gobierno, en la Universidad Autónoma de Sinaloa históricamente se ha vivenciado la Junta de Gobierno, el voto universal, secreto y directo, y actualmente el voto secreto del Consejo Universitario. A través de ese mecanismo se pretende el logro de una gobernabilidad para que mediante la participación de los actores, la universidad cumpla con sus tareas sustantivas y adjetivas de formar profesionistas -del más alto nivel en sus áreas de conocimiento- en beneficio de la sociedad sinaloense.

Los periodos de elección del rector a través de la Junta de Gobierno con la injerencia externa del gobernador del estado se dieron al amparo de la Ley Orgánica de 1945. Posteriormente la influencia de los cambios políticos, económicos y culturales (previos y posteriores al movimiento de 1968), aunado al ejercicio de la autonomía universitaria, tuvieron como consecuencia un cambio de elección de rector nombrado por votación directa, universal y nominal de estudiantes (50%) y profesores (50%) -formalmente elegido como titular por el órgano colegiado del Consejo Universitario (Ley Orgánica, 1977).

Sin embargo, la auscultación mediante el voto ponderado fue modificada por el voto unitario (acuerdo del 13 de abril de 1989 del Consejo Universitario de la UAS). El hecho dio lugar a un clientelismo político sobre todo estudiantil que generó un proceso de descomposición académica con un relajamiento generalizado de la vida cultural universitaria.

Ante el extrañamiento de la sociedad sinaloense, la ecuanimidad volvió a la casa rosalina al modificarse nuevamente la Ley Orgánica en 1993, especificando en su artículo 37 que el rector sería electo por el Consejo Universitario de una terna resultante de la consulta a los diferentes sectores de la comunidad universitaria por la Comisión de Méritos Académicos y Universitarios. No obstante en los procesos de elección de rector de 1997-2001, 2001-2005 y 2005-2009 se regresó a la ley de votación directa, universal y nominal (voto unitario).

Así, de frente a la pérdida de credibilidad de la UAS por los dispendios de derroche en las campañas electorales de cambio de rector, durante el periodo del MC. Héctor Melesio Cuen Ojeda, se modifica el artículo 36 de la Ley Orgánica de 2006 para establecer que “El Rector será nombrado por el H. Consejo Universitario en votación secreta y por cédula de una terna que le presente la Comisión Permanente de Postulación…” La más reciente modificación (Ley Orgánica, 2013) en su artículo 32 menciona que al término de la gestión de cuatro años el rector podrá reelegirse de manera improrrogable por otro periodo adicional, presentando contradicción con el citado artículo 36 en cuanto a que debe ser elegido de una terna. Llegando al momento actual con la reelección del Dr. Juan Eulogio Guerra Liera en la conducción de nuestra alma máter.

En estos cambios de forma de gobierno en la UAS se observa un periodo de opacidad con la Junta de Gobierno, sin una identidad propia de la institución ni tampoco de un vínculo con el entorno social. Durante el periodo del voto unitario se dio un proceso político que desembocó en un pasaje de mediocridad académica y un pérdida de confianza de la casa rosalina respecto a los sectores social, productivo y gubernamental. Por su parte, el nombramiento de rector vía el consejo universitario, desde el periodo del MC. Héctor Melesio Cuen Ojeda a la fecha, ha resultado en una falta de representatividad de los universitarios (una democracia simulada) y lo más grave la manipulación de la universidad con fines partidistas.

Desde 2005 a la actualidad, apoyándose en los medios de comunicación oficial, se ha difundido una imagen de la universidad con calidad académica pero lo real es que la UAS como parte de la región noroeste del país ocupa el tercer lugar en el número de miembros del Sistema Nacional de Investigadores por debajo de la UABC y la Universidad de Sonora, sólo supera a la Universidad de Chihuahua.

Su cuota de aportación a las patentes registradas es muy raquítica comparada con otras universidades públicas estatales. Si bien es cierto hay un crecimiento cuantitativo en la matrícula estudiantil, tal situación se explica por el nivel medio superior y no por la calidad de sus programas educativos de licenciatura y posgrado. Más aun, la UAS no cuenta con un programa de seguimiento de egresados que permita evaluar el impacto real de sus profesionistas en el mercado de trabajo (un indicador indirecto de su bajo aporte podría asociarse con el nivel de estancamiento económico y pobreza que se vive en Sinaloa). Con el discurso demagógico de la calidad académica las autoridades, en turno, de la UAS presumen la estabilidad institucional ocultando que detrás de la paz de los sepulcros se vive una democracia secuestrada.

Por otra parte, la forma de elección de rector en la universidad no determina la consecución de la visión y la misión institucional, aunque es claro que sí influye en la gobernabilidad sobre todo si en el momento de la elección se generan tensiones y desencuentros entre los grupos que se disputan el poder por la conducción institucional. Lo más significativo para la concreción del proyecto de universidad es el entendimiento de que depende del contexto, de su cultura organizacional, del liderazgo académico y de la gestión de sus principales actores; pero sobre todo de una identidad del ethos académico con las necesidades o demandas de la sociedad.

De ahí que es falsa la dicotomía entre democracia o estabilidad en la universidad. Dichas categorías no son antagónicas o excluyentes, son más bien dialécticamente complementarias. La argumentación de que el método de voto directo y universal está relacionado con la inestabilidad institucional a diferencia de las modalidades del Consejo Universitario y la Junta de Gobierno carece de validez y confiabilidad de lo cual da cuenta la misma historia de la gobernabilidad en la UAS.

En nuestro país, las repercusiones de preferencia por un determinado método de elección, se manifiestan en su relación con los intereses del gobierno donde hasta el presente se privilegia el stau quo a fin de preservar la permanencia en el poder. Lo que se premia es una función social de la escuela como reproductora y no como transformadora de la cultura en favor de los oprimidos. De ahí que las universidades que acaten formas de conducción como la Junta de Gobierno sean las que más se favorecen en la asignación de los recursos públicos.

A su vez, aquellas instituciones que se apegan a un nombramiento de rector vía el Consejo Universitario también tienen el reconocimiento de los gobiernos por su democracia acotada y el bajo perfil social de actuación institucional. Mientras que a las pocas universidades públicas estatales que se orientan por una votación universal, secreta y directa se les sataniza por una concepción “democraticista” que supuestamente distorsiona la razón de ser de la universidad.

Tomando en cuenta las reflexiones precedentes, se propone una perspectiva democrática representativa que favorezca la participación equitativa de los principales actores universitarios. En tal sentido cabe recomendar una forma de elección de rector que sea universal, secreta y directa con voto paritario, correspondiendo el 45% a los estudiantes, 45% a los profesores, y el 10% a los trabajadores. Desde luego que la factibilidad del proceso pasa por la regulación rigurosa del mismo que garantice la no realización de campañas políticas ni dentro ni fuera de la universidad (un desacato redundaría en la baja del postulante) sólo podría haber un periodo breve de registro de aspirantes, promoción política equitativa en el portal electrónico institucional, una comparecencia transmitida por videoconferencia de exposición de trabajo y preguntas del auditorio; finalmente se cierra con la votación (paritaria) en las unidades académicas, y el ganador del proceso se oficializa en el Consejo Universitario.

Adicionalmente, con fines propositivos se plantean algunas consideraciones como agregados a la Ley Orgánica y a los Estatutos:

  1. La posibilidad de revocación del nombramiento de rector a la mitad de su periodo en función de la evaluación de su desempeño;
  2. Requerimiento de una segunda vuelta en caso de que quien habiendo obtenido el primer lugar de la votación no logre contabilizar el 50% + 1 del padrón de los votantes (en ella participarían sólo el primero y segundo lugar);
  3. Otorgar suficientes atribuciones al Consejo Consultivo y de Vinculación Social para que se realicen estudios rigurosos de seguimiento de egresados y su impacto en el mercado laboral a la vez que establezcan lazos con los sectores sociales, productivos y de servicio, incluido el gubernamental en la orientación de construir un sistema de innovación entre universidad-empresa-gobiernos;
  4. Ampliar las facultades de la Consultoría Social Universitaria (o la instancia que corresponda) para que sea un auténtico Fiscal que audite los recursos financieros de la institución, y
  5. Crear un órgano evaluador de todas las dependencias administrativas y académicas universitarias, incluido el desempeño de los funcionarios desde el rector hasta los directores de las unidades académicas; el propósito no es ser una instancia inquisitoria sino convertirse en un repositorio de insumos que realimenten la mejora continua del sistema de la universidad.

La Universidad Autónoma de Sinaloa debe ser una institución centenaria que promueve la cultura, la academia, y la investigación con sentido social pero también con la responsabilidad de formar profesionistas en las diferentes ramas del saber que sean capaces de transformar las condiciones de pobreza y marginación de la sociedad sinaloense, haciendo de la entidad un polo de desarrollo socioeconómico basado en la ciencia, la tecnología y la innovación.

Una identidad o un imaginario social con las características señaladas, sólo es posible en un clima donde impere la democracia representativa, con un modelo de educación crítica y humanista. Por tal motivo el despotismo de las autoridades actuales de la UAS debe sustituirse por un sentido de comunidad universitaria auténtico. Una condición necesaria pero no suficiente es cambiar la Ley Orgánica de la institución, pero hacer realidad la universidad a la que aspiramos demanda la participación organizada y consciente de la mayoría de los universitarios.

 


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: