El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Guardia Nacional

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Guardia Nacional

Compartir:

“La letra y el espíritu de la Constitución diseñan a la Guardia Nacional como la organización de ciudadanos a través de milicias populares destinadas a defender la seguridad y las instituciones del país”.

—Enrique Sánchez y Héctor Dávalos. Constitución comentada.

El mito dice que Aguascalientes se separó de Zacatecas gracias al beso que Antonio López de Santa Anna le robó a doña María Luisa Fernández Villa de García Rojas, a cambio del cual el general consintió la independencia hidrocálida. La realidad es que el entonces presidente prefería un gobierno central y tomó medidas para acabar con el federalismo. Una de ellas fue la orden de desintegrar las milicias estatales en 1835. Para los zacatecanos, poseedores del más grande cuerpo miliciano del país, aquello fue una declaración de guerra. Enfrentados en batalla, Zacatecas perdió ante Santa Anna y Aguascalientes logró su emancipación.

Las milicias ciudadanas operaron activamente durante la guerra de independencia de los EE. UU. Su existencia influyó en la redacción de la Constitución mexicana de 1824, que estableció a la federación como forma del Estado mexicano. En teoría el país ejercía una doble soberanía, la federal y la de cada estado. Esto se reflejó en la estructura de las fuerzas armadas: el Ejército permanente protegía a la nación y las milicias estatales defendían a las entidades federativas.

“La ciudadanía armada porta distintos nombres: milicia cívica, cívicos, y para la década de 1840 se oficializa como Guardia Nacional, que, nace como reserva del Ejército, es decir, no se encuentra de modo continuo en activo, sino que se compone por ciudadanos en armas” (Alicia Hernández Chávez. La Guardia Nacional en la construcción del orden republicano, 2012). Este es su sentido original, que permaneció incluso en el texto de la Constitución mexicana de 1917. Pero las cosas están a punto de cambiar.

Este 14 de noviembre, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, presentó su Plan Nacional de Paz y Seguridad, cuyo punto central es la creación de la Guardia Nacional para prevenir y combatir el delito. Estará compuesta de miembros de las policías naval y militar, así como de la Policía Federal desplegados en 266 regiones. El mando de la Guardia Nacional lo ejercerá el presidente de la República y será un órgano independiente de la nueva Secretaría de Seguridad federal.

Siguiendo esa idea, el 20 de noviembre, el grupo parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados presentó la iniciativa para reformar la Constitución y crear la Guardia Nacional. Se propone darle facultades para realizar detenciones en flagrancia, con una redacción innecesaria y confusa: innecesaria porque cualquier persona puede detener a otra en flagrancia y confusa porque el permiso no se refiere a la Guardia Nacional, sino a “las autoridades encargadas de salvaguardar los derechos de las personas, sus bienes, preservar el orden y la paz públicas, así como los bienes y recursos de la nación”. En materia de investigación de delitos federales, la iniciativa señala que la Guardia Nacional podrá actuar como auxiliar del Ministerio Público Federal, bajo su conducción y mando.

Pero no se piense que será un cuerpo policial más, ya que se concibe como “una institución del Estado que participará en la salvaguarda de la libertad, la vida, la integridad, y el pleno ejercicio de los derechos de todas las personas, protegiendo su seguridad, sus bienes, así como preservar el orden, la paz pública, los bienes y recursos de la nación… integrarán un cuerpo especializado con estructura, funciones y estándares sobre el uso de la fuerza debidamente establecidas en su ley orgánica”. Además, la Guardia Nacional deberá coordinarse con las instituciones estatales y municipales de seguridad pública, así como con las de procuración de justicia.

Es claro que existe la necesidad de fortalecer el combate al delito. Es real el diagnóstico de la Policía Federal como una corporación que requiere mejorar su capacitación y profesionalismo. Pero la decisión de no iniciar por reformular la prevención policial del delito, sino por crear una organización nueva con rasgos militares y civiles puede resultar en un peligroso experimento. La ausencia de un cronograma para el retiro gradual de las fuerzas armadas es preocupante. La confusión latente entre seguridad pública y seguridad interior deja mucho que desear. La falta de controles constitucionales rigurosos para las amplísimas facultades de la Guardia Nacional es inexcusable.

Aún falta discutir la iniciativa con los diputados, primero, y en su caso, con los senadores, después. Esperemos un debate parlamentario de fondo, abierto a mejorar las soluciones que se presentan en materia de combate al delito y la impunidad. Esperemos un ejercicio de dialéctica legislativa y que las aplanadoras no se usen para imponer algo decidido de antemano.

 


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: