“Ni yendo con Dios se te puede ayudar”…

“Ni yendo con Dios se te puede ayudar”…

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El feminicidio de Aída, maestra del Cobaes, es una crónica de una muerte anunciada: SNTE 53, funcionarios de Cobaes y Ministerio Público supieron de las amenazas… y nadie hizo nada.

“Ni yendo con Dios se te puede ayudar”, dijo seco Jesús Martín Muñoz, secretario de conflictos del nivel medio superior del SNTE 53, a la maestra del Cobaes, Aída Rodríguez Campaña, luego de que esta le contó que había sido amenazada y que temía por su vida.

Era el mes de septiembre, y la profesora, desesperada, había acudido a su sindicato con la esperanza de que la ayudaran a cambiarse del Cobaes 28, en la sindicatura de Villa Adolfo López Mateos, El Tamarindo, hacia uno de Culiacán. Pero no, no le ayudaron.

Días antes, la maestra también acudió ante Jesús Pérez y Jerónimo Torrero Valdez, funcionarios administrativos de recursos humanos del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa (Cobaes), a quienes también les contó el hostigamiento y las amenazas de muerte que sufría. Ambos funcionarios se comprometieron a ayudarla, pero no, los días pasaron y tampoco hicieron nada, aun cuando existía la oportunidad de cambiar a la maestra de plantel.

Quizá los dos funcionarios pensaron lo mismo que dijo su jefe, el director de Cobaes, Sergio Mario Arredondo Salas, dos días después de que la maestra desapareció: “Aunque la hubieran cambiado, hubiera pasado lo mismo”.

De esos pasajes que vivió la profesora Aída en esa búsqueda desesperada por ayuda, fue testigo directo el profesor José Ángel Beltrán Rentería, dirigente magisterial de Somos más que 53, compañero y amigo de la maestra.

“Yo hable con Sergio Mario (director de Cobaes). Y Sergio Mario me dijo: ‘igual, donde hubiera sido, si la hubieran cambiado, de todos modos hubiera pasado lo mismo’. Y eso realmente me consterna más aún como persona: la insensibilidad de este servidor público, porque se le olvida que la maestra Aída es una mujer, una madre, una hija, una muy buena amiga y una excelente profesora”, recuerda José Ángel Beltrán.

El profesor cuenta que la plática con el director del Cobaes sucedió el sábado 3 de noviembre, dos días después de que reportaron la desaparición de la maestra.

“En el Cobaes todo mundo sabía la situación de la maestra. Yo acompañé a la maestra a solicitar el cambio de plantel por el riesgo que corría y porque tenía derecho para hacerlo y sí había oportunidad del cambio, pero a ella no se le apoyó. Ella también acudió al sindicato donde la atendió Jesús Muñoz, quien le dijo: ‘ni yendo con Dios se te puede ayudar’. También se le expuso al delegado sindical del plantel en El Tamarindo. Todos lo sabían. El asesinato de la maestra fue como una crónica de una muerte anunciada, y nadie hizo nada”.

Beltrán Rentería considera que ni el Cobaes ni el SNTE 53 quisieron ayudar a la profesora porque la ubicaban como simpatizante del movimiento Somos más que 53.

“A los maestros no los ayuda el sindicato si no eres gente cercana a los líderes, si no tienes las palancas. Si no eres de su grupo, no te ayudan en lo que por derecho te corresponde”, asegura.

Pero eso no fueron los únicos casos de indiferencia que la maestra Aída enfrentó. Hace tiempo, según cuenta Beltrán Rentería, la profesora ya había acudido a interponer denuncia ante las autoridades encargadas de procurar justicia.

“Ella me platicó que ya hace algún tiempo, había interpuesto una denuncia en alguna agencia del Ministerio Público, pero que ya que le tomaron la denuncia y todo, se la imprimieron y le dijeron: ‘ve y notifícale al tipo’, al agresor en esta caso. ‘Ve y notifícale’. Entonces allí prácticamente la maestra quedó desarmada”.

El pasado primero de noviembre, la maestra Aída Rodríguez salió de su casa para dirigirse a dar clases a El Tamarindo, pero nunca llegó a la escuela. Su familia, amigos y compañeros lanzaron la alerta, sobre todo en redes sociales, con el fin de localizarla con vida.

Tras su asesinato, a esas exigencias se unieron también diputadas de todos los partidos políticos que conforman el Congreso del Estado, quienes condenaron el hecho y solicitaron revisar las acciones que se vienen realizando dentro de la Alerta de Género e investigar la posible omisión de funcionarios del Cobaes para ayudar a la víctima.

A la exigencia de investigar la desaparición también se unió la diputada federal Merary Villegas, quien hizo público su exhorto hacia el fiscal general, Juan José Ríos Estavillo; al gobernador Quirino Ordaz Coppel; al secretario general de Gobierno, Gonzalo Gómez Flores, y a la titular del Instituto Sinaloense de las Mujeres, Araceli Tirado Gálvez, donde solicitaba el “urgente esclarecimiento, localización y retorno al seno familiar y su labor educativa”, de la maestra Aída Rodríguez Campaña.

La diputada también solicitó que de manera urgente fueran “aplicados los protocolos que el Instituto Sinaloense de las Mujeres (Ismujeres), ha venido anunciando que existen para el estado. Exijo también que la Fiscalía realice una investigación con perspectiva de género ante la desaparición de la maestra”.

Sin embargo, todo parece indicar que no se activaron esos protocolos. La maestra Aída fue localizada ejecutada de un balazo en la cabeza la tarde del lunes 5 de noviembre a la orilla de una brecha de la sindicatura de Pericos, en Mocorito. Su crimen, continúa impune.

 


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