Tema de la semana | Reformar a la UAS, impostergable; lumpenizarla, impensable

Tema de la semana | Reformar a la UAS, impostergable; lumpenizarla, impensable

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La Universidad Autónoma de Sinaloa debe abrirse a la revisión interna y a las reformas a su ley orgánica como un acto de convicción de la comunidad académica, estudiantil y su aparato de gobierno. Esto es irreversible porque todo aquello que no evoluciona tiende a descomponerse y se convierte en caldo de cultivo para las más perversas prácticas de poder o de ambiciones. Más que discutir hoy si se reforma o no, el esfuerzo tendría que enfocarse al cómo.

Tres hechos recientes vinculados a las corrientes internas que pretenden poner a debate la transformación de la UAS, y aquellas que se resisten a los cambios, dan la razón al cada vez mayor reclamo de los universitarios y los sinaloenses en general para que la casa educativa sea sujeta a auditorías académica y financiera y se le dé un nuevo estatuto que fortalezca la independencia y misión institucional.

El primero ocurrió el 15 de noviembre cuando una turba porril boicoteó el foro que jubilados de la Universidad organizaron para proseguir con la discusión de la reforma universitaria; enseguida, el 20 de noviembre, al realizarse en instalaciones universitarias la consulta por un acuerdo nacional sobre la educación organizada por el equipo de transición del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, se impidió que expusieran sus ponencias los que exigen revisar la ley orgánica de la UAS.

Más recientemente, el viernes 23 de noviembre, en las instalaciones del Congreso del Estado se efectuaría una mesa de análisis sobre el mismo tema, convocada por el diputado perredista Edgar González Zataráin y el mismo grupo de choque que impidió se llevara a cabo el foro del día 15 irrumpió para desestabilizar y frustró por segunda ocasión el desarrollo del evento.

Con tal estado de cosas procede a asentarse la certeza de que es impostergable poner a la UAS bajo las lupas social y legislativa antes de que la razón de ser de esta, la educación para un sector importante de Sinaloa que sin el alma máter no tendría oportunidades de cursar carreras profesionales, sufra un nivel irreversible de atrofia.

Para reencauzar a la UAS en la misión y función que le son intrínsecas, se identifican cinco condiciones ineludibles:

  1. Es necesario que la UAS finiquite el ostracismo que la caracteriza actualmente y como espacio libre al pensamiento y las ideas abra en sus recintos la discusión sobre la modernización, poniéndose al frente de un ejercicio auténtico de vocación reformista que, de no hacerlo adentro, le vendrá desde afuera en forma inevitable.
  2. En caso de persistir en la clase dirigente universitaria la negativa a reformarse, el Congreso del Estado es el árbitro neutral y constitucional para que ahí coincidan todas las propuestas y sacar la que más convenga a la UAS y en general a Sinaloa, importando lo menos las que pretendan imponer los grupos de poder o los parasitarismos que inmovilizan.
  3. Todos los actores universitarios están obligados a ceñirse al marco legal así como las instancias legales deben actuar con firmeza contra quienes en vez de diálogo y acuerdo ofrezcan anarquía y amenazas a los contrarios. La era de la Universidad lumpen debe quedar aniquilada para que prevalezca el tiempo de la Universidad civilizada y, por ende, civilizadora.
  4. La nueva mentalidad que ha de llegar para quedarse en la institución de educación superior tiene que colocar la transparencia, honestidad, buena aptitud directiva y respeto a los derechos de todos, como aspectos sagrados para conservar lejos de todo interés ilegítimo uno de los pocos baluartes morales que le quedan a Sinaloa y que para serlo en toda la dimensión honorable posible, ha de estar a salvo de apetitos partidistas o delincuenciales.
  5. El nuevo gobierno federal que encabezará Andrés Manuel López Obrador está obligado a generar condiciones de estabilidad institucional para que la reforma transite por vías pacíficas y de razonamiento. Le corresponde aportar el financiamiento que la UAS necesita para atender la alta demanda educativa, pero a condición de que ese recurso sea utilizado en forma adecuada y fiscalizado ininterrumpidamente. La rendición de cuentas no es negociable.

Solo con estas condiciones de base la UAS puede crecer en lo académico y en credibilidad después de situarse en la sospecha pública que la considera al servicio del Partido Sinaloense y del grupo de poder que encabeza Héctor Melesio Cuen Ojeda. Estos dos, PAS y ex rector, son los más obligados a empujar la transición universitaria, antes de que los órganos competentes lo tengan que hacer con ellos, sin ellos o a pesar de ellos.

Claro que la reforma universitaria habrá de darse sin retroceder a los tiempos que la desquiciaron por el hecho de poner la codicia política por encima de la función académica. Se trata, otra vez, de fortalecer la autonomía pero entendida esta de manera más amplia, emancipándola de cualquier apetito malévolo. La UAS es propiedad de los sinaloenses, de nadie más, y Sinaloa la necesita sin lastres en vuelo libre hacia la cúspide del conocimiento.


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