Zona chilanga de la tía Juana | Mi desabasto…

Zona chilanga de la tía Juana | Mi desabasto…

Compartir:

Esa noche hasta soñé que varias automotrices habían cerrado, que la gente caminó, pedaleó, se apretujó más en el metro y ganamos ese necesario espacio vital que, según expertos, necesitamos para ser seres plenos y circular menos estresados y resecos; quizá un poquito más confiados y solidarios.

Entre Roma y el desabasto de gasolina no quedan más que evocaciones. Me ha llegado la añoranza y recuerdos de todo tipo: Un mundo sin mexicanos, Forrest Gump —¡corre!, Forrest, ¡corre!—, un día sin agua, un día sin baño —como hace Shakira los domingos— un día sin café… un día sin luz con velita encendida como hacíamos cuando niños y escuchábamos hasta el canto de los grillos y relatos de espantos. Las memorias me han llenado de deseos y ahora quiero un día sin comprar nada, un día sin fake news, sin colas en los colegios, sin dobles filas, sin viene vienes. En lugar de estresarme, como le ha pasado a mi vecino, me ha llegado una calma oxigenada con ganas de recorrer más y más las calles de la ciudad sin tener que preocuparme por el caos vial —aunque igual me arrasa una bicicleta pues el conductor ve la pantalla del celular—.

Las evocaciones me han llenado de nostalgias y fantaseo con un enorme plato de guacamole —calidad de exportación—, de esos que ahora sí puedo comprar pues no llegaron al Super Bowl. Auguro que ahora sí los tendré en mi despensa y que no me faltarán en el desayuno, comida y cena. Podré decir orgullosa que consumo lo que se produce en mi país, eso tan rico, tan calificado, tan reconocido por el mundo. En poco, mis fantasías se convierten en alucines y vaticino que ese es el mundo, así de apacible y relajado, que me ofrecen las grandes constructoras que diseñan pequeñas ciudades dentro de los edificios para que no me estrese en el tráfico diario y tenga todo a la mano: centros comerciales, cine, escuelas, farmacias —que no falten—, hospital, parques, gimnasios, restaurantes…t o d o. No necesito ni automóvil, mucho menos gasolina para moverme de un lugar a otro; todo en un mismo lugar casi como un crucero de lujo zarpado en plena ciudad —más bien varios en distintas colonias para movilizarme menos—.

Me dio por pensar que la falta del combustible podría acabar con los Verificentros. Ya no habría que verificar autos, se acabarían los engomados de color y las infracciones por circular indebidamente. Bajarían los puntos IMECA y fuera el fin de mis alergias y de mis ojos irritados. Dejaría de comer entre los altos del semáforo y mi digestión me lo agradecería —sumado a que ahora mi dieta está enriquecida con el consumo del riquísimo aguacate, pueda que hasta admito un inesperado bienestar general—. Esa noche hasta soñé que varias automotrices habían cerrado, que la gente caminó, pedaleó, se apretujó más en el metro y ganamos ese necesario espacio vital que, según expertos, necesitamos para ser seres plenos y circular menos estresados y resecos; quizá un poquito más confiados y solidarios. Desperté y era una falacia las automotrices seguían y los niveles macros también.

No quise abandonarme y me subí al auto donde Cleo, su patrona y los niños partieron al mar. Fui una pasajera más de esa escapada donde luego de sobrevivir a las olas, Cleo les confiesa: “No lo quería tener” —se refería al niño—; me abracé con ellos, de Roma. Pensé en todas las cosas que allegamos a nuestra casa y nuestras vidas sin cuestionarnos siquiera si las queremos o lo qué haremos con ellas, si nos hacen más amable el día a día o se convierten en el adorno más estorboso del que no logramos liberarnos… en eso estaba cuando me anunciaron que el abasto de gasolina ya se normalizó. De inmediato me invadió la prisa por resolver lo que había postergado; en realidad nada, todo lo había resuelto. En realidad yo sólo había ganado, con el energético desabasto.

Comentarios: [email protected]

 

 


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: