Zona chilanga de la tía Juana | Sutilezas ocultas

Zona chilanga de la tía Juana | Sutilezas ocultas

Compartir:

 

Hay cosas de las que una se entera sin querer. Una vez que se empieza a escuchar la plática ajena dan ganas de inmiscuirse y empezar a preguntar. Así me pasó en una reciente charla de café, donde los de la mesa contigua comenzaron a narrar su desventura: “más valió que me corrieran, ya me tenían hasta la…progenitora”.

Quien daba la queja era una joven que recién había perdido su trabajo. A decir verdad, y por las condiciones en las que según laboraba, casi hasta le digo: — ¿y por qué aguantaste tanto?—, además de ‘aprudentarme’, pues ni en el mundo me hacían, caí en la cuenta de que mi intervención habría sido de lo más ingenua.

Por la sencilla razón de necesitar un trabajo y no tener otra alternativa, la chava del café había tolerado una serie de injusticias: si acumulaba tres retardos la castigaban no compartiéndole las propinas, el día de descanso no se lo pagaban y si se le ocurría enfermarse la suspendían tres días. El día que la escucharon hablar de su mala situación con un compañero, la hicieron firmar su renuncia y le dijeron que hasta ahí llegaba su relación de trabajo. Ni tiempo le dieron de denunciar el acoso sexual del que estaba siendo víctima. Aun y su desfavorecida condición, los 3 mil pesos que ganaba mensualmente, por nueve horas diarias —sin chance de ahorrar un centavo—, al menos le daba para costearse un modesto estilo de vida.

Aparte de ser presa de una de esas cadenas —donde firman contratos tramposos y no ofrecen ninguna prestación— la chava debía sonreír todo el tiempo y hacer saber que formaba parte de un excelente equipo de trabajo con un ambiente de lo más cool. Quiso escribir una carta y difundirla por las redes sociales, pero se dio cuenta de que el ciberespacio estaba lleno de quejas parecidas y de que todo quedaba en la burla; apenas un día y vuelta a lo que sigue.

En una conversación menos anónima, otra chava contaba que en el trabajo su jefe no perdía la oportunidad para decirle que era una retrasada incompetente y que se pusiera ‘la pila’ porque en la próxima evaluación la haría ver su suerte. La joven en cuestión presentaba una dermatitis que la obligaba a vestirse de manga larga; su inseguridad se evidenciaba apenas abría la boca.

“La violencia psicológica sobre la víctima suele ejercerse de manera sistemática y recurrente —como media una vez por semana— y durante un tiempo prolongado —como media durante seis meses—; tiempo suficiente para que la persona acabe abandonando el lugar de trabajo o, de aguantarse, bien podría presentar otro tipo de padecimientos. También puede entrar en una fase de apatía, como defensa ante la frustración, y mostrar alteraciones emocionales que van en deterioro de la eficacia laboral”, dijo un experto.

Creo que las chavas del café desconocen que los mexicanos —según cifras recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)—, en suma trabajamos más por menos dinero; en promedio 2,250 horas al año, en comparación con 1,776 horas laborales con ciudadanos de otros países. Y pese al hostigamiento laboral, según también la OCDE, estamos más satisfechos con nuestras vidas en comparación con otros países miembros. Ante esas cifras, todo lo anterior, y cualquier cosa que se escucha sin querer, suele ser una sutil inconveniencia.

Buen arranque y un montón de satisfacciones para este año. Feliz 2019

Comentarios: [email protected]


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: