Zona chilanga de la tía Juana | Cristina y José Emilio

Zona chilanga de la tía Juana | Cristina y José Emilio

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Una pareja que acompañó nuestras vidas con el amor manifiesto que compartieron hasta el final de sus días. A cinco años sin Pacheco, yo sigo imaginando la tristeza de Cristina.

Viene a mi mente José Emilio, un hombre de letras que sólo paraba la corrección de sus escritos cuando le anunciaban que éstos ya se encontraban en la imprenta. Un escritor que trabajaba durante el trayecto de sus viajes y no reparaba en levantar el teléfono a cualquier hora de la madrugada para decirle a su editor que en la página tal había un error que era preciso corregir. Un traductor perfeccionista y apasionado que igual escribió cuentos para niños, ensayos o poesía pura. Su nombre se pronunció en muchos lugares y su obra recibió reconocimientos de todo tipo. Hoy pienso en José Emilio Pacheco y el día que anunciaron su muerte yo sólo tuve un pensamiento; la tristeza de Cristina Pacheco.

¿Cómo imaginar los días de Cristina sin su compañero de vida? Vislumbré cómo serían sus tardes al final de su día cuando llegara a casa para compartir con él la cena y la jornada transcurrida; tal como ella lo describió en una ocasión. Él no la esperaría más. Ella seguiría recorriendo las calles de la ciudad en busca de las historias para Aquí nos tocó vivir; sólo que ahora no habría primicias para José Emilio. Tampoco él le contaría sobre los autores que leía ni sobre las traducciones y minucias que encontraba en el lenguaje. ¿Cómo serían los siguientes mares de historias tras la ausencia de su compañero de vida?

Una voz entrecortada se escuchó por la radio cuando una periodista le preguntó cómo se sentía; mal, fue su respuesta. Pese al dolor, Cristina quiso compartir con la audiencia cómo fueron los últimos momentos vividos al lado de José Emilio y como ahora tendría que hablar en pasado de alguien que seguía muy presente. En el Mar de Historias me enteré de otra forma de compartir que tenían los inseparables Pacheco. Ella tituló su columna El eterno viajero, allí compartió las peripecias que ocurrían cuando él salía de viaje; qué ropa llevar, qué textos para revisar. Nos contó lo que idearon para mantener el contacto durante los días que José Emilio estuviera de viaje. Ambos escribirían sobre lo ocurrido en los días de ausencia y al encontrarse nuevamente retomarían donde se habían quedado al día de la partida.

El primer sábado, sin su compañero, vimos en Conversando con Cristina Pacheco a una periodista con ojos entristecidos entrevistando a músicos tradicionales. Imaginé todo su esfuerzo para estar frente a las cámaras y conversar con sus invitados. Hace cinco años, —a horas del deceso— declaró que fue una muerte tranquila, privilegiada y al mismo tiempo terrible. Quizá estaría pensado que el cuerpo de su compañero recién había sido velado en el Colegio Nacional y que tal acción daba cuenta de la distinción que recibió hasta el último momento. Estaría pensando que eso también debía anotarlo en el diario para que luego él lo supiera.

Mar de Historias retrata a personajes nostálgicos que se esconden entre las sombras de la gran ciudad, en esa ocasión Cristina habló de ella misma y del eterno viaje que ahora emprendía José Emilio. La escritora formó parte de los seres lejanos que llegamos a tocar cuando ella misma recrea sus vidas. Ahora ella contó sobre el diario que seguiría escribiendo hasta el momento de encontrarse de nuevo con José Emilio. Un viaje que le permitirá anotar cada condolencia recibida, cada taza de café sin su compañía… Una pareja que acompañó nuestras vidas con el amor manifiesto que compartieron hasta el final de sus días. A cinco años sin Pacheco, yo sigo imaginando la tristeza de Cristina.

(Foto tomada de Internet).

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