Cáncer, un aparato que falla y la espera de don Germán

Cáncer, un aparato que falla y la espera de don Germán

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Don Germán Maldonado se apunta al estómago y dice que ahí está, que ahí tiene el cáncer. Mira a la explanada del Instituto Sinaloense de Cancerología y dice que ya no son buenos días sino buenas tardes.

“Ya pasan de las 12”, dice.

Sentado en una banca, se resigna a no recibir, por tercer día consecutivo, su sesión de radioterapia.

Tres días sin su tratamiento. Tres días en espera porque el aparato de las radioterapias no sirve.

Sin embargo, don Germán no es de los que despotrican ni se quejan. No echa culpas ni señala con el dedo. Dice entender que el aparato es un aparato y por eso falla.

Dice que ha visto a mucha gente enferma haciendo cola, llegando en los tres turnos, yéndose de vuelta a casa sin recibir las radiaciones. Menciona que hay gente que se va a la una, dos de la mañana.

“Esos aparatos cuestan mucho. Usted cree que si no costaran tanto no iba a haber más. No es una cosa fácil”.

Ya tiene 77 años de edad.

“Ya son muchos. Soy del 42”, dice.

Setentaisiete años, cómo no, cualquier cuerpo los siente. Pero lo que él no siente es el cáncer en el esófago que en los últimos tres días no ha sido combatido con su tratamiento.




No le duele nada, asegura, aunque sabe que ahí lo tiene impregnado.

Y ante la falta de sus radiaciones se preocupó. Y se puso a indagar qué tanto le afecta no recibir el tratamiento.

Dice que el médico le dijo que si no recibía durante unos días el tratamiento no le afecta, porque las radiaciones anteriores alcanzan, permanecerán hasta que se arregle el aparato.

A don Germán Maldonado le dijeron que el aparato estará listo para este martes. Al gobernador Quirino Ordaz Coppel, el secretario de Salud, Efrén Encinas Torres, le dijo que el aparato estará listo en 15 días. Iveth Palma Valle, directora del Instituto Sinaloense de Cancerología, dijo que hacen lo posible para repararlo el próximo martes 30 de abril.

El sol sobre la explanada es un bárbaro que le hace contraer los ojos. Don Germán Maldonado mira a la calle, con una apariencia tranquila espera a su hijo, espera su próxima sesión.

Cruza las manos sobre el vientre, pero dentro de él, en su esófago dañado, solo el cáncer sabe si también está dispuesto a esperar.



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