Sepyc: para que la cuña apriete… | El análisis de Alejandro Luna

Sepyc: para que la cuña apriete… | El análisis de Alejandro Luna

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Dice un refrán popular que “para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”. Si es demasiado dura, muele lo que quiere apretar y si es más blanda no entra o se deshace. El resultado: ninguna de las dos aprieta. Esta reflexión sobre la naturaleza de la densidad de los materiales es una joya de la sabiduría popular que puede ser llevada más allá de su propio contexto original y ayudar a comprender, incluso, fenómenos en el ámbito social, cultural y político.

¿Por qué los secretarios de educación no han podido poner orden en la SEPYC? ¿Por qué no han podido ajustar el funcionamiento de la secretaría y poner orden anteponiendo el interés académico y social (alumnos y padres de familia) a lo económico, político y sindical? No ha sido cuestión de respaldo y fuerza, varios la han tenido. Tampoco de laxitud, muchos otros la tuvieron –por estrategia o por carácter— y no les funcionó.

La diversidad de intereses económicos, políticos y sindicales que se entrecruzan en un sistema que administra el servicio educativo a más de 800 mil alumnos –de educación básica, media y normal— con 40 mil maestros,  más de 5 mil escuelas en siete niveles y diversas modalidades,  donde se mezclan reglas de operación distintas de acuerdo con sus fuentes de financiamiento, vuelven su control poco menos que imposible. El mando deviene de la autoridad pero la acción obedece al poder y éste tiene como base la permanencia y la organización de redes de mando superpuestas a las estructuras institucionales.

Así, los líderes sindicales y los dueños de diversas parcelas de poder, por áreas de operación, zonas escolares y sectores, respaldados en intereses políticos y económicos –y en derechos laborales—, pueden desafiar en cualquier momento a la autoridad educativa sin consecuencias. Saben que la autoridad se ejerce desde un puesto de confianza  –temporal y circunstancial— y que en cualquier momento puede dejar de serlo, mientras que sus puestos son de base y prácticamente vitalicios.

Rafael Armando Guerra hizo un diagnóstico que describía una situación crítica de la educación básica pero Juan Rodolfo López Monrroy le hizo vacío y empezó a acordar directamente con el gobernador. Mariano Carlón, con fuerza y oficio político, flotó en la confrontación pero no logró el control. Carlos Loaiza, que provenía del magisterio, se sometió totalmente a las decisiones sindicales. Fausto León Jacobo provenía del sistema de tecnológicos y no pudo entrar a educación básica en el periodo de Labastida. Francisco Frías halló una coyuntura favorable con Eduardo Cristerna, a la caída de Carlos Jongitud y de Juan Rodolfo, pero no logró el mando. Las huestes de Monrroy estaban muy enraizadas.

A Gerónimo Martínez le tocó un periodo de tránsito en el que ejerció un mando relativo por más de seis años. Al finalizar el periodo de Cristerna en la sección 53, enfrentó al monroísmo representado por Daniel Amador y empató el pleito en 1994. El CEN del SNTE nombró una comisión ejecutiva que encabezó Gerardo Velasco y, un año más tarde, Daniel convenció a Renato  y se instaló en la sección, pero el mando en la SEPYC lo mantuvo Gerónimo.

Daniel capitalizó la gente y la escuela sindical monrroísta y se empoderó en el periodo de Juan Millán. Millán y Aguilar, de extracción sindicalista, le entregaron todo a Daniel. El ISSSTEESIN, la SEPYC, la ENS, la ENEES, diputaciones locales, alcaldías, diputaciones federales y la posibilidad de la candidatura a la gubernatura. Jesús Antonio Malacón solo mandó en educación superior y Javier Luna, Florentino Castro y Maira Zazueta estuvieron a las órdenes de Amador. Frías Castro regresó con la intención de revancha, con Juan Rodolfo de Aliado, pero no logró el apoyo de Malova y las credenciales académicas de José Enrique Villa Rivera no le sirvieron de mucho. La trampa ya estaba tendida por los propios quirinistas y cayó.

En la SEPYC el poder de Amador se ha enraizada en más de dos décadas de control de las plazas (académicas y administrativas) y de la estructura directiva. Supervisores y directores llegan como comisionados y luego se les regulariza su plaza, sin examen, en una negociación con el gobierno; de la estructura operativa de la SEPYC (direcciones de nivel y jefaturas de departamento) y de las instancias fuentes de beneficio y control del magisterio, como el propio SNTE, el ISSSTEESIN, el  Figlosnte, el SIAP, además de regidurías, alcaldías y diputaciones que le dan fuerza para negociar.

Ante ese escenario, no sólo los secretarios se doblan, sino hasta los propios gobernadores se han tenido que ver en la necesidad de ceder ante el chantaje de las secciones del SNTE y aunque perdieron  gran parte de su fuerza política en las elecciones del 2018, en la SEPYC Amador sigue “asustando con el petate del muerto” a propios y extraños a tal grado que Quirino y varios de sus funcionarios gustan de exhibirse con él en eventos públicos como si fueran los mejores aliados y socios –¿lo son?—proyectando a la sociedad y al magisterio que “aquí no ha pasado nada” y que Daniel sigue mandando en el sector educativo por encima de cualquier funcionario, aunque no fuera totalmente cierto.

Con todo el marco legal a su favor y en la coyuntura de la escandalosa derrota que dejó “bichi” de posiciones electorales a Daniel Amador, y para colmo, con la acusación de cacicazgo, presentada en su contra por maestros en una gira de AMLO –que motivó la indicación directa del presidente López Obrador a Quirino Ordaz al respecto—,  el gobernador dejó pasar la oportunidad de recuperar la rectoría del Estado en el sector educativo.

¿Falta voluntad, valor, decisión o inteligencia, o todas juntas? Si bien, es correcto el análisis de que la base y origen de la fuerza de Amador es el control de la sección 53 del SNTE y que mientras tenga el control hay que considerarlo  –y que hay que ganarle la sección para reducir su poder—, la estrategia de formar un grupo radical que lo enfrente –rojos—, no tiene posibilidades de éxito.  Ningún gobernador, ni secretario de educación, ni equipo de funcionarios, ni grupo de maestros opositores radicales, ni todos juntos,  le va a ganar a Daniel Amador el control de la sección 53 del SNTE en una competencia frontal con las reglas actuales de elección.

La única posibilidad –de tener alguna oportunidad— es que antes de la elección de comité ejecutivo de la sección 53 –que por cierto, el CEN del SNTE pretende adelantar para noviembre de este año— cambien las reglas hacia el anunciado voto universal, directo y secreto. De lo contrario, no tienen ninguna posibilidad de ganarle.

Sin embargo, hay otra forma. “Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”. Los únicos con posibilidad de ganarle a Amador son los propios amadoristas (o ex amadoristas). Los que conocen y saben jugar con sus mismas reglas. Hasta hoy, el análisis se ha concentrado en la confrontación de rojos y blancos. Una visión reduccionista y en la que, en todos los escenarios, ganarían los blancos, a menos que se fuera al extremo de provocar un incidente violento con un saldo que costara la salida del líder sindical.

No obstante, esperando que nadie le apueste a esa opción, que sería reprobable desde todos los ángulos, para la educación y para el magisterio, la posibilidad política –no violenta— estriba en la integración de los disidentes internos –muchos ya saben que el ex senador no les ha cumplido ni les cumplirá— y examadoristas que, por una u otra circunstancia, han sido excluidos del grupo de poder, aun siendo dueños de liderazgo, pues la mayor parte del magisterio estatal no está con los rojos –radicales extremos—, pero tampoco está con los blancos –defensores y operadores interesados de los excesos de Amador—, sino en una muy amplia franja intermedia que detesta tener que elegir entre los extremos rojos o blancos y que estaría mucho más cómoda con una tercera opción integrada por dirigentes menos radicales que los rojos y más honestos y mesurados que los blancos.

Una tercera opción intermedia –conciliadora y eficiente, crítica, honesta, experimentada, institucional pero democrática y verdaderamente representativa del magisterio—, podría ser la alternativa que el gobernador Quirino Ordaz necesita para transitar hacia el 21 sin tener que lidiar con la amenaza y el chantaje para mantener la estabilidad política del Estado.

Una tercera opción se está configurando…

 


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