Zona chilanga | ¿Quién… dice?

Zona chilanga | ¿Quién… dice?

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¿Quiénes tienen la autoridad para decir qué es correcto o incorrecto? Nadie. Lo que se puede decir es que el uso de tal palabra es más frecuente que otra. Así cada uno decidirá si sigue comiendo tortillas calentitas o calientitas, si hace fila o cola, si pide el cambio o la feria, si se entristece o se agüita, si se troncha o se entumece, si pide poquito o una pringuita, si como tomate o jitomate, si lo agarras o lo coges… Lo que sí debemos saber es que la forma de hablar nos delata en todos los sentidos. Cuando la abuela Juana decía: “Ta bien sin novedá”, no negaba que toda la descendencia era de los llanos.

Haya o aiga, chispiar o chispitiar, terregal o tierregal…¿cuál forma es la correcta?, la correcta es la que cada quien usa; cuando ya no puede entenderse con los demás busca y utiliza nuevas palabras. “Hay fuerzas que imponen, como el ambiente académico y laboral, sólo así es que uno se ajusta a la norma. Un chavo habla de tal o cual manera en la calle o con sus amigos, pero sabe que no puede o no debe hablar así en el trabajo. La sintaxis no cambia, lo que sí varía, de región en región, es el léxico…” los personajes hablaban y yo escuchaba la forma tan correcta de dirigirse a la concurrencia. Se trataba de dos integrantes de la Academia Mexicana de la Lengua; era momento de parar oreja

“Hasta que dejamos de entendernos es que las cosas ya no se permiten”. Cuántas veces había escuchado decir: —No se dice así; es incorrecto. Se dice de tal o cual manera. —Pero nosotros en mi tierra así decimos. —Pasa que en tu tierra no saben hablar. —Pero así hemos dicho siempre, y nos entendemos. —Que siempre lo digan no quiere decir que sea correcto, sino que lo han dicho mal siempre… “A medida que uno tenga mayor dignidad, defenderá la variante que se hable en su comunidad”. El mayor ejemplo de eso es que Vargas Llosa escribe con su español peruano y pertenece a la Real Academia Española —además de haber ganado el Nobel de Literatura—.

¿Tendríamos que estandarizar la forma de hablar?, sólo si queremos pertenecer a un grupo que así lo exija —trabajar en un medio de comunicación o en una escuela de idiomas—, dicen los expertos. Pero, omitir nuestros regionalismos porque alguien nos ha dicho que es incorrecto, es la forma más grotesca de subyugarnos ante el otro —no importa que sean chilangos; debemos de saberlo y entenderlo—. Así como deberíamos de defender un gusto por vestir los trapos que queramos, el corte de cabello, el placer de escuchar un tango, un huapango —¿quién dijo que tambora y grupera?— de tomar un té, un café, una horchata o un raspado, un martini, un kir…

Uniformar nuestro gusto o la forma de hablar, es encaminarnos a un sometimiento que anulará nuestra personalidad, primero, para luego avasallar nuestra dignidad. Debemos de mantener la variedad léxica.

Lo último que hicieron los hombres de la Academia —quienes se niegan a utilizar el término correcto e incorrecto—, fue dar respuesta a una pregunta un tanto fuera de lugar: ¿los libros electrónico acabarán con los libros de papel?  No lo creo. Más bien la gente está volviendo a escribir; una costumbre que ya se había perdido. Lo que les puedo decir es que leer en pantalla es como ver a través de una habitación y leer en papel es habitar la casa completa; en ésta última hay una visión de conjunto, un objeto al que se puede regresar una y otra vez. Ellos terminaron y yo abandoné el aula pensando que si vamos aceptando las reglas de otros, sin saber el por qué, estaremos habitando una sola y triste habitación cuando tenemos la libertad de entrar y recorrer la casa y todos sus bellísimos llanos.

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latiajuanaranch@gmail.com

 


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