Fernando González: ¿líder político o mercader de candidaturas? | El análisis de Alejandro Luna

Fernando González: ¿líder político o mercader de candidaturas? | El análisis de Alejandro Luna

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Fernando González Sánchez es un hombre brillante. Agudo en el análisis, polemista, informado y audaz. Ha navegado en las grandes y turbulentas aguas de la política nacional y ha trascendido al colapso del sistema.

A pesar de haber estado en la cresta de la ola panista de la mano de la Elba Esther Gordillo, que naufragó en el sexenio peñista y que hoy emerge como el ave fénix para dirigir a la burocracia nacional, Fernando se apresta para surfear la ola de la cuarta transformación montado en la tabla de Redes Sociales Progresistas, un nuevo proyecto político que recoge la mitad de los despojos de Nueva Alianza amalgamados con las fugas de Morena para construir un partido que va en busca de la clase media “del bajío y el norte” –los dominios de Tatiana Clouthier–, para conquistar el poder en el 2021 de la mano del presidente López Obrador, aprovechando que el movimiento Morena ya no se mueve.

Sin ocultar los destellos de un discurso “medio fifí”, que busca congraciarse con la clase media alta del norte, con quien ya ha pactado algunas alianzas, como en el caso de Sinaloa, con personajes como Eustaquio de Nicolás y Gerardo Vargas –y no hay que descartar a Jesús Vizcarra, quien tiene amistad con la maestra– en busca de financiamiento, habla de respetar la propiedad privada, la libertad económica, proteger el libre mercado, y la desideologización de la sociedad. De una alternativa práctica, funcional de hacer política, abierta a todas las expresiones en busca del bienestar social, menos a las expresiones de socialismo y de rechazar el financiamiento público a los partidos. Habría que analizar luego por qué los países del norte de Europa, que tienen los mayores niveles de bienestar social, con base en la libertad económica, siguen incorporando lo mejor del socialismo.

Sin duda Fernando se montará en la ola de la 4T de la mano de Elba Esther, a pesar de que en Morena no lo quieren, –quizá por su discurso fifí—, pero precisamente por eso construye un nuevo partido sin tener que hacer fila en Morena para competir por las posiciones de poder. Aspira a 50 curules para el 2021, lo cual es muy probable, sobre todo si el movimiento (Morena) sigue sin moverse y si Elba Esther logra de nuevo el control del SNTE y dirigir la burocracia nacional.

Sin embargo, Fernando tiene una debilidad. Su discurso ha logrado seducir por buen tiempo a intelectuales, políticos y empresarios –que le han allegado votos y dinero—, pero no ha logrado empatizar abajo, con los electores. Su último gran fracaso electoral lo tuvo en Sinaloa cuando compitió para la senaduría por el partido Nueva Alianza en amarre con Héctor Melesio Cuen Ojeda.

Los votos que obtuvo Nueva Alianza los consiguió Cuén, que en ese entonces estaba muy en el ánimo de la gente, pero Fernando, que esperaba el apoyo arrasador del magisterio por su relación tan cercana con Elba Esther –entonces líder del magisterio nacional–, tuvo un terrible descalabro. Los maestros no se sumaron a su campaña. Y los que lo hicieron formalmente no lo hicieron realmente.

El haber hecho acuerdos cupulares sin la participación del magisterio y haber dado un trato despótico a los maestros, montado en la estructura de un partido de maestros, le provocó un tremendo revés. Fernando despilfarró mucho dinero en publicidad, sobre todo en el periódico de mayor circulación, mientras el resto de los candidatos magisteriales no tenían ni para gasolina. No tuvo la gentileza de llamar a una reunión y pedir el apoyo de los líderes magisteriales de la sección 27. “Quería que porque era familiar de Elba Esther todos le rindiéramos pleitesía y que fuéramos sus mandaderos”, habría dicho en aquel entonces Saúl Gómez, destacado personaje del magisterio federalizado, influyente jefe de sector y miembro del comité seccional. Era el sentir los dirigentes sindicales y de los maestros, a pesar de las cuentas alegres que le presentaba Salomé.

Además, la primera ofensa al magisterio federalizado –que soportaba la estructura de Nueva Alianza—, fue haberles impuesto como dirigente partidista a Maira Zazueta, destacado personaje de la sección 53 del SNTE, sección que se había mantenido en las filas del PRI –nunca se alineó a Nueva Alianza— y que en ese momento postulaba a su jefe político Daniel Amador, a la senaduría. Tenía al enemigo en casa y a los amigos crucificados.

Y aunque ahora Fernando González explica que la situación es diferente, porque Nueva Alianza era un partido de nicho y ahora se trata de un proyecto abierto a toda la sociedad, donde los maestros podrían tener un espacio importante pero no dominante, sigue teniendo un problema de relación con los propios maestros a los que usa pero no reconoce.  Los maestros no olvidan que Fernando haya cedido las candidaturas que tenían posibilidades de ganarse, a sus amigos y empresarios sin relación con el magisterio, mientras que, a los maestros, solo les cedía candidaturas para sumar votos pero que no tenían posibilidades de triunfo.

Este problema podría seguir latente en Sinaloa, pues en el evento preliminar a la formación del partido Redes Sociales Progresistas, no estuvieron los representantes de Maestros por México, el bastión gordillista de apoyo a López Obrador en la campaña. Y a pesar de que la maestra Rosy informó a la prensa que el proyecto RSP ya tenía 120 mil afiliados en Sinaloa –quizá lo dijo por error y no con mala intención–, y Fernando trato de enmendar diciendo que en realidad tenían unos 14 mil, lo cierto es que podrían incorporar, en realidad, poco más de 3 mil afiliados para el primero de junio –3 mil es el requisito que pone el INE–.

Sin embargo, tal parece que para poder completar el mínimo de 3 mil afiliados, para validar la asamblea constitutiva en Sinaloa, están pidiendo prestado gente a Morena –aunque después se la regresen–, pues en la reunión estuvieron presente algunos líderes y ex candidatos morenistas como José Ángel Beltrán y Claudio López Camacho. Ellos seguramente no dejarían Morena, por lo pronto, pero tienen acceso a gente –campesinos, colonos, maestros– que podrían usar para garantizar el mínimo de afiliados para la constitución de RSP y luego cobrar el favor a través de candidaturas.

No obstante, al margen de que esta especulación se convirtiera en realidad, lo cierto es que Fernando no ha logrado conectar con el electorado y tiene dificultades de relación con el magisterio que ahora estaría más dividido, pues no sólo tendría diferencias naturales con los seguidores de la corriente institucional que encabeza Alfonso Cepeda, sino que también las tiene con los propios Maestros por México.

El proyecto es interesante y está bien enfocado en un sector social que busca mayor representación en la transformación del país y que no es sumiso al presidente –como lo demuestra la irreverencia de Tatiana, quien sí ha logrado conectar con la gente—. Seguramente veremos a Fernando en el 2021 en San Lázaro o en el Senado haciendo alianzas con los morenistas y petistas para hacer leyes y proyectos nacionales, aprovechando que aún hay candidaturas de RP,  pero su posibilidad de pasar de un brillante político circunstancial a un verdadero líder político estriba en trascender su costumbre y su visión pragmática de regentear un partido familiar y de amigos, con candidaturas a la venta del mejor postor, y conectarse con la gente, con los electores, comenzando por empatizar con los maestros y arreglar viejas diferencias con sus dirigentes, algunos de los cuales no olvidan que se les cayeron los segunderos a los Rólex que les regaló la maestra.

Fernando está en tiempo y en circunstancia de construir un proyecto político alternativo, a la altura de los cambios comprometidos por AMLO y que requiere el país –altura que no está teniendo Morena—; que capitalice ese gran segmento de población que no se siente muy representado en el actual gobierno. Tiene la inteligencia y la capacidad. Es un sinaloense brillante en la política nacional, audaz. Habrá que esperar a ver si aprendió de sus errores electorales y logra bajar a la tierra a hacer política y conectarse con la gente, o le gana de nuevo la soberbia y sigue flotando en el discurso fifí y las mentiras estadísticas que lo descalabraron la vez anterior. Esperemos pues.

SOBRE EL AUTOR:

Alejandro Luna Ibarra es periodista y docente universitario con más de 30 años de experiencia. Ha ejercido el periodismo en diversos medios impresos, en radio y televisión así como en medios digitales. Realizó estudios de maestría y doctorado en educación y actualmente comparte su tiempo entre la docencia en educacion superior  y la investigación y análisis de temas educativos.


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