Hablemos de orgullo | ¿A qué se enfrentan los ciudadanos LGBT+ en Culiacán?

Hablemos de orgullo | ¿A qué se enfrentan los ciudadanos LGBT+ en Culiacán?

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Aunque mucho se pregona que Culiacán es una ciudad que está creciendo a pasos agigantados en materia de inclusión y respeto a la ciudadanía LGBT+, los atropellos en contra de los derechos de estos ciudadanos aún se viven en la capital sinaloense, desde el más simple insulto en forma de chiste hasta los crímenes por odio que siguen sin ser atendidos.

El 17 de mayo es el Día Internacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia, justo esta mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador nombró esta conmemoración como un Día Nacional, aunque los esfuerzos formales en pro de los derechos de los LGBT+ avanzan a ritmos disparejos en diferentes regiones del país.

La situación en Sinaloa se mantiene estancada tanto en el plano legal como en la interacción social.

El culichi tiene la fama de ser alivianado, hospitalario y bromista, y es justo en esta personalidad ‘alivianada y burlona’ donde se refugian en gran medida las agresiones cotidianas que se cometen en contra de los miembros de la ciudadanía LGBT+.



Entre broma y broma, los LGBT+ en Culiacán lidian con muchos tabúes y estigmas que los sitúan en situaciones de riesgo y de diferentes tipos de violencia.

A continuación recopilamos 5 de muchas historias de agresiones por homofobia entre los culichis:

“A mí me corrieron de mi trabajo por lesbiana y te lo digo así en seco porque así también lo viví. Ya tenía como 4 meses trabajando en una distribuidora de celulares y siempre fui muy reservada con mis cosas. Todo se vino abajo cuando mi novia comenzó a pasar por mí en las noches, porque yo salía como a las 9 y ya se ponía muy oscuro. Tenía una compañera con la que tenía confianza, una vez me preguntó si mi pareja era mi hermana y yo le respondí que era mi novia, a ella se le desencajó el rostro, pero pensé que fue por la sorpresa porque todos mis amigos dicen que ni se me nota. A los dos días mi jefa platicó conmigo y me dijo que iba a hacer un recorte de personal, pero solo me ‘recortó’ a mí. A los días quise hablar con mi excompañera, pero me bloqueó de todas las redes sociales”.

Clarissa, 21 años.

“Fuimos a comer a un conocido restaurante de allá de Culiacán, quizás los más populares de la ciudad, yo había ido a ver a mi novio porque vivo en Guadalajara y nos acompañaron dos amigos de él. Estábamos sentados y ya habíamos ordenado, entonces se me ocurrió tomar la mano de él por debajo de la mesa, cuando voltee al otro lado estaba un grupo de meseros riéndose de nosotros y señalándonos de forma muy irrespetuosa, salimos inmediatamente de ese lugar”.

Jorge Luis, 29 años.





“Odiaba esa clase, no porque no me gustara sino que el profesor la hacía aburrida y cansada; le podría agregar que a él no le gustaba para nada mi personalidad, mucho menos mi evidente homosexualidad. Decidí hablar con el coordinador académico para retomarla de nuevo en otra ocasión con otro profesor el siguiente ciclo, él aceptó y habló con mi maestro para que este me mandara a recusar la materia en otra oportunidad. Al finalizar el semestre recibí mi kardex y vi que el maestro me había calificado con un 6, las actas estaban cerradas y ya no tendría oportunidad de recusar de nuevo ese modulo. Fui a platicar con el coordinador y él me envió con mi maestro, al llegar con el profesor él solamente me sonrió con maldad y me dijo en voz baja: ‘Creíste que te ibas a salir con la tuya, mariconcito’. Me saqué mucho de onda y aunque reclamé muchas veces, nadie en la UAS hizo nada”.

Agustín, 19 años.

 

“Estábamos en el ágora del ISIC, Nora mi novia me había llevado al Masin a ver unas pinturas y de ahí nos pasamos para allá. Había otras dos parejas heterosexuales y se estaban besando en las bancas. Yo no soy mucho de dar besos en la calle pero me sentía segura ahí, así que me animé y le robe un beso a Nora. Fue muy rápido realmente. Nos pusimos a platicar y ella tomó mi mano, rápido salió una señora de las oficinas y nos dijo que ese no era un lugar para hacer esas cosas porque por ahí pasaban muchos niños. A las otras parejas no les dijo nada y sus besos eran más intensos. Le señalé eso y se quedó callada. Nos fuimos, pero antes le di otro beso a mi novia”.

 

Daniela, 23 años.

 





“Fue en una peda, yo ya estaba algo tomado y la verdad ya me quería ir de ese lugar, pero una de mis amigas estaba con unos morros platicando así que me senté a esperarla, me le quedaba viendo mucho a ver si se regresaba para irnos pero no venía, así que fui por ella para irnos juntos como llegamos. Le dije que ya era tarde y ella me respondió que nada más iba al baño y ya, cuando ella se fue los tipos con los que estaba comenzaron a hacer bromas sobre mi evidente homosexualidad y uno de ellos se acercó groseramente hacia mí, yo lo empujé y me dio una cachetada. Mi amiga alcanzó a ver y corrió por mí, me tomó de la mano y nos fuimos”.

Noé, 26 años.

Mientras el Comité de la Diversidad en Sinaloa trabaja arduamente con tres iniciativas estancadas en el Congreso de Sinaloa, con la intención de validar legalmente los derechos de los LGBT+ en el estado y de esta forma reducir la violencia en todas sus formas contra este grupo ciudadano, queda en evidencia que todavía falta mucho por trabajar a nivel social y en atención de atentados en contra de los derechos humanos de los rectores más vulnerables de la población en Sinaloa y en Culiacán.





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