Oficio de riesgo | ¿Cómo es ser músico regional en Sinaloa?

Oficio de riesgo | ¿Cómo es ser músico regional en Sinaloa?

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Ser músico regularmente suele ser un oficio liberador, de esos que quienes lo ejercen están de acuerdo en que no hay una cosa mejor, siendo un trabajo que pueden disfrutar, donde se expresan y se divierten al mismo tiempo.

Pero, como en todo, hay una excepción a la regla. Hablamos de ser músico del género regional o norteño en Sinaloa.

Todo comienza cuando la noche se alarga y los excesos arrancan. Si algo nos suele diferenciar de otros lugares es que cuando un culichi comienza la fiesta, ya no quiere parar.

Ahí es cuando a quienes son contratados por personas con poder les empieza a ir mal: lo más seguro es que tendrán que seguir tocando a capricho de los organizadores, pues de negarse podrían correr el riesgo de que este sea su último show.

Historias del peligro latente

Jair, un músico dedicado al género norteño, narra cómo en una fiesta para la cual habían contratado al conjunto en el que toca terminó de forma espantosa.

Mientras tocaban, los radios empezaron a sonar diciendo que “las rápidas” (refiriéndose a los soldados) se acercaban, que sacaran al jefe de ahí. En un momento comenzaron a oírse balazos en la lejanía y todos se echaron a correr.

Los músicos no sabían que hacer, ya que de una u otra forma tenían todas las de perder, entonces lo que hicieron fue correr hacia una hamaca , esconderse dentro de ella y pasar toda la noche hasta que cesaron los ruidos de la balacera.

“Se miraban pasar las balas como estrellas”.




Por la mañana, bajaron por una vereda, esperanzados de encontrar algún pueblo cercano donde pudieran encontrar un poco de comida para luego volver a Culiacán.

Anécdotas de riesgo

“Una vez estábamos nosotros tocando canciones de los chimales, de los chapitos y un bato nos pidió que cantáramos una canción de los Dámaso, Nosotros le dijimos: ‘oiga, disculpe pero no podemos cantar de esas, nos dijeron que no las cantáramos’ y el bato sacó un rifle y me dijo: ‘Bueno, ¿pues tú crees que te mandas solo o qué verga?, si yo te pido que cantes esa canción, la vas a cantar y el que te haga algo ahorita lo disolvemos en ácido’, me sentí muy intimidado”.

 

El baile del muñeco

César, otro músico del gremio de los corridos alterados, relató que en una ocasión, estaban tocando para unos ‘malandros’ en un solar baldío. Todo iba normal, pero al ir avanzando la noche y embriagándose los presentes, comenzaron a bromear con algo a lo que llamaban ‘el muñeco’.

“Estábamos tocando y empezaron a decir: ‘Hey, vas a despertar al muñeco’, y nosotros: ‘¿Pues qué muñeco?’, y resulta que ya cuando andaban pedillos, pues sopearon que traían a un bato muerto ahí en el asiento de atrás y ya que andaban pedos, lo abrieron y decían: ‘Hey aquí está el muñeco’ y lo traían muerto ahí”, aclaró.

Al ver esto, a los músicos no les quedó más que preguntar que si qué había pasado, y la respuesta para ellos fue que desde la mañana lo habían matado pero ahí lo traían.

“Nosotros preguntamos qué pedo con ese bato y nos dijeron: ‘No pues desde la mañana lo matamos nomás que no lo hemos tirado, ya fuimos al super con él, ahí lo traemos, al rato vamos y lo tiramos’, y ahí siguieron pisteando con el bato muerto”, comentó.




Mantenerse profesional

Como antiguo músico del género norteño, el director del IMJU en Culiacán Carlos Alonso Ramírez Reyes, recomendó a los jóvenes músicos de este género que aprendan a delimitar lo profesional de lo personal.

Al comentar sobre su experiencia personal como músico en Culiacán, señaló que muchas veces los jóvenes músicos confunden su papel en estas fiestas privadas al olvidar el trato profesional y empezar a actuar como cualquier otro invitado. “Es ahí cuando los problemas llegan”, advirtió.

“Uno es el músico y hay que saber delimitar eso, tocar y agradecer y luego te regresas”.





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