Tema de la semana | ¿Quién quiere un ‘elefante blanco’?

Tema de la semana | ¿Quién quiere un ‘elefante blanco’?

Para el antiguo reino de Siam, ahora Tailandia, los elefantes blancos o albinos son animales sagrados, símbolos de poder exclusivos de reyes; en las culturas occidentales le hemos llamado ‘elefantes blancos’ a aquellas obras públicas que, al quedar abandonadas o inconclusas, representan altos costos que superan los beneficios que reportan a la sociedad.

La relación entre estas dos concepciones de lo que es un ‘elefante blanco’ se asocia a una historia de la cultura tailandesa según la cual los reyes de Siam le regalaban estos animales a aquellos súbditos o cortesanos que les caían mal o con los que no estaban satisfechos.

Al final, el regalo se convertía en una pesada carga que, al requerir de cuidados extremadamente costosos, como comida especial e instalaciones para permitir el acceso a quienes quisieran venerar al animal, terminaba por arruinar las finanzas de sus nuevos dueños.

Tal vez luego de ser mil veces contada, esta expresión terminó por ser registrada en el diccionario Oxford de Inglés, que define Elefante Blanco (White Elephant) como:

“Una posesión que es inútil o problemática, especialmente una que es cara de mantener o difícil de eliminar”.

Insertándonos en Sinaloa, en esta definición claramente caben propiedades y obras como la Casa de Gobierno, el Parque Temático de Culiacán, el CIP Teacapán, el Tiburonario de Mazatlán, el Edificio Homex y la Biblioteca Gilberto Owen, por mencionar solo algunos de los casos más visibles.

Cifras aparte, todos estos son monumentos que evidencian el ego, la ocurrencia, la mala planeación, la corrupción y la opacidad con la que las autoridades han ejercido la inversión en infraestructura urbana.

En un contexto de lento flujo de recursos federales hacía los estados y municipios, el gobernador Quirino Ordaz Coppel busca que estos ‘elefantes blancos’ dejen de ser una carga para los sinaloenses y, a través de su renta, venta o concesión, puedan reportar beneficios a las finanzas estatales y, por consiguiente, también a la ciudadanía.

Es así que durante los últimos meses Ordaz Coppel ha anunciado la subasta de la Casa de Gobierno por parte del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes; ha declarado la posibilidad de vendes o concesionar el Parque Temático de Culiacán y anunciado la venta del Centro Integralmente Planeado Playa Espíritu en el sur del estado.

En todos los casos el argumento ha sido similar: “Representa un alto costo para el gobierno”, “el gobierno no debe operar esas cosas”.

En otra tesitura, Norma Sánchez, miembro del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción de Sinaloa, ha indicado también la necesidad de legislar con el fin de evitar la reproducción de más obras de este tipo.

Un primer paso, indica, es la reforma a la Ley de Obra Pública y Servicios Relacionados con las Mismas del Estado de Sinaloa. Pero añade otras acciones que podrían encaminar a que los gobiernos se blinden ante los ‘elefantes blancos’:

  • Que el Congreso de Sinaloa autorice recursos solo para los proyectos establecidos en el Plan Anual de Obra Pública.
  • Que los programas de obras públicas de Sinaloa y los 18 municipios estén alineados al Plan Estatal y Nacional de Desarrollo.
  • Que la Ley de Obras legisle la creación de plataformas electrónicas que transparenten el ciclo completo de las obras.
  • La aplicación de sanciones a servidores públicos y a particulares que abandonan obras sin justificación clara ni transparente.

Cabe aquí mencionar también la experiencia colombiana. A través de su Secretaría de Transparencia, el gobierno de Colombia ha puesto a disposición de sus ciudadanos una aplicación electrónica móvil que permite reportar, con fotografías tomadas desde teléfonos inteligentes, las obras públicas que son consideradas por los ciudadanos como ‘elefantes blancos’.

Además, los usuarios pueden emitir sus votos de rechazo hacia los elefantes y consultar el top 5 de los más votados por otros ciudadanos. El objetivo de esto es promover que dichas obras sean finalizadas y se usen para el propósito para el cual fueron concebidas.

Tanto en la historia tailandesa como en la acepción que se le dio en occidente, el elefante blanco es una carga que una figura de autoridad (gobernante o rey) coloca sobre un súbdito o gobernado.

Sin embargo, mientras que en la historia tailandesa el regalo genera dificultades solo a sus destinatarios directos, en nuestros gobiernos la carga financiera y administrativa generada por este tipo de proyectos termina por afectar tanto a la operación de los gobiernos subsecuentes como al conjunto de la sociedad.


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