Carlos Gandarilla, el “cachorro” nacido para gobernar | El análisis de Alejandro Luna

Carlos Gandarilla, el “cachorro” nacido para gobernar | El análisis de Alejandro Luna

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Durante mucho tiempo las siglas del PRI fueron sinónimo de respeto. De poder. Recogía plenamente la representación de las clases altas, las clases medias y las clases bajas en expresión del pacto posrevolucionario entre ricos y pobres, que se refrendaría en los 70s en la frase “ni comunismo ni capitalismo: economía mixta”, de Luis Echeverría. El discurso revolucionario recogía las aspiraciones constitucionales y perfilaba el tipo de sociedad, de gobierno que había que construir, y el tipo de liderazgos necesarios para esa construcción: profundamente humanistas, eficientes, con espíritu de servicios y representativos de las grandes causas sociales.

Sin embargo, el golpe de timón modernizador que vivió el país, promovido por Estados Unidos a finales de los 80s, empoderó a una clase tecnocrática, altamente pragmática que no representaba a nadie más que a sí misma. Su religión: el dinero. No importaba por qué medios, pero había que compactar poder económico y poder político en un mismo bloque alejado, muy alejado de las grandes causas sociales. Carlos Salinas llegó al poder por el PRI pero gobernó con la plataforma del PAN poniendo fin al discurso revolucionario y combatiendo a todos sus liderazgos y el modelo constitucional de sociedad, supliendo los valores humanos por el mercado y el libre comercio.

El PRI se prostituyó en aras de mantener el poder y empezó así su debacle y proceso de descomposición hasta nuestros días. Perdió el rumbo deslumbrado por el poder y sumido en la corrupción y aún se debate en ese pragmatismo.

En Sinaloa, la gloriosa clase política (priísta) de los 80s se desarticuló migrando en gran medida a diversas organizaciones para sobrevivir en pequeñas células, sin embargo, la fuerza y el poder que representaba sigue ahí. Más allá de las siglas de partidos políticos, pero no ha habido quien sea capaz de alcanzar a verla, rescatarla y hacer los amarres necesarios para volverla a empoderar. Que reúna los intereses de las clases altas y las clases medias y bajas, que tienda un puente entre las nuevas generaciones y la vieja guardia política y sus compromisos. Esto en nuestros días es muy difícil pero no imposible.

Esta fuerza será determinante en la próxima elección de gobernador de Sinaloa, pero está desarticulada porque no ha habido quien la represente. Hace falta un liderazgo eficiente y dinámico, visionario y sensible, capaz y profundamente humanista, para colocarse al frente de la mayoría de los sinaloenses, más allá de las siglas de partidos políticos.

En esta ruta está  la posibilidad de Carlos Gandarilla García de lograr la gubernatura en el 2021. Tiene el perfil, la plataforma y el padrino necesario. Si se activan en conjunto, lo imposible se empezaría a tornar posible. Por lo pronto, Carlos Gandarilla aparece como uno de los prospectos más viables del equipo del gobernador para asumir su relevo. Al igual que Juan Alfonso Mejía, es joven, dinámico, informado y creativo, con la diferencia de que Juan Alfonso es académico y fue contratado para impulsar un proyecto político, mientras que Gandarilla es político de Cepa y representa a toda esa clase política que construyó gobierno y sociedad a finales del siglo pasado y que, lastimada y desplazada, pero sigue ahí. Y sus compromisos también. Gandarilla es el cachorro.

EL PADRINO

Carlos Gandarilla es hijo de Víctor Gandarilla (delegado de la SEGOB en Sinaloa hasta hace unos días), uno de los personales más destacados de la clase política que dominó en los 80s y es ahijado del más grande, agudo y audaz líder político sinaloense que sigue con vida. Juan Millán es el último descendiente directo de los grandes líderes posrevolucionarios, “el último de los mohicanos” que comandó a la clase política sinaloense y aunque retirado de la vida pública, sigue ahí. Es quizá el político más influyente en Sinaloa, al grado que no ha perdido ninguna elección de gobernador después de su mandato. Ganó con Aguilar, ganó con Malova y ganó con Quirino. Y podría ser determinante en la siguiente elección si decide reactivar a la clase política, sin importar en que partido estén ahora. Ese nunca fue impedimento.

Millán durante su liderazgo coptó a la izquierda y dominó a la derecha. Lanzó a Jesús Aguilar por el PRI y a Heriberto Félix, su secretario de desarrollo económico, por el PAN. A los dirigentes izquierdistas los tenía en la nómina. La misma estrategia sugirió al gobierno de Malova.

GANDARILLA, EL PUENTE

Carlos Gandarilla García, actual Secretario de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado, joven inquieto –46 años— y con una formación política sólida. Sumamente informado, al pendiente de lo que pasa a nivel nacional e internacional, no niega su vena política, pero es también muy disciplinado y leal a sus compromisos y a su jefe el gobernador Quirino Ordaz Coppel.

Gandarilla fue secretario particular del gobernador Juan Millán donde tuvo la oportunidad de conocer de cerca cómo se hace la política desde el gobierno, quien es quien en los niveles de poder y cómo se tejen las relaciones políticas y de poder, sin embargo, al terminar su encargo, se dedicó a su vida profesional desapareciendo del escenario político, hasta el 2013, cuando se incorpora a la fundación Colosio, luego como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI y después de la campaña, al gobierno de Quirino.

Del 2005 al 2013 se dedicó además a hacer relaciones con diversos sectores profesionales y sociales, y su desempeño profesional le permitió establecer excelentes vínculos con los grupos empresariales del estado. Fue presidente del patronato de la Cruz Roja y ha participado en distintos organismos donde ha dejado huella por el profesionalismo en su desempeño, pero sobre todo, por su trato humano a las personas.

Aun cuando proviene de la clase política y fue presidente del PRI, sabe que el partido no es garantía de nada y sobre todo, en medio de la crisis que atraviesa ahora, y que su posibilidad estriba en hacer el mejor trabajo como secretario de estado, no sólo eficiente, sino visionario y creativo, con profundo contenido social, que haga al gobernador presentar muy buenas cuentas a la sociedad. Y que el gobernador decidiera heredarle su capital político para impulsar sus aspiraciones a la gubernatura en 2021, por lo que para él ahora no es tiempo de hablar de política.

Tiene claro que su misión ahora es hacer bien su trabajo. Entre mejores sean sus cuentas, mayor será el capital político que podría heredar. Su debilidad, en estos momentos, es su estrecho vínculo con las siglas del PRI. Su fortaleza, su formación y experiencia política, y su relación con los grupos sociales. Su oportunidad, que el gobernador decidiera heredarle todo su capital político y depositárselo bajo las siglas de un partido político. Lo demás, es cuestión de estrategia y para ello tiene al mejor padrino y el mejor perfil.

Millán y la clase política sinaloense tienen en Gandarilla a su mejor representante. Gandarilla, por su parte, ha construido sus propias relaciones sociales y económicas con las nuevas generaciones, a las que entiende muy bien. Ahora es cuestión de tiempo, de la decisión del gobernador  y de que el rosarense mande la señal. En pocos minutos se trasluce: Gandarilla tiene toda la vida formándose para gobernar.


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