Letras sustentables | Ciudades ‘ambientalmente achacosas’

Letras sustentables | Ciudades ‘ambientalmente achacosas’

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“Una movilidad urbana basada en el transporte urbano, más ciclopistas, crecimiento vertical, reducción en la generación de basura, garantizar abastos seguros y de calidad de agua, entre otros, es lo que nos permitiría curar a nuestras ciudades”. 

Los urbanistas hacen mención de que las avenidas y calles son las arterias y venas de nuestras ciudades, y que por ellas fluyen los vehículos de combustión interna y las personas como si fueran la sangre que requiere un ser viviente para su supervivencia.

Entonces, si las avenidas y calles son el símil del sistema circulatorio sanguíneo ¿cuál es el cuerpo de una ciudad?.

Pensemos que el cuerpo de cualquier ciudad es el conglomerado de todas las colonias que la conforman, en suma sería lo que conocemos como la mancha urbana. Una mancha urbana que crece y crece cada año, requiriendo con ello que las arterias y venas también crezcan; al fin y al cabo, la mancha urbana es el cuerpo y requiere de este sistema para su supervivencia.

Con todo lo antes mencionado, podemos decir que una ciudad puede compararse con un ser vivo, y si el ser vivo crece, también crecen sus necesidades; y si no le damos una dieta adecuada el resultado final es lo que tenemos hoy:

Ciudades obesas que por falta de una planeación tienen hoy un superficie territorial exagerada y padecen un caos ambiental que amenaza con colapsarlas.

Sabemos que un organismo vivo requiere de energía la cual es suministrada por los alimentos, aire y agua, todos elementos que eventualmente son desechados en forma de heces, boñiga, deposición y otros sinónimos de una palabra que no quiero escribir para que mi única fan no se enoje conmigo; igual sucede con el oxígeno que al utilizarse en la respiración se desecha como bióxido de carbono y, por último, el agua consumida se desecha en el sudor y la orina.

Entonces una ciudad, como organismo vivo, también requiere de energía para su supervivencia, ¿de dónde la obtiene?



La energía sería la electricidad, todos los derivados del petróleo, alimentos y otros más, así como de aire y agua. Y como todo ser vivo, las ciudades también tienen sus desechos; no voy a escribir los sinónimos de arriba, pero aquí sí puedo decir que lo que una ciudad genera es basura, aguas negras y aire contaminado, entre otras cosas.

Pero como comentamos líneas arriba, hoy las ciudades padecen una serie de enfermedades producto de los excesos y de su obesidad.

Partimos de un crecimiento excesivo sustentado en una movilidad generada por los vehículos de combustión interna en donde las arterias y venas están llenas de colesterol y seguido se tapan por los congestionamientos; esto sucede y es constante en cualquier urbe que haya basado su planificación en los vehículos o que simple y llanamente creció a como se fueron dando las circunstancias.

En la actualidad estas enfermedades ya son crónicas y algunas de ellas ya están colapsando a estos cuerpos u organismos.

Achaques por la basura, regueros de desechos por las arterias y venas que causan colapsos, congestionándolas con diversos materiales, causando retención de líquidos, llamémosle hidropesía si seguimos con estas analogías.



Aguas contaminadas que se vierten fuera de toda normatividad ocasionan un sinfín de problemas en aquellas ciudades que cuentan con mantos de aguas en sus subsuelos, colapsando también a otros organismos y acercándonos, si seguimos con esta tendencia, cada día más a transformar un recurso natural renovable a uno no renovable.

La planificación de las ciudades alejada de los automóviles es la receta para empezar a tratar estos achaques crónicos.

Una movilidad urbana basada en el transporte urbano, más ciclopistas, crecimiento vertical, reducción en la generación de basura, garantizar abastos seguros y de calidad de agua, entre otros, es lo que nos permitiría curar a nuestras ciudades.

Una planificación urbana a largo plazo, ajena a los vaivenes políticos, una dieta y un tratamiento intensivo para las diversas enfermedades que padecen, que permita, en primera instancia, descongestionar las arterias y venas de las urbes (es lo prioritario). Añadamos asepsias, en donde sociedad y gobierno se unan para una intervención urbana urgente. Todo esto es ya una necesidad.

La planificación urbana es la cura para todas estas ciudades obesas, rancias por todos sus achaques.





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