Autonomía a Normales, primer experimento de la 4T | El análisis de Alejandro Luna

Autonomía a Normales, primer experimento de la 4T | El análisis de Alejandro Luna

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La mayoría de los mexicanos apoyó y sigue apoyando los esfuerzos del presidente López Obrador por transformar a México y generar mejores condiciones de vida para la población. Y aunque la mayoría no entiende en que consiste bien a bien la famosa 4T, simpatiza con la lucha contra la corrupción, contra el robo de hidrocarburos y contra los privilegios que tenían la clase política y funcionarios gubernamentales, empezando por los expresidentes.

Sin embargo, sin tener precisión de en qué consiste la cuarta transformación del país—cada quien puede hacer sus propias conjeturas—, lo que queda claro es que la transformación del país no es el regreso al pasado, ni la mera corrección de los errores del viejo régimen.

En la independencia –primera gran transformación— emergieron los mexicanos (antes había españoles, criollos, mestizos, indios, negros, mulatos…) como una amalgama de razas y culturas que adoptaron este tierra como propia para crecer y dar vida a una sociedad emergente. En la reforma –segunda gran transformación—, el liberalismo sentó las bases ideológicas de una sociedad moderna (inspirada en los postulados de la revolución francesa que dieron paso al surgimiento del capitalismo) basada en el conocimiento científico y orientada al progreso, libre de fanatismos religiosos. La revolución mexicana –tercera gran transformación—, generó el reparto agrario, el desarrollo regional y la consolidación de la burguesía emergente en un pacto que sentaría las bases para el desarrollo nacional compartido a través de instituciones como el IMSS, la CFE y el IPN, entre otras.

Es decir, la primera, segunda y tercera gran transformación del país, no pretendieron solamente corregir errores del pasado, sino generar nuevos procesos de construcción social a partir de la incorporación de nuevos actores sociales y visiones emergentes del mundo. Lo que implica que al gobierno le toca sentar las bases del cambio, pero la cuarta gran transformación del país la debe hacer la propia sociedad mexicana. Y en ese orden de ideas la educación es fundamental.

Pero el cambio debe responder a las ideas, necesidades y planteamientos de los grupos sociales emergentes y no de las élites y partidos aferrados a los privilegios que les brindó el viejo régimen. Hasta hoy nadie sabe que resultará de la cuarta gran transformación –si ésta logra consolidarse— porque deberá surgir de las nuevas interacciones e interrelaciones entre los actores sociales emergentes y éstos no son necesariamente los sectores sociales convencionales, sino la configuración de nuevos grupos y expresiones hermanados en torno a sus aspiraciones y propósitos. Hermanados en sus sueños y su disposición a perseguirlos, y no en esquemas obsoletos, impositivos y dominados por intereses de élites de poder.

En este sentido, los maestros están llamados a convertirse en actores emergentes de la cuarta gran transformación del país. Pero no esos que obedecen fielmente las órdenes de dirigentes títeres movidos por intereses externos, ni los que obedecen sumisos la “línea” de jefes políticos de tradición caciquil, o que sólo aplican los planes y programas de estudios porque son emitidos por la SEP sin cuestionar si responden o no a lo que se quiere y se debe formar en las nuevas generaciones, sino los que están dispuestos a construir una nueva sociedad, a cuestionar planes y programas impuestos por intereses internacionales contrarios a la cultura y las condiciones de este país; los que están dispuestos a ir más allá de los mandatos de sus líderes sindicales autocráticos y construir nuevos modelos de organización e interacción social y laboral, basados en el diálogo y la reflexión, en la participación colectiva y la aceptación de la diversidad.

Los maestros están llamados doblemente a ser esos actores emergentes. Por su naturaleza en la formación de las nuevas generaciones a través de su tarea cotidiana de educación y por su deseo y compromiso de transformar el país con una nueva perspectiva, de inclusión y de diálogo, de responsabilidad, que trascienda el pragmatismo de la razón instrumental impulsada por el neoliberalismo a través del modelo por competencias, que endiosa a la evaluación por encima de la propia educación y la formación humana.

En esta ruta los maestros de las escuelas normales están dando ya los primeros pasos. La realización del Congreso Nacional Permanente para el Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales es una muestra de lo que se puede y se debe hacer en este camino. Aunque hay que reconocer el impulso de la SEP y particularmente de la DGESPE en este ejercicio, representantes de las escuelas normales de todas las entidades del país, electos por sus propias bases, han participado libremente con sus ideas y propuestas, no sólo para pedir, sino para construir el camino del fortalecimiento y la transformación de las escuelas normales que por décadas habían permanecido en el olvido de los gobiernos.

Es decir, lo que hasta el sexenio pasado era consultas de mera simulación, hoy se está convirtiendo en la base de las propuestas para la elaboración de las leyes secundarias en materia de educación normal. El congreso iniciado en Metepec, Estado de México, el 16 y 17 de mayo de este año recogió la diversidad de las ideas y problemáticas de las normales de todo el país, sin embargo, había que organizar las ideas en propuestas. Y esto dio paso a la segunda sesión del congreso permanente realizado en San Luis Potosí los días 4 y 5 de julio, donde surgieron ya propuestas sobre temas que se consideraban hasta míticos, como la autonomía de las escuelas normales, ya que la educación normal se ha movido durante décadas bajo un estricto control de las disposiciones de la SEP.

La autonomía curricular y pedagógica de las escuelas normales; la participación de los maestros en el diseño de los reglamentos de ingreso y promoción; la creación de sistemas y programas nacionales de formación, capacitación y profesionalización vinculados a la promoción;  la definición del rumbo de las escuelas normales y del tipo de docente que se quiere formar, así como la definición del diseño de planes y programas de estudios son algunos de los temas que los maestros abordaron para elaborar las iniciativas de ley que serán presentadas a la cámara de diputados en los próximos meses y que deberán ser revisadas previamente por el congreso permanente de maestros de las escuelas normales, a decir del director general de la DGESPE, Mario Chávez.

El Congreso Nacional Permanente para el Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales es el primer experimento de participación social hacia la Cuarta Transformación impulsado por el gobierno de López Obrador.

Y en este mismo sentido (de ejercicios de participación libre y democrática), el proceso de elección por la vía del voto universal, de la dirigencia del SNTE, podría ser el segundo experimento. Si ambos funcionan, podríamos decir que la cuarta gran transformación del país ha empezado a caminar.

 

 


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