Carlo Mario Ortiz, clave para el renacimiento del PRI | El análisis de Alejandro Luna

Carlo Mario Ortiz, clave para el renacimiento del PRI | El análisis de Alejandro Luna

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El nivel de desprestigio del PRI ante la ventilación de escandalosos actos de corrupción protagonizados por algunos de sus personajes más representativos y encumbrados hace difícil que este partido pueda competir con éxito en las próximas elecciones, sobre todo si se presenta sólo.

Sus propias siglas son un lastre muy pesado de cargar, al menos en estos tiempos en que no se sabe si podrá resurgir o definitivamente desaparecerá. Sin embargo, el hecho de que el partido desapareciera no implica que desaparezcan las fuerzas (económicas, políticas y sociales) que representa. Lo que se hunde es el barco –no necesariamente sus pasajeros y tripulantes—, pues a la voz de “sálvese quien pueda”, después de chocar con el iceberg del primero de julio del 2018, muchos alcanzaron a saltar hacia otras organizaciones, principalmente a Morena y algunos otros –recientemente— hacia Redes Sociales Progresistas (RSP) bajo la protección de Elba Esther Gordillo.

El siguiente y duro golpe que recibirá lo que queda del PRI será la próxima reforma electoral promovida por el presidente Andrés Manuel López Obrador que busca reducir a la mitad el monto de las prerrogativas otorgadas a los partidos en las entidades federativas, lo que obligará a las organizaciones políticas a ser más eficientes en su trabajo político para poder merecer el voto del electorado o a desaparecer.

Sin embargo, en una perspectiva optimista, el PRI no desaparecería. En primer lugar, porque sigue representando a una parte de la sociedad que debe ser representada en la toma de decisiones del país. Es decir, es necesario para mantener los contrapesos que permiten el juego democrático, pues de lo contrario, aumenta el riesgo de que un gobierno electo democráticamente se convierta en autocracia o dictadura.

En segundo lugar, porque aunque, ahora que no tiene el control de los medios, se publicita mucho más lo negativo que lo positivo (todo lo positivo tiene un lado negativo y todo lo negativo tiene un lado positivo) y hay que reconocer que no todo lo que están haciendo los gobiernos priístas es negativo. Si bien, no todo lo que se publicita desde el poder de los gobiernos priístas es como se dice, tampoco hay que descalificarlo por el sólo hecho de provenir del PRI.

Y tercero, tampoco podemos asegurar que todo lo que proviene del gobierno federal y de los gobiernos de la alianza morenista es mejor en automático. Ahí tenemos como ejemplo los frecuentes errores de los alcaldes de Ahome, Guillermo Chapman y de Culiacán, Jesús Estrada, que aunados al mal manejo en los medios, ponen al electorado en una seria disyuntiva. Votar por gobiernos locales ineptos, por el sólo hecho de llevar las siglas de Morena, o volver a votar por el PRI, desprestigiado a nivel nacional pero con administraciones locales más eficientes.

En este sentido, la posibilidad de resurgir, o de sobrevivir del PRI tiene que ver con un buen desempeño de sus gobiernos locales. Por un lado, porque tiene los recursos para servir a la gente, para tener el contacto y a través de su (buen) desempeño inducir el voto en las próximas elecciones. Y aunque el gobierno estatal no está clasificado como un mal gobierno, en el sentir del electorado sigue presente la percepción de que llegó para proteger a los intereses del viejo régimen en Sinaloa y lo sigue haciendo, por lo que para poder sentir y vivir el triunfo de López Obrador en Sinaloa, aún falta votar por el candidato de AMLO en una elección estatal.

Es decir, Sinaloa tiene una cuenta pendiente con Morena. Le debe aún a López Obrador el voto en la elección estatal para cumplirle con el paquete completo. Para que el triunfo de AMLO sea total, en el estado más “amloísta” del país –Fue el estado en que más votación proporcional tuvo—, aún falta votar por el candidato de AMLO al gobierno estatal.

Por otro lado, sin ser un mal gobierno, el gobierno priísta de Quirino Ordaz carece de liderazgos  que pueden encabezar una campaña electoral triunfadora, a menos que hiciera una alianza con Morena para postular a un candidato común. Una alianza con el PAN podría traerle más votos en contra que a favor, sobre todo con los más recientes descubrimientos que vinculan a prominentes personajes de ese partido a escandalosos actos de corrupción y complicidad en el gobierno anterior.

En esta perspectiva, para poder sobrevivir y emprender una ruta de crecimiento, el PRI tendrá que reconfigurarse. Y en la ruta del 21, tendrán que surgir nuevos liderazgos a partir del desempeño de gobiernos más eficientes, con sentido social y transparencia en el manejo de recursos y sobre todo, desligados de actos de corrupción y favoritismos.

Con los municipios más importantes del estado en manos de la coalición Morena PT (Ahome, Guasave, Culiacán, Mazatlán y Navolato), poco podrán hacer los priístas por rescatar esos municipios –a no ser que logren colgarse de los errores de Billy Chapman y Jesús Estrada—para respaldar su campaña por el gobierno del estado.

Sin embargo, el caso es distinto en Salvador Alvarado, donde Carlo Mario Ortiz Sánchez obtuvo más de 13 mil votos, contra 7 mil del PAN y 8 mil de Morena. Carlo Mario mostró liderazgo en la campaña –no lo alcanzó el tsunami electoral—, ha tenido un buen desempeño como alcalde y goza de aceptación en la ciudadanía, así que entre los priístas elegidos en el 2018, después del senador Mario Zamora –que llegó por representación proporcional y vinculado con Enrique Peña Nieto—, el alcalde de Salvador Alvarado sería el priísta más destacado para las elecciones del 2021.

Joven, con plataforma (la alcaldía), con buen desempeño, liderazgo y aceptación social, y presidente del municipio más importante que no está en manos de Morena, Carlo Mario podría ser uno de los personajes más significativos para el resurgimiento del PRI en Sinaloa en las próximas elecciones.


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