Espejo de terror | Te presentamos a los ganadores del concurso de historias de miedo

Espejo de terror | Te presentamos a los ganadores del concurso de historias de miedo

Luego de gran respuesta obtenida al convocar a los culichis a contarnos sus experiencias con sucesos paranormarles en la ciudad, el equipo de jueces integrado por miembros de la redacción de Espejo, eligió a las 3 historias mejor narradas.

A través de la convocatoria invitamos a todos los habitantes de la ciudad a narrar algun relato, vivencia o experiencia de misterio, suspenso o terror que haya vivido en Culiacán.

De este modo aprovechamos esta publicación para presentar a los ganadores e invitarlos a pasar a las oficinas de Revista Espejo  a recibir un premio simbólico donado por el departamento de Literatura del Instituto Sinaloense de Cultura.

Primer lugar:

“Mi historia de terror pasó hace aproximadamente 3 años. Mi abuela tenía bastante de que había fallecido, nosotros vivimos en el piso de arriba, mientras mis abuelos en la parte de abajo, todo comenzó una tarde donde mis padres y mi tía (que ella cuida de mi abuelo) decidieron salir a una fiesta; mis hermanas y yo nos rehusamos a ir, por lo que a ellos les pareció buena idea que cuidáramos a nuestro abuelo.

La noche llegó y mis dos hermanas y yo bajamos al primer piso para cuidarlo, todas llevábamos algo para pasar el rato en lo que llegaban, yo un libro, otra hermana su celular para oír música, y la más pequeña un poco de tarea que aún necesitaba terminar.

Nos situamos en el cuarto de mi tía, que se encuentra conectado de manera poco convencional, en la parte de abajo hay 3 recamaras, las cuales están unidas una con otra, como un andén de tren, siendo la del fondo de la casa donde solía dormir mi abuela, en la de en medio mi abuelo y pues en la tercera mi tía, donde estábamos las 3 acostadas en la cama, no podíamos poner la televisión ya que mi abuelo se dormía desde muy temprano al estar enfermo; él no podía caminar bien y estaba quedando prácticamente ciego.

Todo transcurría normal, tranquilo, las 3 estábamos concentradas en lo que llevamos para hacer, todo era silencio.

Al poco rato, mi abuelo llamó a alguien para ayudarlo, como soy la mayor fui, dijo que no habláramos tan alto, que porque ya era muy noche, yo, extrañada, le comenté que desde que llegamos estábamos en silencio, el solo se volteó y continuó durmiendo, yo regrese al cuarto con mis hermanas, las cuales me preguntaron qué era lo que necesitaba mi abuelito, les dije que no era nada y seguimos en nuestros asuntos.

Transcurrió un poco más de tiempo y yo comencé a escuchar algo y a sudar frío, hice una pausa en mi lectura y me dispuse a oír atentamente, comencé a escuchar muchos susurros y voces a un lado de mi oreja, no paraban, cada vez los oía más fuerte, rápido y cerca, voltee a ver a mis hermanas asustada, y al mismo tiempo nuestras miradas coincidieron con los ojos muy abiertos, la más pequeña ya estaba al borde del llanto, comenzó a gritar que mi abuela la estaba llamando, mi otra hermana solo dijo que eran susurros muy fuertes, tanto que los escucho aún con los audífonos, no sabíamos de donde provenían, pero estábamos seguras de que venían de algún cuarto, mi abuelo comenzó a llamarme de nuevo en ese instante, las 3 estábamos muy asustadas y seguíamos escuchando esas voces cerca de nosotros, no paraban, tenía pavor de pararme y avanzar hacia la habitación de mi abuelo, y ver al fondo en el otro cuarto algo más, sé que no era mi abuela como decía mi hermanita, ya que ella era una persona muy dulce y religiosa, y jamás nos asustaría de esa manera, junte todo el valor que pude y me dispuse a pararme y avanzar.

En cuanto me puse de pie, las voces pararon, mis hermanas me decían que me quedara con ellas, pero camine lentamente hacia con mi abuelo, y lo único que me dijo fue: me dijeron que ya vienen por mí, y yo no me quiero ir todavía.

Me quede helada, corrí a llamar por teléfono a mis padres para que se regresarán lo más rápido posible, mis hermanas en shock, porque también alcanzaron a escuchar lo que dijo mi abuelo, comenzaron a llorar más y a entrar en pánico. No tardaron más de 10 minutos en volver mis papas y mi tía, les contamos lo que había pasado, y extrañamente nos creyeron a la primera, solo se vieron entre ellos 3 y no dijeron nada.

No sabemos qué fue lo que sucedió en realidad, pero lo que si estamos seguras es que en verdad pasó, ya que lo vivimos de manera simultánea, aun después de mucho tiempo, sigo recordando cómo se escuchaban esas voces”.

– Agly Valentine.

Segundo lugar: 

“Dani era un niño con un problema muy común entre los chicos de su edad, el aún no había cumplido los 10 años, por lo que era de entenderse que tuviera miedo a la oscuridad; algo muy común incluso en niños más grandes que él.

Sus padres habían sido muy comprensivos con él en ese aspecto, sabiendo que es normal para un niño sentirse inseguro. Dani nunca había sufrido de parálisis del sueño, ni terrores nocturnos ni nada parecido, de hecho, rara vez tenía pesadillas, si acaso dos o tres veces al año. Lo que Dani sufría era una paranoia y un pánico intenso estando a oscuras, ni siquiera el mismo entendía por qué, simplemente era algo que le aterraba demasiado, era una sensación opresiva y abrumadora el sólo pasar unos momentos a oscuras.

Es por esto que sus padres decidieron darle un alto a esto, no sabían si sería sólo una etapa, y si a medida que Dani fuera creciendo junto con el crecería su fobia. De modo que se tomaron cartas en el asunto, Dani iba al psicólogo, quien poco a poco lo había orientado a superar su problema. El afirmaba que no había nada fuera de lo normal, lo único que destacaba era que inconscientemente su mente asociaba la oscuridad no como la ausencia de luz, sino como una persona mala, pero esto sólo lo había conseguido trabajando con Dani en estado hipnótico, parecía ser que estando despierto el chico era lo suficientemente maduro para saber que la oscuridad no era más que la ausencia de luz, y lo asociaba más al temor de lo desconocido y tener limitado el sentido de la vista.

Después de varios meses llegó el día, el psicólogo les recomendó a sus padres que era hora de hacer una prueba, debía intentar pasar la noche en su propio cuarto, el solo. Debía evitar en la medida de lo posible llamar o sus padres, o en su defecto, salir corriendo al cuarto de ellos. Dani, consciente de su situación y muy orgulloso de cuanto había progresado, estaba armado de valor, estaba decidido a pasar toda la noche el solo sin importar cuán grande fuera su ansiedad, no permitiría que el pánico lo consumiera.

Al llegar la noche sus padres lo acostaron, le dieron las buenas noches, e incluso le dejaron no sólo la televisión encendida y programada para apagarse pasadas unas horas, sino también una lámpara de mano. Sus padres salieron de su cuarto, y el chico, armado de valor, decidió que no había tiempo que perder, apretó la linterna en sus manos, y trató de dormir aprovechando la tenue luz de la televisión que estaba en volumen bajo.

Y lo logró, se quedó dormido pasado un tiempo, todo iba de maravilla, bueno, él no lo sabía porque estaba dormido, pero todo iba bien. Hasta que dieron las 2:00 de la mañana, fue entonces cuando despertó repentinamente, no de manera abrupta, sólo despertó así sin más. La televisión ya se había apagado, por lo que lo único que vio al despertar fue la penumbra, e instintivamente trató de adaptar su vista para lograr ver algo y obtener más información de su situación.

Fue entonces cuando se dio cuenta de su error, no sólo porque por más que intentaba la penumbra era sofocante e inmensa y por más que trataba no lograba adecuarse a la falta de luz, por lo que seguía sin ver nada, sino también porque eso le hizo caer en cuenta de su situación.

Pensó en gritar por sus padres, o salir corriendo disparado al cuarto de sus padres, pero no lo hizo. Dani estaba decidido a pasar la noche ahí le costara lo que le costara. Él no tenía manera de saber la hora, el sólo pensó en que si aún eran antes de las 12:00 AM habría fallado por completo; por otro lado, si ya eran pasadas las 5:00 AM no tenía caso tirar la toalla justo un par de horas antes de superar su prueba. Para él era todo o nada, hubiera preferido rendirse antes de que sus padres lo dejaran en su habitación, pero ahora era demasiado tarde para ello, tenía que aguantar hasta el amanecer. Ya ni siquiera intentaría dormir, sabía que no lo conseguiría, aquello se había convertido en una pelea por evitar que el pánico se apoderara de él, tenía que evitar convertirse en presa de la ansiedad hasta que por fin llegara la luz del sol. Pero no pudo, por más que se esforzaba en no pensar en ello, o tratar de buscar recuerdos placenteros, algo que lo distrajera, su ansiedad sólo iba creciendo minuto a minuto, alimentándose por sí sola. Poco a poco el miedo lo envolvía más, su respiración se volvía más rápida y agitada, empezó a sudar, y pasados unos minutos la penumbra se volvió opresiva, sentía como lentamente lo aplastaba más y más, dificultándole todavía más respirar, moverse para encontrar posiciones más cómodas que le trajeran paz cada vez era más difícil. Luego el aire se enrareció, era demasiado seco y caliente, y entre más tiempo pasaba se empezó a volver pastoso y pútrido. Cada vez era más y más opresivo, aflictivo y abrumador. Era como si lo estuviera tratando de engullir, pero no sin antes absorber su sanidad poco a poco; un círculo vicioso en el cual la oscuridad se volvía más fuerte conforme la paranoia de Dani avanzaba, y entre más opresiva la oscuridad, más miedo sentía Dani.

Justo cuando sentía que no podría soportar ni un segundo más, que colapsaría para convulsionar en su propia cama, se detuvo. El aire dejó de ser seco y caliente, la presión que sentía se desvaneció. Se quedó únicamente con el sonido de su abanico de techo dando vueltas. Pero no pasó ni un minuto hasta que lo notó, no se había ido, sino que se había concentrado en un solo lugar. No podía ver, pero podía sentirlo, como esa sensación abrumadora estaba concentrada en un punto al extremo de su cuarto, inmóvil y silente. Y luego empezó a moverse, lo sentía, y no sólo lo sentía, sino que también lo escuchaba, por donde avanzaba las paredes crujían, el abanico rechinaba más, y toda clase de ruidos entre crujidos y rechinidos se producían a medida que aquella presión concentrada se movía por la habitación, para ir a detenerse en el armario, donde estuvo unos minutos en silencio, salvo por uno que otro crujido de la madera, minutos que para Dani fueron eternos.

Hasta que la puerta hizo un clic, y se abrió lenta y tortuosamente, haciendo un rechinido insoportable. Dani no pudo tolerarlo más, y por fin pudo recordar su lámpara de mano, había estado tan paralizado del miedo que la había olvidado por completo, acto seguido se envolvió en su sábana, encendió la linterna, y cerró los ojos. Cuando por fin tuvo el valor para abrirlos se encontró a sí mismo en el suelo de su cuarto, en frente de su armario, el cual estaba abierto. Se puso de pie y con lámpara en mano se dirigió a su cama. Cuando su cama recibió la luz de la lámpara se llevó un sobresalto, aquella sensación de presión acumulada estaba envuelta debajo de la sábana, hecha un bulto.

Quería huir, salir corriendo con sus padres, pero no pudo, algo lo obligaba a descubrir lo que estaba envuelto. Por más que trataba de salir corriendo no podía, su mano se extendía por si sola para alcanzar aquello, y conforme avanzaba podía sentir en su mano ese aire enrarecido, junto con esa sensación abrumadora. Su mano tocó la sábana, y la agarró con firmeza, Dani estaba paralizado, realmente quería salir de ahí, pero por más que intentaba no podía hacerlo. Y luego su cuerpo decidió por él: destapó la sábana rápidamente, en un solo movimiento.

Y por fin pudo verlo, el origen de sus miedos, la oscuridad en persona. Era una silueta antropomórfica cuyo tono de negro destacaba incluso en la penumbra de su cuarto, de hecho, su linterna no alcanzaba a iluminarlo todo, pero las partes no iluminadas eran perfectamente discernibles entre la oscuridad. Parecía estar hecha de trazos, como un dibujo que haría un niño, una silueta humana hecha a base de trazos rudos y burdos sobre papel, y estos trazos de tinta se movían alrededor de su figura, sin hacer que se pierda, era como un hombre delgado y alto dibujado en un solo trazo furioso. Dani lo miró, y aquello lo miró de vuelta, con esos ojos que en realidad eran dos áreas redondas sin colorear, no tenía pupilas, sólo eran dos espacios vacíos, pero Dani sabía que lo estaba viendo fijamente, y luego le sonrió. Al igual que sus ojos, su sonrisa no era más que un espacio sin colorear, pero eso no le quitaba lo espantosamente deforme y amplia que era, con unos pequeños trazos entre ella simulando dientes.

-Me encontraste- dijo aquello ensanchando y disminuyendo su sonrisa por cada sílaba, con una voz grave y áspera, como un hombre increíblemente ronco, pero sin ningún rastro de humanidad en su voz, en un tono casi amigable, e incluso hasta tranquilizador comparado con su aspecto y el sonido de su voz, que retumbó en toda la habitación y en los oídos de Dani, quien muerto de miedo retrocedió rápida y torpemente; sólo para tropezar con sus propios pies en el proceso, y caer al suelo.

Esperaba caer en el duro suelo, pero no fue así, sino que cayó en algo blando, tardó tiempo en percatarse de que en lo que cayó fue su cama, y se encontraba sentado sobre ella. Tras mirar un poco a su alrededor se pudo percatar de dos cosas. La primera y muy tranquilizadora es que estaba amaneciendo, aún no se vislumbraba el sol, pero ya podía distinguir los objetos de su cuarto, eso lo hizo sentir aliviado, supuso que todo era un mal sueño y se despertó de sobresalto, típico de él en la oscuridad, pero pudo resistirlo. La segunda cosa de la que se percató fue un tanto menos tranquilizador: la perta de su armario se encontraba abierta, y a poca distancia de este, su lámpara de mano. Dani jamás olvidaría esa noche, ni sabría si fue un sueño o no. Y yo por mi parte, jamás volví a saber de mi amigo Dani después de que termináramos la primaria, ni si habría derrotado definitivamente a su miedo”.

– Bonkers.

Tercer lugar:

“La casa de mi abuela siempre ha sido escenario de eventos algo extraños, estos fueron presenciados por diversas personas de mi familia: mi tío, mi mamá, mi abuelo y había llegado el momento de experimentarlo en carne propia.

Una noche como cualquier otra mí hermana y yo nos preparábamos para dormir justamente en la casa de la abuela, ella decidió dormir en el piso por qué se sintió más cómoda esto era por una molestia muscular que ella tenía en su espalda, yo dormiría en la cama. Apagamos la luz y todo quedo en silencio, pero pasadas aproximadamente dos horas me despertó la luz encendida de la recamara, le pregunte a mi hermana  que sí que  era lo que le pasaba, me dijo que un gato se subió a su espalda y que lo estaba buscando, cabe señalar que no teníamos gato pero tal vez podría a ver entrado alguno por alguna ventana por lo que no le tome importancia y volví a dormir.

A la mañana siguiente me comenta mi hermana que sintió de nuevo al gato y volvió a levantarse a buscarlo pero no lo encontró por ningún lado ni dentro ni fuera de la habitación y que volvió a dormir pero al poco tiempo lo sintió de nuevo, cuando esto paso me dijo que hizo un movimiento brusco para tirarlo de su espalda y se voltio rápidamente boca arriba y alumbro con su celular pero no había nada, al comentarme eso yo me reí y como buena sinaloense le sugerí dejar el uso de las drogas, claro en plan de broma y así como estas hice muchas otras mas no creía lo que ella me decía, me parecía que aquello debía tener una lógica que tal vez no busco bien al animal o algo así.

Pasaron algunos días y el tema fue olvidado, dormimos en la misma recamara sin mayor novedad hasta que una noche me encontraba acostada, las luces de la habitación ya estaban apagadas y todo en silencio, de pronto sentí el peso justo de un gato parado en la terminal de mi espalda y de pronto sentí una patita y después la otra, como avanzando hacia mi cabeza, así iba a media espalda, cuando decidí voltearme justo como me lo platico mi hermana lo más rápido posible y alumbre con mi cel, no había nada, me levante y busco también como lo hizo ella, no encontré nada. Con el espanto y todo decidí volver a dormirme y a las pocas horas de nuevo sucedió, esta vez decidí probar algo distinto y ver si podía agarrarlo desde la posición en la que estaba, pero no tuve resultados de nuevo me levante y busque sin encontrar nada, esa noche decidí dejar la luz encendida, no supe bien en cuanto tiempo el sueño me venció pero al abrir los ojos agradecí que ya hubiera amanecido. En el desayuno le comente a mi hermana lo que viví en la noche, ahora ella se rio de mí y me dijo, verdad que no estaba loca ni drogada y el gato era real o al menos así se siente, y claro que tenía razón.

Desde entonces contamos la historia del gato y como lo vivimos las dos, claro que pasamos un lapso de tiempo durmiendo en esa habitación con la luz encendida y esperando que esa experiencia no se vuelva a repetir, rogando que el gato no nos vuelva a visitar”.

– Citlalic.

Mención horrorífica:

“Me gustan las cosas de terror, como a muchas personas. Esa sensación de percibir algo fuera de lo ordinario, sentir miedo o valentía a un nivel más elevado, es placentero.  Una noche cualquiera, mientras dormía; sentí la enorme necesidad de ir al baño (lo que me pareció muy raro) y recordé algo que leí en redes sociales «Los fantasmas hacen que te den ganas de ir al baño o a beber agua en la madrugada porque quieren verte levantado, recordando cuando estaban vivos». («¡Vamos!, ¿acaso entrevistaron a un fantasma?» me dije cuando lo leí). Quise aguantar, pero no lo logré. Cuando abrí la puerta de la habitación, frente a este está la puerta de otra habitación (que también la puerta estaba abierta) y no miento al decir que sentí un miedo indescriptible y una presencia parada frente a mí, mirándome con mucho odio. Giré al baño y al salir, casualmente me dio sed. Sabía que no tenía agua en mi botella y no tenía más remedio que ir a la cocina. Mientras caminaba sentía esa presencia siguiéndome, me apresuré a encender la luz de la sala y la cocina; miré un vaso con poca agua y dije «lo siento si esta agua era para ti, pero me da mucha flojera tener que servirme». De pronto escuché a mi espalda un sonido fuerte de televisor y pensé «que locos los vecinos, están sordos y a esta hora», eran las 2:50 am. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo y al voltear ¡Era mi televisor!, corrí por el control remoto y no se apagaba, me enojé tanto porque mi hijo podría despertar y lo desconecté. Abrí la puerta de la calle y sea lo que haya sido esa noche salió con todo lo que le dije. Después de todo, cuando se trata de cuidar a un hijo ni a un «demonio» se le teme”.

– Christine.

 

Si eres uno de los tres primeros lugares visitar en las oficinas de ESPEJO, ubicadas en el Paseo Niños Héroes 624 – A Ote. colonia Centro. Culiacán, en nuestro horario de 8 am a 3pm, para recibir tu premio.


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