Culiacán y sus historias | El Cinema Reforma y la Foto Royal

Culiacán y sus historias | El Cinema Reforma y la Foto Royal

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“Aquí estamos Ricardo Gonzáles y yo, el que lleva el cigarrillo soy yo para que conste que si tuve pelo alguna vez”.

Quizás los jóvenes setenteros recuerden aquel asunto de que ibas caminando por el centro o la Lomita o catedral o el parque o donde te diera la fregada gana y zas se te acercaba un tipo con una cámara que había salido de sólo Dios sabe dónde y te entregaba un papelito que a la letra decía. “Se le ha tomado una fotografía, puede pasar mañana a ver una prueba después de las 10:00 am a Ángel Flores 256 Pte., altos. Nota: de aceptarla el costo será de sólo $10:00”.

Sí, lo agarraban a uno todo despatarrado, cuando uno iba distraído, haciendo gestos, en fin las poses era lo de menos, lo importante era que el fotógrafo tirara tres rollos diarios, le importaba madre como saliera uno, y bueno, la verdad es que pos uno también tenía la culpa porque era vanidoso y en esa época era muy dado o dada o dados, ambos dos a andarse regalando fotografías dedicadas, neta como si uno fuera artista  y hasta las firmábamos, recuerdo una que recibí  y aún recuerdo el mensaje “íntico” como decía mi abuela.  Bueno pues el mensaje decía:

“Adorado Mario, te quiero mucho, mucho, mucho, de aquí a la luna y seré siempre y por siempre tuya. Atentamente: Julia”.

Y yo pos le mandé otra igual de mamilas, pa que es más que la verdad, pero saben qué, ese siempre se acabó a la semana siguiente, cuando la descubrí bien acaramelada con el Richard, (el hermano de la Uva), un amigo mío. Eso fue a la salida del cinema Reforma.

Recuerdo que en cuanto los vi, de volada me les acerqué y dirigiéndome a ella le dije bien enchilado:

— ¿Qué pasó con ese siempre y por siempre seré tuya, Julia?

— Pos se acabó – me contestó.

— ¿Así nomás? – pregunté.

— Sí,  así nomás – y continuó – Porque tú nunca traes dinero y a mí me gusta salir.

– ¡Órale pinche interesada! – terminé diciéndole – y vi claramente cómo se encogía de brazos. Pues ni modo, ahí ya no había nada que hacer, pero enseguida me acorde que el Richard era mi amigo y pos el bato me había traicionado, así lo encrespé.

— Y tú – le dije – ¿No que éramos cuates?

El bato soltó a la morra, agarró aire y se estiró – “Órale” – enchilado como andaba me dije – “ahorita mismo le parto la máuser a este güey”, y hasta me preparé, y lo que escuché fue:

— ¡Claro que soy tu cuate!, yo no sabía que andaba contigo, ni que fuera tan interesada. Luego dirigiéndose a Julia le dijo mientras le arrojaba al piso un papel:

— ¡Ten tu pinche foto, ya no me interesa!

Ella entre sorprendida y molesta nos miraba primero a uno y luego al otro como si fuéramos marcianos, luego dando pataditas al suelo tipo película de tres pesos nos gritó:

¡MARICONES!, al tiempo que marchaba a toda prisa rumbo a la plazuela. Nosotros soltamos una carcajada.

— Vámonos – me dijo el Richard – te invito un agua de ahí con el Ramiro.

— Órale, le contesté – mientras recogía la fotografía cuya dedicatoria decía:

“Adorado Ricardo, te quiero mucho, mucho, mucho, de aquí a la luna y seré siempre y por siempre tuya. Atentamente: Julia”.

Aquí estamos Ricardo Gonzáles y yo, el que lleva el cigarrillo soy yo para que conste que si tuve pelo alguna vez.

 

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.


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