La reforma estatutaria definirá: simulación o democracia en el SNTE | El análisis de Alejandro Luna

La reforma estatutaria definirá: simulación o democracia en el SNTE | El análisis de Alejandro Luna

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La elección de los próximos dirigentes del SNTE será histórica. Ya sea porque se realice de manera realmente democrática y todos y cada uno de los miembros del sindicato, activos y jubilados, pueda votar y ser votados sin restricciones, como lo pretende el espíritu de la reforma laboral, o porque la dirigencia imponga, en la reforma estatutaria que ya se está cocinando, los candados que le permita eliminar aspirantes incómodos y, aun cumpliendo con el texto de la ley, seguir teniendo el control del sindicato, lo cual no sería democrático aunque fuera legal.

La reforma laboral publicada el 02 de mayo del 2019 establece el voto personal, libre, directo y secreto de todos los miembros de los sindicatos, sin embargo, la democracia real de un sindicato sólo se podrá ver en la voluntad que las actuales dirigencias pongan en los detalles de la armonización de sus estatutos y reglamentos internos de elección, pues aunque el artículo 249 del estatuto del SNTE ya establece, en su párrafo segundo, que “podrá llevarse a cabo la elección a través del voto universal, libre, directo y secreto en los ámbitos nacional y seccional, cuando existan circunstancias especiales y previo acuerdo del Congreso o Consejos Nacionales”, lo cierto  es que no hubo en todos estos años la voluntad de las dirigencias del SNTE por democratizar la vida sindical.

Es decir, aun cuando el propio estatuto vigente ya contiene la posibilidad de realizar elección de dirigentes nacionales y seccionales por la vía del voto universal, esta posibilidad no se aplicaba bajo el argumento de que no era obligatoria.  No era, entonces, un impedimento legal, sino de voluntad política lo que impedía el voto universal de todos los trabajadores para elegir a sus dirigentes. Y aunque ahora, a partir de la reforma de mayo de este año, sí se establece como obligatoria la elección por voto “universal”, en los detalles de la reforma estatutaria que está por emitirse (el plazo vence el 31 de diciembre), veremos si esto ha cambiado.

En esta elección podrán participar todos los miembros del SNTE, pero ¿a quiénes se considera miembros del SNTE (con derecho a voto)? ¿A los que pagan sus cuotas (porque se les descuenten)? ¿O a los que se afilien y presenten su hoja de afiliación? ¿A los que tengan su credencial como miembros del SNTE? ¿O a los que aparezcan en el padrón? ¿Y quiénes aparecerán en el padrón? De las respuestas a estas preguntas podremos inducir la respuesta a la pregunta clave de este proceso: ¿hay la suficiente voluntad de la dirigencia del SNTE de democratizar la vida sindical? La manipulación del proceso mediante candados en los reglamentos de elección y en las convocatorias podría acabar con toda la buena intención del presidente López Obrador de democratizar la vida sindical.

El dirigente nacional del SNTE, Alfonso Cepeda Salas, declaró hace unos días para la televisión que ya se estaba elaborando una propuesta de reforma estatutaria y cuando le preguntaron si Elba Esther Gordillo podría participar en la elección dijo que sólo podrían participar los miembros del SNTE y que para ser miembro del SNTE se debería estar al corriente en el pago de las cuotas sindicales, lo cual (al margen del caso de la maestra) despierta un mar de dudas. Si sólo se considera miembros del SNTE a quienes pagan sus cuotas sindicales (les descuenten por nómina), los jubilados de las 59 secciones sindicales del país –unos 800 mil jubilados—estarían impedidos para votar y ser votados, a pesar de que el estatuto vigente los considera miembros.

El artículo 2 del estatuto vigente señala que integran el SNTE “los trabajadores de base, permanentes, interinos y transitorios al servicio de la educación, dependientes de la SEP, de  los gobiernos de los estados, de los municipios, de empresas del sector privado, de los organismos descentralizados y desconcentrados así como los jubilados y pensionados del sector educativo en las entidades citadas” ¿los excluirá la reforma estatutaria del derecho a elegir a sus dirigentes (y de ser electos dirigentes) por no pagar cuotas?

Pero ese es apenas el principio. ¿Cuáles serán los requisitos para ser candidatos a dirigente? Por lo que se sabe del avance de la reforma estatutaria, resulta evidente que no serán los mismos requisitos para votar (una vez clarificado quién podrá votar) que para ser candidato a dirigente sindical. ¿Quiénes podrán ser candidatos a dirigentes? De nuevo la tentación de manipulación de los reglamentos para tener sólo candidatos “a modo” podría llevar al fracaso la intencionalidad que encabeza María Luisa Alcalde para que haya democracia en los sindicatos.

El artículo 40 del estatuto del SNTE establece que solo podrán ser dirigentes seccionales, los miembros del sindicato que, además de cumplir con los requisitos de los incisos uno, dos y tres, tengan cinco años de antigüedad en el SNTE, mientras que para ser Secretario General del Comité Ejecutivo Seccional deben tener al menos “ocho años de antigüedad y haber ocupado un cargo a nivel seccional”, lo cual –de mantenerse— deja fuera, de facto, a varios de los aspirantes más efusivos en el plano local, sobre todo en la sección estatal.

¿Entonces, cualquier miembro del sindicato podrá votar y ser votado para dirigir el SNTE, o sólo quienes hayan estado o estén en el comité nacional o –en su caso— en el comité seccional en turno y tengan la antigüedad que establece el estatuto vigente? ¿Serán estos los “detalles”  que se están ajustando para que cualquier maestros pueda ser candidato?

Si este candado del estatuto vigente se mantiene en el nuevo reglamento de elección, se eliminaría la posibilidad de ser candidato a dirigente del 95% de los miembros del SNTE. Es decir, si sólo pueden ser candidatos los miembros del actual comité seccional o nacional, se eliminaría la posibilidad (de aspirar a ser dirigente) de cerca de 2 millones y medio de miembros del SNTE.

Si bien es necesario que llegue a la dirigencia del sindicato quien tenga experiencia y probada vocación de servicio (y honestidad, requisito que no aparece), la posibilidad de adecuar la ley a las particularidades de cada sindicato abre también la posibilidad de acomodar las reglas del juego a conveniencia de quien dirige y no necesariamente del interés democrático de la mayoría de los trabajadores.

Sin embargo, en la construcción de las nuevas reglas de elección, Alfonso Cepeda y su dirigencia deben encontrar un punto de equilibrio ya que cualquier intento de manipulación mediante candados en las reglas y/o en las convocatorias de elección podría ser objeto de la interposición de amparos de quienes se consideren perjudicados.

¿Se atrevería –por ejemplo—Carlos Rea Camacho, a interponer amparos y acudir ante la secretaria del trabajo, a reclamar equidad si considera que la convocatoria y las reglas de elección contienen candados que no le favorecen? ¿Dudaría en apelar a su relación con el senador Rubén Rocha para llegar a María Luisa Alcalde, incluso a Ricardo Monreal, para llevar el asunto a las más altas tribunas del país?

Ante posibilidades como esta y para evitar el empañamiento por judicialización del proceso Cepeda tendrá que asegurarse de que quien gane lo haga limpiamente en las urnas y no descartando candidatos mediante argucias legales, sobre todo si éstos candidatos tienen popularidad y arrastre entre el magisterio.

En suma, la democratización del SNTE ya no es un asunto legislativo. Es de decisiones políticas. Y de sensibilidad. Sin embargo, la duda aún permanece: ¿se enfrentará la dirigencia del SNTE al deseo presidencial democratizador mediante un reglamento amañado, o dará paso a la expresión libre del magisterio y al surgimiento de nuevos liderazgos? La democracia ya no depende de la ley, sino en la operación política y las nuevas reglas de elección que determine la dirigencia nacional del SNTE.

Las nuevas reglas pueden dar paso a la verdadera democracia en el SNTE o establecer los candados que eliminen candidatos incómodos y garanticen la continuidad de los mismos grupos en el poder sindical, sólo camuflados en un nuevo discurso transformador. ¿Se atreverá Cepeda a tratar de engañar al presidente? ¿Se dejará engañar el presidente? O, en un escenario ideal ¿se iniciará una nueva etapa en la vida interna del SNTE, que recupere su función esencial de defensa de los derechos laborales del magisterio, libre de las simulaciones y manipulaciones políticas que la han caracterizado en las últimas décadas?

CREO53, POR EL RESCATE DEL SNTE 53

Lo que a mediados de este año se conoció como “el pacto de las quintas”, que buscaba convertirse en una tercera opción ante la polarización de fuerzas entre rojos y blancos en el SNTE 53, el pasado fin de semana se presentó ya como un movimiento de Convergencia para el Rescate de la Organización Sindical denominado CREO 53.

Ante un centenar de representantes de todas las regiones del estado se presentó la estrategia de integración, organización y participación en el proceso de cambio de la dirigencia de la sección 53 del SNTE, en la que se destacó la necesidad de la afiliación al SNTE para garantizar el derecho a voto en la elección. Ahí mismo se manifestó el interés de generar un movimiento de transformación de la vida sindical, más allá de conquistar la dirigencia y de cambiar el estilo de decisiones verticales a una modalidad dialógica y colegiada en la que participen libremente las bases.

Destacaron las participaciones de Rafael Gastélum, Juan de Dios Rubio, Omar Campos, Tania Valle, Gonzalo Zamudio, Abril Campos, Daniel González, entre otras que hicieron hincapié en llevar a la práctica los valores que enseñan en la escuela a sus alumnos y en la disposición al diálogo para la integración de otras fuerzas como el grupo Modem y Somos Más que 53.

Sin embargo, el acuerdo de CREO 53 con S+Q53 podría resultar muy complicado ya que ésta última expresión se encuentra fraccionada en diversos subgrupos que no logran conciliar entre sí  –cada uno tiene su propio líder—, por lo que lo más probable es que se logren acuerdos con unos y no con otros.

EL RIESGO DE LA INTROMISIÓN DE MEJÍA

Aunque aún no se ha lanzado la convocatoria para la renovación de la dirigencia de la sección 27 del SNTE, Carlos Rea Camacho es el más firme aspirante a dirigir la sección que ha hecho pública su intención y ya es reconocido como tal en el magisterio federalizado, por lo que, independientemente de su registro o del resultado de la votación, su voz se considera una voz autorizada para hablar del tema sindical, por lo que Juan Alfonso Mejía, el secretario de educación deberá atender la sugerencia de Rea de no inmiscuirse en el proceso sindical en favor del candidato de Edén Inzunza, que ha dado sobradas muestras de que quiere perpetuarse en el poder a través de uno de sus pupilos.

Rea cuestionó en un video difundido en redes sociales que Mejía se pasea por todo el estado junto a Edén Inzunza, el dirigente del SNTE 27, lo cual podría ser motivo de impugnación del proceso electoral, pues aunque aún no ha iniciado oficialmente el proceso electoral porque no se ha emitido la convocatoria, lo cierto es que, de acuerdo con el estatuto, éstos ya son tiempos de elección y la convocatoria está retrasada, por lo que podría proceder una eventual impugnación del proceso ante la secretaría del trabajo. Y por ello tiene sentido la recomendación de Rea a Juan Alfonso Mejía de que mejor se debe dedicar a hacer educación y no a andar “haciendo el caldo gordo” al dirigente seccional.


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