Los programas de inclusión educativa en el presupuesto 2020 | El análisis de Sara Madrid

Los programas de inclusión educativa en el presupuesto 2020 | El análisis de Sara Madrid

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Uno de los avances más significativos de la nueva reforma educativa, es el establecimiento de la educación inclusiva y equitativa como principio fundamental en la Constitución. Esto representa algo histórico y es un gran paso para garantizar que cada niña y niño aprenda lo que quiere y necesita.

No obstante, en la propuesta presentada del Presupuesto de Egresos de la Federación 2020 se aprecia un recorte de 4.6 % para los programas que fomentan la equidad e inclusión.

El monto total destinado (4,981 MDP) contempla la Prestación de Servicios para Educación Inicial Básica y Comunitaria, el Fortalecimiento de los Servicios de Educación Especial, la Atención a la Diversidad de Educación Indígena, la Atención Educativa de la Población Migrante, el Gasto Administrativo del Consejo Nacional de Fomento Educativo, la Dirección General de Educación Indígena y el Gasto Administrativo de la Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe. En cada uno de ellos se presentó un decremento con relación al gasto del año anterior, y además, debido a los cambios programáticos que el mismo plantea, una vertiente destinada a la atención de las telesecundarias desapareció.

Esto nos indica, que los programas que atienden a las niñas, niños y jóvenes que forman parte de los grupos que históricamente han enfrentado mayor discriminación, es decir, indígenas, migrantes, personas con discapacidad y en contexto de alta marginación, tendrán recursos más limitados, lo cual sucede desde 2010, indicando que hay una clara tendencia a invertir menos donde se necesita más.

Ante esto, debemos cuestionar si realmente la inclusión es una prioridad para el gobierno federal, ya que el presupuesto es un reflejo de lo que el Estado considera más importante, y aunque se ha presentado toda una estrategia con programas para fomentar la equidad e inclusión, estos requieren recursos para su funcionamiento. Pareciera que las poblaciones en contextos de marginación seguirán padeciendo de la desatención a sus necesidades.

Es imprescindible que el presupuesto verdaderamente refleje el esfuerzo por lograr la triple inclusión de las niñas, niños y jóvenes que más lo requieren, enfocándose en hacerlo de acuerdo a sus necesidades y adaptándose a su contexto social y geográfico, cuidando siempre que no se fomente la existencia de servicios educativos segregatorios.

Se deben impulsar acciones como la atención y mejoramiento de telesecundarias y escuelas multigrado, que normalmente se encuentran en comunidades de alta marginación, y que generalmente atienden a niñas y niños indígenas o migrantes; garantizar que los libros de texto y materiales educativos sean bilingües para que quienes hablan alguna de las 68 lenguas indígenas en México puedan aprender en su lengua materna; invertir en el fortalecimiento de los servicios de educación especial, enfocar esfuerzos en atender problemas de aprendizaje e infraestructura en escuelas que permitan a todas y todos garantizar su derecho a aprender.

Hasta que el Estado no muestre una verdadera intención de recuperar los recursos que a lo largo de la década los programas orientados a la inclusión han ido perdiendo, no podemos hablar de congruencia entre el discurso y la realidad, ya que para poder asegurar que niñas, niños y jóvenes estén, aprendan y participen en la escuela, es imprescindible asignar los recursos necesarios para apoyar los programas enfocados en atender a las escuelas en los contextos más marginados.

 

SOBRE EL AUTOR

Sara Madrid es investigadora en Mexicanos Primero Sinaloa.

 

 


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