Zona chilanga | ¿Casorio?

Zona chilanga | ¿Casorio?

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Se va a casar. ¿Qué?, si ni novio tiene. No me digas que finalmente pegó chicle. ¡Eso es perseverar! No me imagino que le haya dado tiempo de organizar una buena fiesta. Con lo cursi que es seguro se casa en la playa con un altar de ramas secas viendo al mar.

O, ¿no hará fiesta?, ¿no me digas? Ni le ha de importar que el tipo sea un don nadie, seguro no tiene ni para comprarle el vestido, pero con tal de casarse… Pues sí, era lo único que quería. Sí, era lo único que quería y decidió no esperar más; se casa ella solita. Sí, como escuchaste ella sola y su alma con su soñado vestido blanco y una fiesta de película. Qué, qué… Mi amiga no pudo entender. “Ya la perdimos”, fue lo último que dijo. ¿Será?

Marina anunció su boda —la invitación dice: “Me caso conmigo: Marina”— Seguí leyendo y en efecto habrá ceremonia religiosa, padrinos, y una fiesta en un gran salón. No pude esperar a la fecha indicada, le llamé por teléfono. Le dije que lo más que he presenciado son bodas de plata, oro, novias con vestido de color, novios que parece el padre de la novia, bodas gais, pero una novia de a ‘solapa’, sólo lo había visto en alguna telenovela cuando el novio se arrepentía y la novia lloraba su peor tragedia en la puerta de la iglesia. “En mi boda no habrá lágrimas. Soy la novia más feliz”.

Ella no quiso esperar más ni dejar pasar su mejor momento para ser la protagonista de ese gran evento: tomarse la foto vestida de betún, aventar el ramo, partir pastel, bailar el vals, recibir regalos de hogar… y quizá, también, decida tener un bebé —eso aún no lo decide, por lo pronto se compromete con su soltería—. Se casa con sus principios y sus emociones; promete luchar por sus sueños, por valorarse cada día, por ser autosuficiente. Promete ser sincera con su presente, su situación actual y su futuro. Disfrutar de los amigos, igual que su soledad. Reconoce su atracción por la libertad y decidió no sentarse a esperar a la persona adecuada para que la acompañe en su nueva vida, —apenas termine la fiesta, se va al aeropuerto a iniciar su luna de miel—

¿Solterona? —le pregunto— no, ni el tiempo ni el destino deciden por mí; lo mío es convicción. Me gusta mi libertad y decidí ya no esperar más a la persona “adecuada”. Tampoco sabría cómo lidiar con una relación de tres: con la llegada de los hijos los hombres se distancian se absorben por el trabajo, las mujeres se concentran en los hijos y en la familia de origen; la sexualidad escasea cada vez más, pero el hombre se siente tan satisfecho de tener una linda familia que, sin armar escándalo, busca sexo por otro lado. El sexo le abre otras puertas, nueva comunicación y crea nuevos vínculos más fuertes que los alcanzados con la esposa. No gracias, prefiero entrar y salir de una relación cada vez que se me antoje y no convertirme en mujer abnegada o en la villana del trío.

¿Qué harás cuando te sientas sola? Pero qué pregunta, ¿acaso me sentiré menos sola estando casada? Mi amiga hablaba y yo sólo pensaba en Mirath, una estudiante musulmana que me contó que estaba por casarse y que no conocía a su novio. Le pregunté que cómo haría eso, que cómo podría aceptar a alguien que no conocía. Me dijo que para eso era el matrimonio, que su madre y su abuela habían hecho lo mismo y que así eran las cosas, que no pasaba nada. ¿? En todo caso mi amiga, que ahora se hace llamar soloista, empezó a reconocerse entre un grupo que, pese a todo, ahora está decidiendo cómo vivir su vida.

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