Zona de guerra, gobierno de rodillas | El análisis de Eduardo Valdez Verde

Zona de guerra, gobierno de rodillas | El análisis de Eduardo Valdez Verde

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“Culiacán, bella tierra de ensueño…”, dice la canción que “El Negrumo” compuso a la capital del estado para exaltar su belleza y su riqueza.Pero este jueves, Culiacán se convirtió en una tierra de pesadilla, en una zona de guerra.

Miles de personas expuestas a ser heridas o a perder la vida en una guerra estúpida que lejos de terminar, se agrava.

Culiacán es de nuevo nota nacional e internacional, pero no para bien. Decenas de camionetas con gente mejor armada que los policías y el Ejército en una acción concertada para causar terror y poner de rodillas al Gobierno. Calles cerradas, transporte público bloqueado, negocios que bajan sus cortinas y padres corriendo despavoridos por sus hijos a la escuela, con el terror de quedar en medio del fuego cruzado.

Ciudad sitiada. En toque de queda.

“Los Chapitos” ya crecieron y salieron más violentos e irracionales que el padre. A eso hay que agregar el poder económico que les permite tener a su servicio un ejército  no sólo en la ciudades sino en comunidades rurales, listos a una llamada o a un mensaje para lanzarse al combate.

Eso ya lo sabía la autoridad desde hace tiempo y al parecer no se midieron consecuencias al momento de detener a uno de ellos. Esto no es un reto sólo a las fuerzas armadas sino a todo el orden legal y social.

La comunidad entera a merced de jóvenes envenenados por el dinero y la droga. Una autoridad doblada por el poderío de un cártel que en minutos se organiza para ahorcar la capital sinaloense y amenazar con atacar a las familias de soldados que viven en las cercanías de la Novena Zona Militar.

Lo que vimos hoy es una especie de guerrilla urbana que pone en jaque al Gobierno en el momento que los capos truenen un dedo o envíen un watsap.

Con poder incluso para abrir las puertas del penal y liberar reos que pasarán a sus filas.

No valen las excusas ni se vale lanzar culpas de un lado a otro, de un partido a otro.

La realidad golpea de frente, insulta, lastima. Nos escupe.

La actitud de esos jóvenes envalentonados y arriesgando la vida por “el patrón”, grabándose ellos mismos, riendo y festejando su osadía, nos habla de la podredumbre social.

Ha fallado el Gobierno, de eso ni hablar, pero han fallado las familias. Esos gatilleros a sueldo de entre 20 y 30 años, son producto de la narcocultura que expone a los delincuentes como ejemplos a seguir. Son producto de la impunidad que permite jugar arrancones en las principales avenidas o “levantar” y torturar con la certeza de que no habrá castigo.

Lo ocurrido este jueves negro en Culiacán no se le hubiera ocurrido a ningún guionista de narco series, pero ocurrió, y lo estamos viendo en tiempo real. Desde los celulares de miles de testigos que ven con asombro como el control NO lo tiene la autoridad, con todo y el armamento, y el entrenamiento y la tecnología que tanto dinero nos cuesta a los contribuyentes.

Es por desgracia, la muestra clara de ingobernabilidad y una vergonzosa derrota a todos los niveles de Gobierno. Duele y avergüenza lo ocurrido en esta ciudad.

¿Alguien pregunta quién tiene el control de Culiacán y otras ciudades del país?

Ahí está la respuesta…


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