Culiacán y sus historias | Francisco Iriarte Conde, el Padre de Sinaloa

Culiacán y sus historias | Francisco Iriarte Conde, el Padre de Sinaloa

Compartir:

¿Sabías hay un montón de cosas relevantes con referencia a la historia de Sinaloa que la raza debiera de saber y que ignora?

Simón, y esto es porque por la parte oficial pues nomás no se les da la importancia requerida, y los historiadores y estudiosos las publican o comentan solo entre ellos y para ellos, no se mortifican porque el conocimiento baje a las bases, a la raza y mucho menos  a la plebada y pues ni modo, qué se le va a hacer.

Hoy les voy a comentar nada menos que de: “El Padre de Sinaloa”, simón, así como lo leyeron, Sinaloa tiene padre, título que le confirió el historiador culichi, Antonio Nakayama, y que nadie repeló entonces ni ahora.

Su nombre era Francisco Iriarte Conde, puede ser que el nombre no les diga nada y no los culpo porque de seguro nunca les dijeron nada de él, pero no hay bronca, ahorita nos emparejamos para que sepan el cómo, el cuándo y el por qué.

Para empezar, les diré que Pancho, Francisco, Quico, Paco, Chico Iriarte Conde nació en Real de Minas de Cosalá, el 6 de septiembre de 1790. Sus jefes fueron Francisco Basilio Iriarte y Jacinta Conde.

Y bueno, Pancho nació entre pañales de seda, ya que su jefe, Pancho grande, se dedicaba a la explotación de ricas minas de oro y plata, y por si fuera poco era el propietario del mineral de Guadalupe los Reyes, mina que en su momento fue de las más productivas en la región y que se llamó así precisamente, porque dicho yacimiento fue descubierto el 12 de diciembre, día de la virgen de Guadalupe, de 1800, y lo de los Reyes le viene porque fue registrado el 6 de enero de 1801.

Bueno pues el caso es que esa misma onda de la minericia, minereada o minereal la continuó el hijo, Pancho chico, atendiendo personalmente el negocio desde que el mineral era extraído de las minas, hasta verlo convertido en barras, tanto de plata como de oro,  y lo hizo tan bien, que pronto elevó la fortuna familiar hasta un grado sumamente envidiable, simón, era la más rica de Cosalá con todo y sus Once mil Vírgenes; y luego ¿qué creen? que ya casado, con tres hijos y sin necesidad alguna, sopas a mi compa le entró la ventolera de brincarle a la polaca y pos allá va, simón, y vaya que salió bueno también para esos trotes, se los digo porque ya en 1823 se le vio echándole todos los kilos desde la tribuna, simón. Ahora que ¿cómo entró tan de sopetón?, la verdad no sé; a lo mejor por los billetes que tenía, o el respetillo entre su raza, no sé, pero sí sé que en ese año se creó la Diputación de las Provincias Internas de Occidente (Sonora y Sinaloa) y a él, por las buenas o por las malas o por las peores le tocó el hueso, simón, así que nomás entró y sopas, ya era diputado provincial; y desde que llegó, llegó  echando catorrazos a diestra y siniestra y es que verán, en ese entonces, bueno, desde un poco antes, digamos desde el 27 de septiembre de 1821, fecha en que se firmó la independencia de México, en toda la nación, se empezó a debatir el futuro del país y con ello  se iniciaron las broncas que habrían de llevar a la delimitación de los campos ideológicos y a la formación de los partidos: conservador y liberal.

Bueno siguiendo con el chisme les diré que, al año siguiente, de su entrada a la política, exactamente el 16 de julio de 1824, se le nombró Jefe Político de Sinaloa. Pero me regreso porque estábamos con la bronca de los debates sobre el futuro del país, y aquí, en las entonces Provincias de Occidente, los integrantes de ambas tendencias se daban hasta con la cubeta, simón. El que llevaba la batuta por el lado de los conservadores era el entonces obispo de Sonora, Fray Bernardo del Espíritu Santo, quien era una chucha cuerera en esos menesteres y claro, era quien por la fe o por la ley dominaba al noroccidente.

Iriarte, aunque de reconocida filiación liberal, como jefe político tenía que guardar el equilibró y no aparecer como parcial, así que actuaba con prudencia, y una de las broncas más pesadas que le tocaron entonces fue la de las elecciones para diputados al Congreso Constituyente de Occidente, ya que la forma en que se llevó esa campaña estuvo de pelos, simón fue encarnizada y peligrosa para la paz de Sinaloa.

Verán, en aquel tiempo la iglesia podía participar en vida política y bueno, por un lado, estaban como candidatos contrarios al grupo de Fray Bernardo, los presbíteros licenciado Francisco de Orrantia y Antonio Fernández Rojo, y no’mbre que andan haciendo, el tal fray Bernardo se las se las hizo de jamón, neta que sí, ni parecía sacerdote el compa.

Al primero o sease a Orrantia quien servía en el Curato de El Fuerte, por una vil insignificancia órale se le encarceló y a Fernández Rojo sin decir agua va sopas se le suspendió en sus funciones como párroco de Culichi, de ese tamaño era el poder de fray Bernardo.

Cuando sucedió esto, Iriarte de volada le pidió al alcalde 1º de Culichi, que protegiera a Fernández Rojo, encerrándolo bajo su cuidado para mantenerlo lejos de las garras del Fraile y luego mandó el chisme al gobierno federal para que allá supieran lo que estaba pasando; y es que el grupo del obispo, además de sus trastadas con los contrarios, como Fernández Rojo que había ganado, abiertamente anularon las elecciones en el Partido de la Villa de Sinaloa.

Del centro se ordenó que se activara la instalación del Congreso Constituyente, así que de inmediato se ordenó la libertad de Orrantia y Fernández Rojo, quienes junto con Iriarte se fueron a El Fuerte para desempeñar la comisión.

Ya instalado el Congreso el 7 de octubre de ese mismo año, en el Fuerte, se celebraron elecciones y Francisco Iriarte fue electo vicegobernador, por el Congreso Constituyente, Francisco ya no quería el hueso y habló de su enfermedad, ocupaciones e incapacidad para no ser nombrado, pero no le valió. Por cierto, este cargo de vicegobernador surgió debido a que el titular, coronel Simón Elías González, se encontraba ausente, combatiendo la rebelión indígena de yaquis y mayos que ya para entonces se extendía hasta los límites de El Fuerte y total que, aunque Iriarte no quería aceptar el nombramiento no le aceptaron la negativa y pues ni modo.

Tomó posesión el 23 de noviembre y permaneció hasta el 27 de abril de 1825.

Llegó el momento que la rebelión de los yaquis y mayos puso en peligro la estabilidad del gobierno en El Fuerte, lo que hizo que los poderes se trasladaran a la Villa de Cosalá, que fue en donde se empezó la larga bronca que sostuvo el vicegobernador con las legislaturas de occidente, y todo empezó justo en el momento que se votó por  cambiar la capital de Cosalá a Culiacán, propuesta a la que de volada se opusieron varios diputados; se puso caliente la cosa con los que sí y los que no, al grado de que varios de los legisladores abandonaron el recinto, dejando sin quórum a la asamblea durante varios meses.

La raza de la villa de Cosalá también se molestó machín con la propuesta y se amotinó protestando tanto, que alarmó a la Legislatura y la hizo huir y refugiarse en la villa de San Sebastián, en donde encontró la protección del coronel Mariano Paredes Arrillaga. Ahí la Legislatura por sus meras moles sopas destituyó al vicegobernador y enseguida cambió la residencia del gobierno a Álamos.

Esta onda hizo que los sinaloenses solicitaran la división del Estado, pero la Legislatura se opuso a pesar de que los ayuntamientos de la entidad estaban de acuerdo.

Francisco Iriarte, por su lado, estaba más que enchilado con haber perdido la vice gubernatura y en menos que canta un gallo empezó un largo pleito contra la asamblea legislativa para que se le repusiera el puesto, no’mbre, esa fue la etapa más amarga y convulsiva de su vida.

La corte de Justicia del Estado falló dos veces en su favor, pero la situación se encontraba en un momento muy caliente, los diputados montados en su macho pos nomás no aceptaban y Pancho Francisco con su lana, el apoyo de la raza y la razón de la justicia siguió con su causa contra el Congreso.

En 1827 nuevamente algunos legisladores tanto de Sonora como de Sinaloa, solicitaron la división del Estado, explicando el qué, cómo y el por qué mostrando para que se separaran, y nomás nanay.

Enterado de la situación el Congreso Nacional ordenó al Congreso del Estado la reposición de Pancho Francisco, pero nel pastel, el del Estado no hizo caso y ahí fue en donde ardió Troya, simón, se terminó la paciencia del pueblo, de la raza y esta empezó machín atacando al gobierno, acusándolo con purititas verdades, que iban dizque desde inmoralidades y arbitrariedades hasta otras chivas.

Algunas de las malas ondas que señalaba la raza era que el gobernador, José María Gaxiola; se voló 20 mil lanas como arrendamiento de diezmos de El Rosario; que además aceptó como diputado a Antonio Almada, cuando su elección fue irregular, y también de darle poderes administrativos y militares a su incondicional el diputado Carlos Cruz de Echeverría.

No’mbre las broncas de inconformidad y guamazos se dieron a partir de entonces por Santamaría y todo el mundo, porque lo mismo era en Culichi que en Cosalá, San Javier o Guaymas. Pero nel, Congreso seguía firme apoyado por el jefe de las armas, general José Figueroa.

Por fin, en agosto de 1829, don Leonardo Escalante expidió el Plan de Aconchi, en el que se pedían tres cosas: la reposición de Iriarte, la salida del gobernador Gaxiola y el desconocimiento de las autoridades que habían sido electas en forma anticonstitucional. Gaxiola dimitió, simón pero la legislatura todavía apoyado por el general Figueroa expidió un decreto en el que se establecía que quedaba olvidado todo lo relativo a la división de la entidad y que la reposición del vicegobernador se daría siempre y cuando los alebrestados le bajaran dos rayitas.

Eso calentó más a la raza y pos más presionó, tanto que, el general Figueroa retiró su apoyo a la Legislatura que tuvo que doblar las manitas y en octubre de 1829 Iriarte tomó por fin posesión del gobierno, separándose en marzo de 1830 año en que se lo entregó a don Leonardo Escalante que fue electo vicegobernador.

Así fue la tremenda bronca sostenida por el tremendo Pancho Iriarte, terminó con una victoria, machín contra la Legislatura, pero, además, como él fue el mero chicho del movimiento separatista, pos su mayor triunfo fue la división del Estado de Occidente para que Sinaloa y Sonora quedaran cada uno como estado de la federación, y bueno el 30 de enero de 1831 se llevó a cabo la primera elección para diputados constituyentes que se reubicarían en Culichi City. Sí señor.

A don Pancho lo reconocemos como un fregón, simón, un tipo aferrado machín a sus convicciones y a  sus luchas, porque la bronca que entabló con la Legislatura no crean que fue cualquier baba de perico, nel ni mangas fue un resto de  años en los que se le  humilló machín varias veces simón a veces lo hacían polvo pero mi compa se levantaba y seguía y seguía costándole tiempo, enemistades y dinero, y el compa fue tan noble que una vez que volvió al poder, y mayor entonces, al decretarse la fecha que erigía ya al Estado de Sinaloa, pues aunque no era jefe ni dirigente de ningún partido, era el amo y señor de la política sinaloense, y no, no se la cobró a sus enemigos, los perdonó, ¿Cómo la ven?

El 13 de marzo de 1831, quedó instalado el Congreso de Occidente del Estado de Sinaloa, el día 14, se designó a Francisco Iriarte Conde como gobernador constitucional y vicegobernador a Manuel María Bandera, y es que después del gobierno de don Leonardo Escalante, la raza lo quería de nuevo en el poder pero ya no le fue posible protestar el cargo, estaba bien amolado de salud, y de urgencia tuvo que irse a México, D. F., en busca de alivio pero pues ya no la hizo, allá falleció el 17 de septiembre de 1832.

Ahora bien como se los decía al principio fue don quien Antonio Nakayama Arce quien en su obra  “EL ESTADO DE OCCIDENTE”. Espejismo y fracaso de una Entidad, llamó: “Padre del Estado de Sinaloa” a Don Francisco Iriarte Conde por ser una de las más grandes figuras políticas sinaloenses.

Y bueno su nombre, se encuentra enmarcado en letras de oro, en el frontispicio de la Cámara de Diputados local.

 

PARA SABER:

Este miércoles 4 de diciembre será el último programa de esta temporada de Leyendas en el Casino, evento donde el autor de esta colaboración narra y discute con la audiencia leyendas y hechos históricos de Culiacán.

 

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: