Culiacán y sus historias | La valentina, historia de una revolucionaria muy sinaloense

Culiacán y sus historias | La valentina, historia de una revolucionaria muy sinaloense

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Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de ella, algunos hasta presumen de haberla conocido y cuentan siempre lo mismo; que la vieron en Navolato que la vieron en Culiacán que era una señora de este modo y de este otro y párenle de contar.

Su nombre completo era María Valentina de Jesús Ramírez Avitia.

Nació el 14 de febrero de 1893 en un caserío llamado San Antonio, Norotal, perteneciente al municipio de Tamazula, Durango. Sus padres fueron el Sr. Norberto Ramírez y Micaela Avitia, tuvo cuatro hermanos varones: Atanasio, (fue Presidente Municipal de Tamazula), Juan, Francisco, Natividad y Pedro y una hermana que era menor que ella: Pilar.

Su padre Norberto Ramírez era labrador y arriero por lo que constantemente bajaba a la ciudad de Culiacán cosa que le permitía estar informado de los acontecimientos más actuales y fue así como cierto día que regresó a su casa le dijo a la familia de todo el movimiento revolucionario que se estaba gestando, y sus intenciones de participar en él ya que varios amigos lo harían. En ninguno de sus hijos hizo eco, pero sí en Valentina, de quien por sus mismas palabras lo supimos lo en una entrevista concedida al periodista Leopoldo Avilés, Meza en febrero 22 de 1969; donde afirma: “Cuando Francisco I. Madero se lanzó contra el dictador Porfirio Díaz yo era joven y tenía a mi padre. Este de inmediato comunicó a la familia sus deseos de luchar por la libertad de nuestros compatriotas y yo le dije que lo acompañaría, pero, poco después murió. En noviembre de 1910, me uní al grupo del General Iturbe, pero vestida de hombre con el nombre de Juan Ramírez.

Antes de entrar en la revuelta Valentina practicó los movimientos que hacían sus hermanos, como sentarse, saludar, hablar, y hasta la manera de montar a caballo.

A fines de noviembre de 1910, su padre le dijo le dijo que, si realmente se iba a ir con él a la revolución que se alistara, porque ya un compadre le había dicho la noche anterior que las filas revolucionarias de Juan Banderas y Ramón F. Iturbe ya estaban en Tamazula y que de un momento a otro pasarían por ahí por el Norotal, rumbo Topia.

Al siguiente día después de que sus hermanos mayores se fueron a trabajar a la milpa y darle desayuno a su madre que estaba en cama, ella, su padre y un hermano y una hermana más chicos estaban desayunando cuando se escuchó en la cuesta abajo el sonido de los cascos de caballo de los revolucionarios.

Ahí vienen ya, dijo su padre y ella rápido se vistió con la ropa, el sombrero, botas y espuelas de su hermano mayor que por cierto todo le quedaba grande, luego tomó la carabina y una pistola, se terció las carrilleras, escondió sus trenzas bajo el sombrero y esperaron a que los revolucionarios pasaran, y cuando estos lo hicieron de volada ella y su padre se unieron a la bola y aunque se fue con la bola en diciembre de 1910 no fue sino hasta  el 12 de enero de 1911 que ya quedó formalmente integrada al movimiento con el nombre de Juan Ramírez, bajo las órdenes de Ramón F. Iturbe.

Por cierto, es el mismo atuendo es el mismo con el cual aparece en la fotografía de Mauricio Yáñez, conocida ya por todos. En ella se observa como todo le queda grande. Pero bueno eso le permitió ocultar mejor su fisonomía femenina.

La marcha de padre e hija a la revolución dejando a la madre enferma y a los menores desprotegidos jamás les fue perdonada. El padre falleció pronto y la madre unos meses después también, en lo que toca a la Valentina los hermanos la encontraron en Culiacán y le reclamaron de tal manera que ya jamás pudo volver a casa.

El caso es que así fue como entró a la batalla el soldado Juan Ramírez quien peleó hasta el 22 de junio de 1911, figurando entre el grupo que tomó la plaza de Culiacán, que fue la última acción del movimiento, con el que vencieron al General Higinio Aguilar y al coronel Luis G. Morelos” y con ello lograron derrocar y desterrar al Gobernador Diego Redo.

Ahora por qué se acabó su carrera revolucionaria ese 22 de junio, pues porque ella misma contó que “al estarle dando agua a mi caballo a la altura de la isla de Orabá, éste me tiró el sombrero y un revolucionario que se encontraba a mi lado descubrió mis largas trenzas, llevándome con el general quien después de un interrogatorio, pues pensaba que era espía del enemigo, al descubrir que era mujer, sorprendido me felicitó pero de inmediato me dio de baja pues no admitía al igual que el general Villa a mujeres en sus filas, a partir de entonces se terminó todo olor a pólvora para mí”.

Muchos autores han escrito que la Valentina logró grados militares como coronel o teniente, y que después de la muerte de Madero se reincorporó a las filas de Álvaro Obregón, pero esos son solo agregados que como en toda leyenda la raza hace poniéndole de su cosecha, pero en este caso existe un documento oficial en el que consta entre otras cosas, que se dio de alta como soldado y de baja también como soldado, el 22 de junio por ser mujer.

Ya dada de baja Valentina se quedó a vivir en Culichi, se casó con el Coronel Federico Cárdenas de quien enviudo años después. Con el tiempo contrajo nuevas nupcias con el Sr. Luis Celis, pero no duraron mucho y se separaron.

En 1936  a la salida de catedral se topó con el general Iturbe quien al reconocerla y verla tan amolada le recomendó que fuera a ver a la familia Almada en Navolato que les dijera que iba de parte de él para que le dieran trabajo y fue, le dieron trabajó de sirvienta, pero la familia Almada dejó de radicar en Navolato y con ello Valentina perdió casa comida y sustento; entonces se las agenció para conseguir un terrenito ahí por la calle Josefa Ortiz de Domínguez en la colonia Alcanfores de Navolato, construyó como pudo un pequeño jacal de lámina y se dedicó a lavar y planchar ropa ajena.

En 1962 viendo las penurias que Valentina pasaba alguien le sugirió que fuera al cuartel de Culichi, que tenía derecho a una pensión como veterana de guerra y así lo hizo, se apersonó y sí, la atendieron y reconocieron como veterana pero de acuerdo a su historial no acreditaba pensión alguna ya que oficialmente solo había prestado servicio del 12 de enero de 1911 al 22  de junio del mismo año, es decir cinco meses diez días; de modo que solo le entregaron el documento que la acreditaba como veterana y san se acabó.

En una entrevista que tuve con la maestra Angelina González de la Rocha me comentó que en 1969, la Valentina fue atropellada por un carro ahí en Navolato y la trajeron a curar a Culiacán en donde era visitada por su tía Clarita de la Rocha quien les comentó en familia la gravedad del accidente, que  la iba a dejar lisiada para el resto de su vida, y así fue, al salir del hospital era tan lamentable su condición que el Ayuntamiento de Culiacán la metió al asilo de ancianos, pero no duró mucho pues no se sabe cómo, ( se presume que Clarita la ayudó), el caso es que  a los pocos días se fugó, diciendo: que prefería morir junto a sus perros, (que por cierto tenía varios), que morir prisionera.

De modo que sus últimos diez años, vivió de la caridad arrastrándose en una tablita, por la plazuela y el mercado de Navolato.

Se dice que ella era muy devota de la Virgen de Guadalupe, y tenía una imagen de ella sobre un pequeño armario a la que a diario le prendía una veladora y cuenta la gente que es muy posible que alguno de sus muchos perros haya tumbado la veladora, quemándose casi de inmediato la casita con Valentina dentro. Cuando los vecinos la rescataron (y aquí hay que aclarar hay quienes aseguran que la sacó uno de sus perros), su cuerpo tenía muchas y grandes quemaduras, la llevaron de inmediato a Culiacán, pero ya no fue posible hacer nada por ella.

Falleció el 4 de abril de 1979. Sus restos se encuentran en la fosa común del panteón Civil de Culiacán.

Esa fue la triste existencia de la famosa Valentina.

La verdad es que se hizo famosa gracias a la canción de la Valentina y a la foto en la que aparece vestida de hombre con un moñito negro en señal de luto por sus padres que le tomó el fotógrafo jalisciense Mauricio Yáñez. Y bueno aunque se le acredito como el personaje femenino de la canción, que los revolucionarios tomaron casi como un himno, la verdad es que esa canción se refiere a otra Valentina ya que esa melodía existía antes de la revuelta pues según se sabe fue recopilada por el maestro Ángel Viderique  y estrenada el 15 de septiembre de 1895 en la plazuela Rosales de Culiacán Sinaloa, es decir que entonces Valentina Ramírez tenía apenas 2 años, pero bueno la raza la asoció con ella y está bien.

Por cierto, la letra original de la Valentina es esta.

“LA VALENTINA”

Una pasión me domina

es la que me ha hecho venir

Valentina, Valentina

yo te quisiera decir.

 

Que por esos tus amores

la vida voy a perder;

si me han de matar mañana

que me maten de una vez.

 

Si porque tomo tequila

cerveza o puro jerez,

si porque me ves borracho

mañana ya no me ves.

 

Valentina, Valentina

dicen que me han de matar;

queriéndome tú, mi vida

¿qué me importa lo demás?

 

Y sé que me andan cazando

de tu casa en el zaguán

que tanto estoy ahí­ entrando

y que en él voy a quedar.

 

Valentina, Valentina

te suplico esta vez

que si me dejan tirado

me vayas a recoger.

 

Si tú me quieres mi nena,

aunque no tengo temor

que me defiendan morena,

tus caricias y tu amor.

 

No hay quien se atreva conmigo,

pues saben que han de perder,

si me tantean tan seguido

que me hablen de una vez.

 

Una Juana y otra Juana

dos Juanas tengo a la vez,

una me tiende la cama

y otra me da de comer.

 

Dicen que por tus amores

la vida voy a perder,

nada me hacen los traidores

tan sólo con tu querer.

 

Una pasión me domina

es la que me ha hecho venir,

Valentina, Valentina

yo te quiero hasta el morir.

 

Y si muero Valentina,

ya muerto te he de querer

y una flor en mi tumba

tú me tendrás que poner.

 

Esa flor, mi Valentina

siempreviva ha de ser

que simbolice el cariño

y el amor de una mujer.

 

Que el amor cuando fue firme

aun muriendo debe arder

en el corazón que vive

como un inmenso poder.

 


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