Culiacán y sus historias | Los bailes de los abuelos

Culiacán y sus historias | Los bailes de los abuelos

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“Gloria a Dios en las alturas recogieron las basuras de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas”… y sí, los culichis de antes como los de ahora eran fiesteros a morir y eso lo constataron el músico Jesús Félix “El Vago”, Miguel A. Salazar Wong, Ángel Reátiga, Pacheco Ramos, y otros tantos cuantos que coincidieron en señalar los sitios preferidos por nuestros pachangueros abuelos.

De esta manera y no de otra, nos encontramos con el baile de Orona, así se le llamaba por su organizador que era nada más y nada menos que el señor Francisco Orona, cuya casa, local u lo que sea, se encontraba por la calle Rosales, al oriente,  esquina con Granados, ahí mero era el bailongo y según consta en el talonario fue un resto de raza la que bailogueó por varios años en ese lugar y los bailadores, bailarines y bailaderos eran de las dos clases que había entonces, jodidones y ricachones porque pues el compa Orona tenía el colmillo más retorcido no que un elefante sino de un mamut y organizó su changarro con dos pistas; en una bailaban los que se restregaban con jabón y lejía en la otra los de la olorosa “Pomada”, como como le decían a la clase adinerada en aquellos tiempos.

Todo empezaba como debía de empezar, cada chango a su mecate, y en santa paz, pero pronto empezaba a correr el agua de las verdes matas y al ratito era un mezcladero y cosa rara, en los bailes de Orona era rarísimo que hubiera un percance, pues el tipo con todos tenía comal y metate, era algo así como el Cuchupetas en su restaurant de Villa Unión, entras a su local y un minuto después ya es tu amigo y se sienta en tu mesa y te habla de su familia, sus anécdotas en fin algo así era este cuate quien controlaba todo personalmente. Además se preocupaba porque la banda fuera distinta en cada baile, es decir, había variedad de bandas ahí tocaban las bandas de Los Coyonquis, la de Conrado Solís, la de Caminaguato, Los Alamitos, También las bandas de las Tapias, Tepuche y Agua Caliente de los Monzón.

Otro baile famoso era el del Rebote, y precisamente se celebrada en el rebote que estaba por la calle Zaragoza y aunque frecuentemente se iba la luz se alumbraban con ocotes para seguir bailando, este baile no era tan de catego como el de Orona pero igual se divertía la raza y según cuentan algunos sobrevivientes de la época que las chamaconas que iban a bailar ahí, cargaban desde su casa la silla o el banco, por lo que se hizo frecuente verlas sábado con sábado con su asiento a cuestas, el regreso era distinto, porque si enganchaban un galán, pues él era quien cargaba con la silla. Igualmente se hacía cuando el baile era en casa particular, las invitadas tenían que llevar en que descansar, a menos que la fiestera hiciera un gran pedido a la cerveza o a los refrescos que eran quienes prestaban mesas y sillas pero pues eso ya era de otro nivel, por lo regular en las fiestas se daban sus tamalitos con frijoles y su vasote de agua fresca y el que quería otra cosa pos tenía que llevarla.

Había por supuesto otros centros de baile como Los dos cometas y la Bola de gusto, que se encontraban en la esquina de 2 de abril (hoy Boulevard Madero) y Vicente Riva Palacio, también hubo un centro de baile por la calle Rubí, entre Colón y Escobedo, donde estuvo el cine Lírico. Y otro más de ambiente popular lo fue la posada Parra, organizado por el acordeonero “Parrita”. Además la señora Lorenza Núñez y otras damas, organizaban tardeadas en la alameda de la Toma de Agua (lugar situado en la ribera del río en la colonia Tierra Blanca).

Por la calle Colón se encontraba el local de la Sociedad Filarmónica. Ahí se organizaban bailes que eran amenizados por las distintas orquestas que, ya para entonces, había en Culichi.

En ese entonces había en nuestra capital dos grandes ferias: la que se celebraba en el mes de diciembre, en la plazuela Rosales y que era amenizada por la banda de Los Sirolas o por la banda de Los Alamitos, y la feria que era mucho más importante y con más bailongo pues era ni más ni menos que la del 13 de junio que se celebraba en Tierra Blanca, la famosísima fiesta de San Antonio.

A esta acudían todas las bandas. ¿Y por qué diablos era tan importante esa fiesta? Eso es lógico y más lógico en los tiempos de los abuelos, recuerden que cuenta la tradición que San Antonio es el fiel ayudante de las casaderas (aunque también hombres lo visitaban o visitan) y de quienes tienen problemas del amor.; y en aquellos ayeres en que los papás eran tan duros, celosos y batallosos a más no poder y pos las chavas batallaban más y muchas se quedaban para vestir santos convirtiéndose en la tan conocida “tía solterona”, de modo que aprovechaban ese día para implorarle a santo que les consiguiera pareja y pos los abusados de los abuelos ya sabrán se aparecían como por arte de magia en misa como abejas en el panal, como hormigas en un pedazo de pan, como palomillas en la luz en fin creo que ya entendieron.

Por cierto, hoy ya no es tan popular esa iglesia y ese santo, de hecho pocas personas se acuerdan de ese día que antes fuera tan importante en la vida Culichi y la razón es porque la iglesia católica calificó a esa tradición como una vil “superstición” y además una falta de respeto, que las chavas pusieran al santo de cabeza para que les ayudara y pos así nomás por nomás se canceló la fiesta dejando solamente un triduo de misas y pos no, así ya no tuvo chiste, es más yo creo que ni el sacristán va.

Bueno pero siguiendo con los bailes, según el licenciado Verdugo Fálquez, en la Lonja había un local de baile destinado a las clases privilegiadas es decir la crema y nata, simón era el preferido por los chipocludos. Ese salón se arreglaba elegantemente con cortinas, flores y espejos y un titipuchal de cosas que ni por asomo tenían los otros sitios y bueno, también estaba el casino de Culiacán y un poquito después apareció la sociedad mutualista y muchos más pero como ya me cansé, ahí le paro.

 

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.


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