El “culiacanazo”, según el tercer informe de Quirino Ordaz | Tema de la semana

El “culiacanazo”, según el tercer informe de Quirino Ordaz | Tema de la semana

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Llama la atención que el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, le haya dedicado un trascendente apartado en su discurso de entrega del tercer informe de labores a los sucesos violentos que vivió Culiacán el 17 de octubre, referenciando al llamado “jueves negro” como elemento de unidad entre los tres poderes del estado y detonador de cohesiones entre los niveles de gobierno federal y local.

“Nos unimos ante ello los tres poderes, los legisladores federales, los grupos organizados de la sociedad civil, las universidades, los grupos religiosos y la ciudadanía”, dijo enfático al entregar a la 63 Legislatura el tercer balance anual de la administración pública que preside. “Hicimos un frente común a esta lamentable situación que vivimos y eso mandó un extraordinario mensaje a la sociedad sinaloense y al país en general”, agregó.

Lo que extraña es que el gobernador, quien optó por no salir a explicarle a la opinión pública que sucedía durante y después de que la capital de Sinaloa fue rehén de un grupo de delincuencia organizada, incluya en el mensaje político del informe un punto que a la fecha, un mes después, todavía carece de la claridad respecto a lo que realmente ocurrió ese día que quedó marcado en la historia triste de Culiacán.

Además, lo enlaza con el concepto de unidad, no de solidaridad, que a raíz de tal suceso mostraron las instituciones de los ámbitos Legislativo, Judicial y Ejecutivo con la ciudadanía, respaldo que por fuerza tenía que haber sido así. Sin embargo, aquí cabe la pregunta de si más allá de dicha coyuntura, ¿ha existido la misma armonía entre los tres poderes?

Desde el mismo eje de la colaboración mutua, Ordaz Coppel destaca que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido un aliado para el desarrollo de Sinaloa, mientras la realidad plantea al sector agrícola y campesino sinaloense peleando palmo a palmo mayores recursos para la actividad del campo, y los proyectos estratégicos como la continuidad de la carretera Badiraguato-Parral, la red de riego de la presa Santa María y la modernización del puerto de Mazatlán, entre otros, continúan en suspenso.

En sí, la única deferencia que López Obrador ha tenido hacia Sinaloa es el trato cordial con el gobernador, en una buena relación entre ambos políticos que ya tardó un año sin dar señales más claras, con políticas públicas efectivas, de qué tanto le importa al presidente el desarrollo de Sinaloa. En 2020 los signos a la mano anticipan que será pródiga la fraternidad entre los dos mandatarios, pero magros los apoyos presupuestales de la federación.

“Este año hemos contado con un gran aliado del pueblo de Sinaloa como lo es el presidente de la república, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, con él hemos logrado, platicado y reflexionado amplia y abiertamente y hemos encontrado respuestas concretas y favorables para Sinaloa”, expuso Quirino Ordaz en contraste con la realidad que explícitamente expone una situación diferente.

Paradójicamente, en el tema más sensible para Sinaloa, que es el de la seguridad pública, fue el gobierno de AMLO el que complicó un panorama local donde los delitos de alto impacto, como lo son los homicidios dolosos, registran la tendencia sostenida a la baja, aunque a raíz del “jueves negro”, derivado del operativo federal mal planeado y de pésima ejecución, la evidencia de las estadísticas a favor de la construcción de paz ni cabida tienen siquiera en la percepción estatal, nacional e internacional sobre Culiacán y Sinaloa bárbaros.

Es verdad que los eventos de violencia que sacaron de quicio a Culiacán el 17 de octubre propiciaron el reforzamiento de la unidad ciudadana y también le abrieron cauce a la mentalidad colectiva por la recuperación de la ciudad para los pacíficos. De ahí en fuera, la gente sigue preguntándose en silencio o a gritos si las autoridades federales y estatales han aprendido la lección y, sobre todo, si están en posibilidad de garantizar que estos sucesos no se repetirán.

Es decir, quitando de en medio de la controversia aquella fecha aciaga, lo que vemos es un escenario de confrontación entres los tres poderes en Sinaloa, muy marcadamente entre el gobernador priista y el ala mayoritaria morenista del Congreso de Sinaloa, a la vez que el trato con López Obrador es de excesiva diplomacia, esmero por no dañarse uno al otro, y la táctica preferida de palacio nacional de abrazos sí, y muchos, pero partidas presupuestales no, ni siquiera para la educación y la salud que es lo que más importa.

El tercer informe de Quirino Ordaz contiene logros notables. La importante obra pública a pesar del cedazo federal que no deja fluir los recursos presupuestados para 2019, la interlocución civilizada con los opositores y críticos que no registra rasgos intolerantes, la construcción y modernización de la red hospitalaria, así como el crecimiento en la calidad de la educación en tiempos de austeridad, serían algunos de los avances.

En síntesis, muchas cosas se pueden presumir, otras reforzar y algunas poner a salvo de la corrupción corrosiva que está siendo más difícil de combatir que lo que se pensaba, sin embargo, la buena relación entre poderes en Sinaloa y cordialidad entre QOC y AMLO, estarían sujetas a análisis o bien a la “prueba de amor” que (¿será que el gobernador la ve venir en 2021?) deberá manifestarse antes de que la ola del rezago nacional alcance con sus estragos a Sinaloa.


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