El ‘viejo’ San Marcos | Un pueblo fantasma que se convirtió en campo de batalla

El ‘viejo’ San Marcos | Un pueblo fantasma que se convirtió en campo de batalla

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San Marcos, Sinaloa, México.

Era 2009 cuando la gente se preparaba para dejar atrás sus viviendas. Dejaban atrás también la tierra donde crecieron generaciones y generaciones, la tierra que los hizo ser y a la cual no querían renunciar. Pero tenían que hacerlo.

El motivo, la presa “Picachos”, construida en las cercanías. Al irse, su gente dejaba atrás más de 200 años de historia.

Ahora, durante gran parte del año todo el pueblo se inunda. El agua cubre calles, banquetas, escaleras y llega hasta a invadir las casas.

Bien lo dice el cortometraje de la mazatleca Betzabé García, es como si fuera “Venecia, Sinaloa”.

A menos de 10 minutos, el gobierno construyó “el nuevo San Marcos” dejando, a casi 1 hora de Mazatlán al ahora ‘viejo San Marcos’ como un pueblo fantasma.

A una década de que las familias abandonaron su hogar a causa de la presa, este año tocó a este pueblo fantasma ser la sede de un torneo de gotcha que se realiza año con año en Mazatlán.

A 10 años de lo sucedido llegar a este pueblo se siente con una vibra de nostalgia y magia.

Recorrer sus calles es apreciar como la naturaleza y el tiempo han hecho su trabajo, ganando terreno, acabando con todo lo que alguna vez fue una comunidad.

Alrededor de 400 gotcheros llegaron al pueblo en busca de aventura, ¿qué más emocionante que jugar entre casas abandonadas? Un verdadero lugar fantasma que se prestaba para poder escenificar el tema que había tocado este año «Pandemia».

Las reglas consistían en explorar y buscar la cura para un virus mortal, era el clima y ambientación perfecta, digno de una  escena de Walking Dead. Se formaron dos equipos, el rojo y el amarillo.

Metidos en su papel, vestidos de militares, creyéndose en una verdadera guerra, las balas de pintura fueron pintando las casas roídas se fueron llenando de colores.

Una y otra vez se escuchaba el sonido de las marcadoras, verdaderas ráfagas de color que por unas horas revivían a este pueblo abandonado.

Algunas personas  que aún viven en este pueblo o en las cercanías mostraban en sus rostros fascinación por este espectáculo.

Los niños fueron los primeros en interactuar con los jugadores y miraban atentos como se desarrollaba el torneo.

Emocionante, pero a la vez triste, pensar en todo lo sucedido a este pueblo y a su gente, a quienes con el pesar de su alma y su corazón se fueron, a quienes con terquedad se aferraron a sus raíces y se negaron a abandonar al ahora ‘viejo San Marcos’.

Ahí siguen quienes se quedaron, en medio de esta batalla de pintura. Ahí siguen observando como cientos de hombres con equipo táctico se disparan bolitas de pintura buscando la cura para una pandemia ficticia. Ahí siguen como si no pasara nada.

El evento finaliza al caer la noche y el poco tiempo que San Marcos cobró vida se fue con el anochecer. Bajo el manto de la noche oscura, el pueblo volvió a ser fantasma, sus calles se silenciaron y la oscuridad ocultó los colores que hace unas horas coloreaban sus viejas casas vacías.

San Marcos había muerto de nuevo.

 

Texto y foto: Nadia Verde.


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