Historias de histeria | “Tranquila, nada más vamos a dar la vuelta”

Historias de histeria | “Tranquila, nada más vamos a dar la vuelta”

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Le había dicho a Valeria que pasara por Lidia a las 9 y como siempre se les hizo tarde, las plebes nunca llegan a tiempo y yo me tengo que salir temprano de mi casa para que no me la hagan de pedo. Había pensado en irme a casa de Ana Karen, otra de mis amigas, pero ella andaba con su novio, así me que me salí a hacer unas vueltas.

Fui a dejar a una de mis tías que estaba de visita en la casa, luego pasé por Silvia, una amiga más a su casa y llegamos al Oxxo a comprar chicles y una cajetilla de cigarros. Nos paramos en uno que está por el bulevar y nos bajamos las dos a ver qué se nos antojaba, igual tiempo traíamos.

Mientras comprábamos, un par de tipos no nos dejaban de ver, ninguno de los dos era mal parecido, pero son de esa gente que no te inspira confianza, así como muchos en Culiacán, se miraban medio malandros.

Nos apuramos a comprar las cosas y al salir uno de ellos se acercó a Silvia y le sacó platica, le preguntó a dónde íbamos y la mensa les dijo a qué lugar nos dirigíamos. Al subirnos al coche la regañé, ella es medio volada pero no está bien que le de ese tipo de información tipos que no conocemos, aun estando tan guapos.

Cuando llegamos al bar no habían llegado nuestras otras amigas, ahí estuvimos sentadas un rato viéndonos la cara y tomándonos un trago hasta que aparecieron, llegando ellas también llegaron otros amigos y empezó el ambiente, pusieron reguetón y así, se nos empezó a subir.

Al rato en lo que bailaba vi que entraron al lugar los mismos tipos que nos topamos en el Oxxo, pero ahora venían más, como que igual que nosotras apenas se estaban juntando, llegaron y se pusieron lejos de nuestra mesa.

Nosotras seguimos bailando y platicando con nuestros amigos, estábamos festejando el cumple de Ana Karen, así que su novio encargó una botella para celebrar, como es normal en ese tipo de lugares, los meseros hicieron un escándalo y colocaron un cohete encima de la botella, todos se dieron cuenta que estábamos festejando.

Momentos después comenzaron a llegar shots a nuestra mesa, pero los regresábamos porque nosotros no los pedimos, el mesero nos dijo que eran cortesías, nosotros pensamos que del lugar, pero no era así. A la siguiente ronda, que llegó solo unos minutos después, el mesero me dijo que habían sido los vatos de la otra mesa, los que vivos antes de llegar.

Yo me puse muy incómoda y decidí ya no beber más de esos tragos y le pedí al mesero que no trajera más cosas que vinieran de ellos, pero que les dijera que muchas gracias, así se nos fue la noche y llegó mi hora de irme.

Le dije a Silva que nos fuéramos pero ella se quiso quedar así que me salí sola con Ángel, uno de mis amigos que me acompañó a mi coche, nos salimos y estando en el estacionamiento, notamos que nos seguían, eran los mismos tipos, así que yo apuré el paso, pero fue inútil, nos alcanzaron.

“Yo te acompaño” alcancé a escuchar, los dos tipos que acompañaban al tipo que vimos antes agarran a mi amigo y entonces él se acercó a mí, me abrazó de manera repentina mientras seguíamos caminando y yo no me animé a soltarme.

Entonces me dijo “mejor tú, acompáñame a mí” y me dirigió a su auto que estaba algo retirado del mío, me abrió la puerta y yo no sabía ni que hacer, ya estaba llorando.

“No llores, no te voy a hacer nada malo” se subió y arrancó rápido, ya ni supe qué había pasado con Ángel.

Cuando íbamos me dijo que yo le había gustado desde que me vio y que lo disculpara por todo lo que estaba haciendo, pero que estaba yo muy bonita. Yo no podía ni hablar, mientras agarrábamos el malecón para ir a no sé dónde. Me seguía platicando de otras cosas como tratando de que me interesara en sus cosas, pero estaba aterrada.

Mi celular comenzó a sonar y yo pensé en responder, él me lo arrebató y lo puso en el tablero, me dijo que ahorita me regresaba, que solo quería dar la vuelta, pero yo no sabía cuánto tiempo iba  durar esa vuelta, comenzó a faltarme el aire.

Le dije que tenía asma que me regresara por favor porque no traía mi medicina, al vato se le fueron los colores del rostro, dio una vuelta y aceleró, íbamos a toda prisa, mientras el aire me regresaba de a poco.

En menos de 10 minutos ya estábamos de vuelta en el estacionamiento y todos mis amigos están ya ahí reunidos, alrededor de mi coche.

Me ayudó a bajarme y cuando salía de su coche me regresó mi celular y me dijo que le debía una cita, ahora si ‘bien’ por haberme salvado la vida, me dio un beso en la frente y se fue.

Cuando llegué con mis amigos corrí a abrazarlos y lloré mucho, como nunca, de verdad tenía mucho miedo.

Ya no he vuelo a salir a bares y la verdad me da mucho miedo andar sola, siempre me siento perseguida pensando que me van a volver a secuestrar, ahora por más tiempo.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?


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