Industrialización manufacturera de Sinaloa, una tarea sin resolver | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

Industrialización manufacturera de Sinaloa, una tarea sin resolver | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

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Desde 1970, hace casi 50 años, las actividades manufactureras sinaloenses no pasan de representar en promedio el 8 por ciento del total de las actividades productivas del estado; la aportación de las manufacturas sinaloenses a la producción nacional no ha podido superar el 1 por ciento.

Para explicar los procesos de desarrollo regional exitosos, no pocas veces se recurre a la validez empírica de las llamadas Leyes de Kaldor. Esto se debe a que aunque existen alternativas diversas para alcanzar en el ámbito regional procesos de crecimiento sostenido, la evidencia empírica muestra que las diferencias que se presentan en las tasas de crecimiento de las regiones, están generalmente asociadas a los efectos positivos que genera la expansión del producto manufacturero en el conjunto de la economía, ya que induce el crecimiento del resto de los sectores y eleva la productividad en todas las actividades económicas.

La primera ley de Kaldor plantea que la dinámica del sector manufacturero constituye el motor del crecimiento de la economía, debido al alto efecto multiplicador que posee sobre el resto de las actividades productivas y a que, además, establece fuertes encadenamientos hacia atrás y hacia delante de las actividades industriales. La segunda establece que un incremento en la tasa de crecimiento de la producción manufacturera, conduce a un aumento de la productividad del trabajo dentro del mismo sector, ya que se genera una mayor división del trabajo, una mayor especialización y una ampliación del mercado. La tercera ley de Kaldor afirma que la productividad en los sectores no manufactureros también aumenta cuando la tasa de crecimiento del producto manufacturero se incrementa. La explicación de este hecho se debe a que la expansión de la industria manufacturera hace crecer la demanda de trabajo convirtiéndose en un polo de atracción para los trabajadores que se encuentran en sectores tradicionales. Además de que se supone que se da una transferencia de recursos de sectores de baja productividad a otros de alta productividad, mejorando la productividad agregada de la economía.

Por estas razones, muchas regiones de México y del mundo, implementan estrategias tendientes a que el sector manufacturero ocupe un lugar relevante en sus estructuras productivas.

Sinaloa no ha sido ajeno a esta aspiración, por lo que hace más de treinta años que la pretendida diversificación de la economía ha estado en el discurso de todos los gobernantes en turno y en todos los planes estatales de desarrollo que se han elaborado, al menos desde el Gobierno de Francisco Labastida Ochoa. Pero salvo algunos avances que realmente no son significativos, considero que en el proceso nos hemos quedado bastantes cortos.

El más reciente Plan Estatal de Desarrollo, el de Quirino Ordaz Coppel, para el periodo 2017-2022, establece en su objetivo 3, el compromiso de fortalecer la economía estatal, con base en un crecimiento y desarrollo económico competitivo, homogéneo y que incentive la diversificación de los sectores productivos. De ahí se desprende la estrategia 3.2 y de ella la línea de acción 3.2.1 que consiste en promover reformas a la Ley de Fomento a la Inversión favoreciendo la atracción de empresas que agreguen valor a los procesos productivos actuales, de industrialización, tecnologías de la información y manufactura avanzada.

Revisando información de los últimos 15 años, podemos constatar que tan exitosos han sido los pasos que se han dado para alcanzar el tan anhelado proceso de industrialización manufacturera en nuestra entidad. En 2003, la participación de la producción manufacturera en el total de las actividades económicas del estado, fue de 8.1 por ciento, ocupando en cuanto a nivel de industrialización por entidad federativa la posición 26. Muy lejos de los líderes, Coahuila, Querétaro y Nuevo León, con participaciones de 43.6, 29.3 y 26.6 por ciento, respectivamente.En el 2017 (último año para el que se tiene registro por entidad federativa), la participación de la industria manufacturera en el PIB estatal bajó a 8.0 por ciento, ocupando la posición 24 en el ámbito nacional y de nuevo muy lejos de los líderes que ahora son Coahuila (39.9%), Aguascalientes (27.7%) y Querétaro (28.2%).

En realidad la aportación de las manufacturas al producto estatal sinaloense ha caído con el paso del tiempo, ya que en los setentas del siglo pasado llegó a ser del 12 por ciento, de 11.5 a principios de los ochentas, de 8.5 a mediados de los ochentas y de 6.8 por ciento a principios de los noventas.

Es decir, los datos recientes evidencian una marginal recuperación con respecto a los últimos datos del siglo pasado, pero ni siquiera alcanzan para recuperar la posición de los años setentas.

En consecuencia, nuestra aportación al PIB manufacturero nacional apenas ronda el 1 por ciento, sin variación significativa entre el 2003 y el 2017. Para estos años, los líderes fueron el Estado de México en 2003 con una aportación de 12.4 por ciento y Nuevo León en el 2017 con una aportación de 10.4 por ciento.

En el periodo de 2003 al 2017, la tasa media de crecimiento anual del sector manufacturero sinaloense fue de 2.4 por ciento (posición 11 en el país), ciertamente mayor que la cifra nacional que fue de 1.9, pero bastante por debajo de las entidades con las mayores dinámicas que fueron Aguascalientes (6.8%), Guanajuato (4.9%) y Zacatecas (4.5%). Para ilustrarlo de mejor manera, las tasas de crecimiento de las entidades líderes son entre dos y tres veces más grandes que la tasa de crecimiento de las manufacturas de Sinaloa. Cabe señalar también, que en el periodo, 26 entidades federativas presentaron tasas positivas y 6 tasas negativas, mientras que las manufacturas de 13 entidades crecieron más que las del país y 19 crecieron menos.

Para el mismo periodo, la tasa media de crecimiento anual del total de la economía sinaloense fue de 2.6 por ciento (posición 18 en el país), también por encima de la cifra nacional que fue de 2.3, pero de nuevo lejos de las entidades con mayor dinámica que fueron Baja California Sur (5.0%), Quintana Roo (4.7%) y Querétaro (4.7%). Es de hacerse notar que en el grupo de líderes aparecen dos entidades que no son precisamente de las más industrializadas.

Al correlacionar ambos comportamientos, la dinámica de la economías estatales en su conjunto y la dinámica de las actividades manufactureras estatales, se encuentra que las entidades federativas con los productos estatales más dinámicos, es decir con mayor crecimiento, son al mismo tiempo las entidades que presentan mayores dinámicas o crecimientos en sus sectores manufactureros. Para el periodo, existe también evidencia de una correlación positiva entre la mayor dinámica de las economías estatales y una mayor participación de las actividades manufactureras en la estructura productiva de las entidades, asi como con la mayor aportación a la producción manufacturera nacional.

Especificamente, en el grupo de las 10 entidades federativas con las mayores tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto Estatal (PIBE) de 2003 a 2017, se encuentran 6 entidades de las llamadas manufactureras, destacando los casos de Aguascalientes y Guanajuato, que ocupan respectivamente las posiciones 3 y 4 en cuanto al crecimiento del PIBE y al mismo tiempo ocupan las posiciones 2 y 3 en la participación de la industria manufacturera en sus estructuras productivas.

Cabe reconocer que no se trata de establecer que la industrialización debe ser concebida como la única vía para alcanzar el desarrollo, ya que las entidades con mayor crecimiento en el periodo, Baja California Sur y Quintana Roo, ocupan las últimas posiciones en cuanto a nivel de industrialización.

De igual manera, en el grupo de las 10 entidades con mayores niveles de PIB per cápita, 6 lugares corresponden a estados con una industrialización manufacturera relevante, destacando los casos de Nuevo León (lugar 9 en industrialización) en la posición 2, Coahuila (lugar 1 en industrialización) en la posición 3, Querétaro (lugar 2 en industrialización) en la posición 6, Aguascalientes (lugar 3 en industrialización) en la posición 8 y Chihuahua (lugar 4 en industrialización) en la posición 10.

También destaca el hecho de que en el ranking de los 8 salarios medios más altos pagados por entidad, se ubican 6 de las entidades en las que tienen más peso las actividades manufactureras en el conjunto de las actividades productivas totales. Sobresalen los casos de Querétaro (lugar 2 de industrialización) en la posición 2, San Luis Potosi (lugar 5 en industrialización) en la posición 5, Coahuila (lugar 1 en industrialización) en la posición 6 y Chihuahua (lugar 4 en industrialización) en la posición 8. En este grupo a Sinaloa le corresponde el último lugar en el ranking de salarios y el lugar 24 en industrialización.

En resumen, del 2003 al 2017, las entidades federativas más industrializadas son, en general, las más dinámicas, las que presentan mayores niveles de PIB per cápita y es ahí donde se pagan los salarios más altos del país. Esto refuerza el planteamiento de la importancia de generar condiciones para que economías como la nuestra, alcancen un mayor grado de diversificación, logrando que las actividades manufactureras tengan un mayor peso en el conjunto de las actividades productivas.

El análisis revela que los esfuerzos que en tal sentido se realizaron hasta ahora han resultado al menos insuficientes, ya que en cincuenta años no ha pasado prácticamente nada.

Desde 1970 las actividades manufactureras sinaloenses no pasan de representar en promedio el 8 por ciento del total de las actividades del estado y la aportación de las manufacturas sinaloenses a la producción manufacturera nacional, no ha podido trascender el 1 por ciento.

De acuerdo con los datos más recientes, se evidencia que también ha cambiado poco la composición de los subsectores de la industria manufacturera, ya que en el 2019, como hace 30 o 40 años, poco más del 77 por ciento del total del sector corresponde a la producción manufacturera de alimentos, bebidas y tabaco, mientras que el resto de los subsectores tienen participaciones marginales, como marginales son también sus participaciones en los respectivos subsectores manufactureros nacionales.

Por eso, aunque en lo que va de la gestión de QOC el comportamiento de las actividades manufactureras ha sido medianamente aceptable con un promedio de las variaciones anuales del ITAEE manufacturero cercano al 4 por ciento, abona poco a la dinámica total de la economía, toda vez que otros sectores, como el agropecuario, la construcción, el comercio y los servicios, tienen una mayor presencia en la estructura productiva del estado.


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