Ingobernables contra disciplinados, por la bendición de AMLO rumbo al 21 | El análisis de Alejandro Luna

Ingobernables contra disciplinados, por la bendición de AMLO rumbo al 21 | El análisis de Alejandro Luna

Compartir:

 

Los más recientes acontecimientos políticos en el contexto nacional y local dejan muy claro que hay una diferencia muy significativa entre Morena y el presidente. Morena fue el vehículo para que llegara a la presidencia Andrés Manuel López Obrador, porque éste necesitaba un instrumento legal para participar en el proceso electoral, pero el electorado votó por López Obrador no por Morena como partido.

Obviamente el voto de la mayoría de los mexicanos –al votar por el presidente–, generó un beneficio colateral al partido Morena y a los otros candidatos que este partido registró para alcaldes, diputados y senadores, los cuales aprovecharon el raite del vehículo que transportaba a López obrador a la presidencia para llegar a esos puestos.

Sin embargo, lo que atrajo los votos fue el candidato y no el partido, por lo que, sin AMLO como chofer, el vehículo Morena ya no es garantía de  triunfo para ningún candidato, así que para ganar, los candidatos que se postulen por Morena tienen que ser muy buenos y atraerle votos al partido en vez de esperar que el partido le ponga los votos por asociación de imagen (en la percepción social) de Morena con la obra del gobierno.

¿UTILIDAD O COMPROMISO?

El presidente ha dejado claro que no es el presidente de Morena, sino el presidente de todos los mexicanos y, por tanto, que cada partido tendrá que hacer su propio trabajo y postular a los mejores hombres y mujeres para contender y ganar los puestos de elección popular. Este mensaje advierte su interés de promover una verdadera democracia, en que no se usen los recursos y las obras del gobierno para favorecer a un partido, como sucedía en los gobiernos anteriores.

Este mensaje no pretende convencer a nadie de que se disociará a Morena del gobierno –seguramente el partido seguirá ganando algunas elecciones por la asociación, en la percepción social, de Morena con el gobierno—, sin embargo, deja entrever que, aún con todo el peso de su compromiso moral con el partido que formó para llegar a la presidencia, no está obligado a apoyar siempre a todos los candidatos de Morena. El triunfo ya no está en su agenda (ya triunfó), sino la transformación del país y para ello necesita a todos los actores políticos dispuestos a participar, no sólo a los de Morena.

Deja entrever, entonces, que podría apoyar a quien mejor le sirva en su proyecto transformador del país, no sólo a los candidatos de Morena. Es decir, que podría apoyar a candidatos de otros partidos si son mejores que los de Morena, sobre todo si éstos últimos no son los mejor perfilados y provienen de imposiciones, conflictos o de presiones de cotos de poder al interior de ese partido. La anulación de las elecciones internas a nivel nacional y el jaloneo que sucedió ayer por la presidencia de la JUCOPO entre los diputados morenistas en el Congreso del Estado son muestra clara de una situación conflictiva que no parece tener solución en el corto plazo.

La confrontación entre las fracciones de morenistas en el Congreso del Estado traslucen la pugna intestina por la búsqueda del control del mayor número de posiciones que influya en la definición del candidato a gobernador en el 2021. Trasluce también que no hay ningún liderazgo fuerte al interior del partido que respalde y asegure una candidatura fuerte al Gobierno del Estado.

LOS ASPIRANTES, PROS Y CONTRAS

En el contexto local, el senador Rubén Rocha –el candidato natural, en el imaginario social—sigue batallando mucho por penetrar en la estructura de Morena. Los grupos originales no lo aceptan. Lo acusan de advenedizo (era jefe de asesores del gobierno de Quirino cuando se postuló al senado por Morena) y de su probada militancia en el equipo priísta del ex gobernador Jesús Aguilar Padilla. El senador ha tejido algunas relaciones con grupos de poder, gracias a su cercanía con Aguilar, pero se le dificulta el trato con la masa y aunque constantemente se exhibe en eventos públicos, no genera simpatía entre los sectores populares, lo cual parece no preocuparle.

No obstante, Rocha sabe que para ser candidato a gobernador en el 2021 se tiene que subir al carro de Morena, pero los jefes de los grupos Morenistas no lo aceptan. Y regresarse a competir por el PRI, aún en eventuales alianzas con el PAN, con el PAS o con el PRD, significaría su muerte política. Primero porque la intención de voto sigue siendo favorable a Morena y segundo porque compraría muy barata una imagen de traidor y desleal, así que no le queda más que seguir picando piedra para que los jefes morenistas lo acepten. Ese si es motivo de preocupación, pues sabe que, ya montado al carro, que Morena le haga la campaña.

El otro prospecto de Morena con posibilidades de ir por la gubernatura de Sinaloa es el presidente municipal de Mazatlán, Luis Guillermo “químico” Benítez. Tiene más incidencia en los líderes morenistas que el senador Rocha, pero no da señales de tener interés en construir su candidatura. Ha tomado una posición cómoda y parece depositar toda su expectativa en que, llegado el momento, su amigo el presidente López Obrador lo llame y le diga que lo quiere de candidato a gobernador y que le dé la orden a los grupos morenistas de apoyarlo. Si no es así, no será candidato, por lo que entonces buscaría transferir su influencia en Morena a alguien de su misma línea, como la propia Merary Villegas o incluso, Tatiana Clouthier, si fuera el caso.

En la otra esquina del ring político se prepara con mucha intensidad el gobernador Quirino Ordaz con la estructura de “Puro Sinaloa” impulsada desde el gobierno del estado. Por el tipo de eventos masivos que organiza con frecuencia es evidente que no sólo busca servir a los sinaloenses, como es su responsabilidad, sino, además, hacerse campaña. Es decir, no sólo está pensando en el “aquí y ahora” de su gobierno, sino en el 2021. Y aunque no queda claro si está sembrando para cosechar él mismo y asegurar su incorporación a la 4T en niveles más altos, al lado del presidente López Obrador, o para heredar ese capital político a uno de sus pupilos, Juan Alfonso Mejía, Carlos Gandarilla o incluso, a su esposa Rosy Fuentes. O las dos cosas.

Aunque hace algunos años las esposas de los gobernantes eran consideradas más bien para posiciones de ornato, recientemente las primeras damas han ocupado lugares preponderantes en la política al lado de sus esposos, algunas altamente influyentes como Martha Sahagún, con Vicente Fox o Margarita Zavala con Felipe Calderón, por lo que ahora es natural que las esposas puedan ser candidateables a suceder a sus esposos, sobre todo si éstos fueron buenos gobernantes y tal parece que Quirino quiere dejar esa imagen, que podría transferir a doña Rosy Fuentes (lo cual no sería nada descabellado).

Si ese no fuera el caso, sólo quedan dos prospectos del lado oficial para entrar a la contienda con probabilidades de éxito. El secretario de educación, Juan Alfonso Mejía y el Secretario de Desarrollo Sustentable, Carlos Gandarilla García. Aunque se mueve también en ese escenario, Sergio Torres Félix, el Secretario de Pesca y Acuacultura, para nadie es un secreto que es un alfil de Manlio Fabio Beltrones y por tanto, no es del equipo personal de Quirino, aunque sea parte de su administración, a la que entró como una posición concedida al PRI.

Por tanto, quien aparece como número uno (después de la señora) en la fila hacia la candidatura al gobierno del estado es Juan Alfonso Mejía, joven brillante, políglota, carismático, trabajador y muy amigo de la pareja gobernante de Sinaloa. Tiene una agenda intensa de vinculación social y con medios que ha empezado a posicionar muy bien su imagen para cualquier escenario probable en que se definan las candidaturas. Sin embargo, su posibilidad de participar depende cien por ciento de su jefe el gobernador. No ha mostrado liderazgo propio, sino más bien, obediencia y disciplina con sus jefes, aunque vaya en detrimento de su responsabilidad social, lo cual cuadra a la perfección con el modelo (y la práctica) de los gobiernos neoliberales (panistas) en que se formó.

No obstante, su más grave obstáculo podría ser, que gracias a ese mismo perfil, se convirtió en el principal operador de Claudio X González, enemigo jurado del presidente Andrés Manuel López Obrador, a través de la presidencia nacional de Mexicanos Primero, influyente artífice en la oprobiosa reforma educativa. Hasta antes de contratarse como secretario de educación en Sinaloa, Juan Alfonso publicaba sistemáticos ataques contra el candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, en una columna en el periódico El Universal buscando, a veces, ridiculizarlo y descalificar sus ideas con el respaldo de información estadística. Habría que ver si el secretario de educación de Sinaloa es en verdad equipo del gobernador Quirino o es parte de la estrategia de Claudio X González –gobernar Sinaloa—para ganar terreno en su campaña contra el presidente López Obrador y contra su proyecto de la 4T.

Carlos Gandarilla, por su parte, mantiene un perfil un poco más bajo, más discreto. Su trabajo es constante pero su nivel de proyección publicitaria es menor. Los reflectores los tiene su jefe el gobernador y no quiere competirle. Sabe que, al menos por ahora, el permiso para proyectarse lo tiene el secretario de educación. Sin embargo, él sigue en la fila y con la vela prendida, por si acaso alguna circunstancia le impidiera avanzar a quien va adelante y se abriera la oportunidad para él. Sabe también que en la política los tiempos y las circunstancias son muy cambiantes.

Gandarilla también es un joven brillante, dinámico y funcionario eficiente y disciplinado, sin embargo, éste no proviene de cepa neoliberal. Se formó en la clase política más vinculada con las causas y las necesidades sociales y aunque su desempeño profesional anterior a su incorporación al gobierno del estado le permitió mantener un importante contacto con los grupos y organizaciones sociales, la asociación de su nombre con las siglas del PRI, del que fue presidente estatal, y el desprestigio que sufrió este partido en las elecciones del 2018, no lo dejan en la mejor posición para buscar la gubernatura.

Sin embargo, aunque también buscaría el apoyo de su jefe el gobernador Quirino para ser candidato y heredar todo su capital político, Gandarilla tiene sus propias relaciones en la clase política vinculada al poder económico en Sinaloa que, aunque un tanto dispersa desde la derrota de Francisco Labastida –cada quien buscó sus propias relaciones más personales que partidistas con el gobierno—, bien podría reactivar sus relaciones orgánicas identitarias si hubiera un buen motivo o un liderazgo que las motivara.

EL PARTIDO ES LO DE MENOS

Aunque las estructuras mentales tienen a conservar imágenes y creencias con las cuales la gente vive y toma sus decisiones, y esas nos dirían que Morena tiene asegurado el triunfo en el 2021 y que el PRI ya no tiene posibilidad de ganar la gubernatura, habría que considerar que en el nuevo milenio los partidos –Morena, el PRI, el PAN, el PRD…– son sólo siglas que sirven para que las personas lleguen al poder, pero también que son desechables. Es decir, que las mismas personas que en un determinado momento se sirvieron de las siglas de un partido para llegar al poder, si éste se ha desprestigiado tanto que ya no les sirve, simplemente se pueden buscar o formar otro. Tal es el caso, por ejemplo, de Redes Sociales Progresistas –RSP—.

Si las fuerzas están dispersas en distintas siglas, pero activas, en cualquier momento se pueden volver agrupar bajo siglas distintas si el partido de antaño ya no les sirve.

Por ello, resulta poco probable que el PRI postule a un candidato ganador, pero si es un buen candidato, lo que tendría que buscar son nuevas siglas. Es por ello que resulta poco probable que Quirino ponga todo su capital de “puro Sinaloa” y su candidato bajo las siglas del PRI. Seguramente habrá que buscar un partido menos desprestigiado o de plano uno nuevo para competir, aunque el PRI, el PAN, el PRD y otros perdedores vayan agregados.

PARTIDO SIN CANDIDATO Y CADIDATOS SIN PARTIDO

Quirino mismo se busca posicionar como líder, ante la sociedad, con sus eventos masivos. Y esa fuerza, si fuera el caso, buscaría transferírsela a su candidato, que por ahora no tiene partido. Es decir, hay fuerza y liderazgo político, pero no hay partido. En tanto que en la esquina de enfrente, hay partido pero sin liderazgo y por tanto sus aspirantes son débiles y eso abre la posibilidad de que, con todo el imponente nombre del partido que llevó a la presidencia a López Obrador, el candidato morenista pueda ver de frente la cara de la derrota ante un candidato que ni siquiera tiene partido.

Frente a este escenario estatal y con las advertencias hechas por el presidente, que dejan entrever la posibilidad de que no siempre apoye a los candidatos morenistas, la certeza de que Morena ganará la gubernatura en el 2021 deja de ser tan cierta.

Es evidente que la decisión de quien será el próximo gobernador la tiene el presidente. Bastaría una señal suya para inclinar la votación en favor del candidato que él elija, porque el poder real está concentrado en él y no en Morena. En ese contexto, no se ve en Sinaloa quien se atreva a desafiarlo. Al contrario, la competencia entre los aspirantes será para convencerlo de que son  la mejor opción, no importan porqué partido se postulen.

Por un lado, sus correligionarios y amigos, con la patente de Morena, soñadores e ideólogos de justicia y democracia, atrapados en una dinámica de golpeteos y pugnas intestinas interminables, indisciplinados e ingobernables. Y por el otro lado, sus antiguos adversarios, vinculados con una imagen de corrupción y de injusticias, pero disciplinados y eficientes y muy dispuestos –y hasta deseosos—de subirse al carro de la 4T bajo su conducción y manto protector.

Resulta ocioso preguntarse ahora que pesará más para López Obrador en el momento crucial del 2021, si su aprecio y compromiso con sus amigos los morenistas o la utilidad (disciplina y eficiencia) que le puedan representar sus ex adversarios políticos para la concreción de su proyecto transformador del país, porque hay muchos factores que sólo se podrán considerar en el momento, sin embargo, sus amigos pueden hacer mucho si no se confían en la patente de Morena y si logran entender que tendrán que entrar en la competencia previa en igualdad de circunstancias con sus adversarios, no sólo entre morenistas, porque podría ser ahí –en el casting de aspirantes ante AMLO— donde se defina la gubernatura y no en las campaña electorales.


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: