Las groserías de Quirino, el monstruo y el “caldo gordo” | El análisis de Alejandro Luna

Las groserías de Quirino, el monstruo y el “caldo gordo” | El análisis de Alejandro Luna

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A los maestros les corresponde educar y a los funcionarios hacer lo necesario para que se les pague. No es un favor ni una opción. Es una obligación. Si un maestro deja de trabajar por varias semanas, se le despide, pero si el gobierno no le paga o los funcionarios no les gestionan oportuna y adecuadamente su pago durante meses, o incluso, años, no pasa nada, ni le pagan intereses.

Desde que declaró ante medios nacionales que “con este presidente nos va a ir a toda madre”, el gobernador Quirino Ordaz se ha distinguido por el uso de frases propias de un lenguaje procaz en sus discursos públicos, –así como en su tiempo se significó Malova por su actitud compulsiva por el baile al escuchar la banda—, pero lo que realmente molesta no es el uso de un lenguaje “grosero” a los oídos de las maestras y maestros –la mayoría están acostumbrados a escucharlo, más no a decirlo—, sino a la simulación, manipulación y condicionamiento de sus derechos laborales al más viejo estilo corporativista en boga desde los años 70s del siglo veinte y que alcanzó sus niveles más álgidos en la alianza gobernante PRI-PAN del sexenio pasado, con la oprobiosa reforma educativa.

La cuarta transformación en Sinaloa no existe más que cuando nos vista el presidente. Ahí cambian los discursos y se vinculan con los hechos, pero tan pronto se va, todo vuelve a la normalidad de la simulación y el engaño. El pasado miércoles se entregaron constancias de basificación “código 10” a mil 300 maestros federalizados en un evento suntuoso realizado en el salón flgos con la asistencia de un representantes del líder nacional del SNTE, Alfonso Cepeda, y encabezado por el gobernador Quirino y el secretario de educación estatal Juan Alfonso Mejía, al lado del dirigente seccional Edén Inzunza y del representante del comité nacional, Noé Rodríguez. Ahí se magnificaron las labores de gestión de la dirigencia del SNTE y del gobierno estatal y el gobernador se explayó en su lenguaje coloquial, procaz, que lo caracteriza. Sin embargo, las verdaderas groserías fueron otras.

Hacer venir a los maestros de todos los municipios a un evento de lucimiento personal, de proyección política de personajes y de alianzas cupulares, para poder cobrar su sueldo; retrasarles la seguridad laboral a los maestros hasta acumular suficientes casos para hacerle el “caldo gordo” a funcionarios y dirigentes con aspiraciones políticas; obligarlos a venir a aplaudir a funcionarios y dirigentes sindicales solo por hacer el trabajo por el que ya se les paga (doble y hasta triple), esas sí son groserías.

Las groserías al magisterio no están en las palabras sino en los hechos. ¿Quién les hace magnos eventos a los albañiles por construir paredes, a los jornaleros por cortar tomates, a los maestros por dar clases o a los fotógrafos por tomar fotos? ¿Por qué entonces hay que viajar horas para acudir a aplaudirles a los funcionarios por hacer su trabajo, y con marcadas deficiencias y retrasos? Se sabe que gran parte de los retrasos en los pagos a los trabajadores se debe a los errores y las deficiencias en las gestiones de los funcionarios, y de eso nadie se responsabiliza. Esas sí son groserías.

Pero no sólo eso. Con discursos “perdonavidas”, se les “vende” el favor de hacerles la gestión del pago y las constancias como un acto de altruismo y benevolencia y no como una obligación y responsabilidad de los funcionarios, establecida en la ley de servidores públicos y en la constitución. “A muchos se les había terminado la prórroga de su interinato, por lo que jurídicamente quedaban fuera de las aulas”, era el argumento de los paladines. Pero eso también lo tenían que resolver o dejarían a miles de niños sin maestros, así que no es ningún favor. Además, los interinatos, las prórrogas, los códigos 10, 20, 95…no los inventaron los maestros. Los maestros sólo trabajan y esperan su pago. Las complicaciones las inventa la propia burocracia y su respaldo político sindical para empoderarse. Entre más complejo vuelven el trámite mayor es el riesgo de que se entrampe o se pierda entre los múltiples vericuetos de la tramitología. Así, más poder acumulan y más caro venden y condicionan el favor de regresar a lo simple: el pago y el respeto a los derechos laborales.

A los maestros les corresponde educar y a los funcionarios hacer lo necesario para que se les pague. No es un favor ni una opción. Es una obligación. Si un maestro deja de trabajar por varias semanas, se le despide, pero si el gobierno no le paga o los funcionarios no les gestionan oportuna y adecuadamente su pago durante meses, o incluso, años, no pasa nada, ni le pagan intereses. Nadie asume ninguna responsabilidad por ello, aunque se deba a errores y deficiencias en la gestión, incluso, al jineteo del dinero como se evidenció incontables veces en el sexenio anterior. Y después de todo, esquilmado y humillado, el maestro tiene que acudir a aplaudirles.

Y más aún. Las plazas de base de los maestros federalizados, las otorga el gobierno federal, no la dirigencia del SNTE ni el gobierno del estado, quienes hacen “caravana con sombrero ajeno” en actos protocolarios para hacer creer a los maestros que les deben sus plazas a ellos (y se los referirán toda la vida) y no al gobierno federal que se las otorga, lo cual es un engaño con fines de proyección política. Y los maestros lo saben pero se ven forzados a tener que acudir y aplaudir para poder recibir su pago y sus documentos. Y para colmo, simular que están contentos. Esas son las verdaderas groserías.

Sin embargo, hay más problemas de fondo. Los líderes del SNTE y los funcionarios del gobierno se presentan como los paladines del magisterio por su lucha en busca de la justicia laboral, pero ¿lucha contra quién? Si el presidente quiere justicia laboral, si Moctezuma quiere justicia laboral, los diputados y senadores, el SNTE y el gobierno  estatal quieren justicia laboral entonces ¿Contra quien luchan? ¿Quién es el enemigo?

Si todos los actores políticos están en el mismo bando, como dicen, y quieren lo mismo ¿por qué sigue habiendo graves problemas de justicia laboral?  O alguien está simulando o hay en verdad un perverso enemigo invisible que se opone a la justicia laboral. O ambas cosas.

Y dicho sea de paso sí lo hay. El monstruo de la burocracia empoderada por décadas que alimentaron diligentes los gobiernos del PRI y el PAN, especialmente en el sexenio anterior, con la “reforma educativa” que privilegiaba a los números sobre las personas, sigue ahí, agazapado pero más vivo que nunca.

Ese monstruo despersonalizante y pragmático que creó y desarrolló eficientes y terroríficos sistemas de control, sometimiento y sumisión del magisterio –con la complicidad y complacencia de las dirigencias sindicales (que hoy se llenan la boca y se rasgan las vestiduras con floridos discursos de justicia laboral salpicados de populismo y demagogia, al más puro estilo corporativo y simulador del siglo pasado), sigue empoderado en el sector educativo permitiendo y/o facilitando a la simbiosis de dirigentes sindicales y funcionarios públicos ejercer el control político de los maestros mediante sistemas de premio a quien se alinee y se someta y de castigo a quien disienta o critique.

Entonces, es el engendro del PRI-PAN diseñado por el peñismo y avalado por la dirigencia del SNTE para someter, controlar y humillar al magisterio en pos de una “educación de calidad”, el poderoso enemigo que sigue actuando de hecho –emanado de la reforma educativa– dentro de la estructura y sistemas de los gobiernos para obstaculizar la justicia laboral, con la esperanza de resurgir ante el eventual (y añorado por ellos) fracaso de la 4T.

No es casual entonces la organización de un evento de esta naturaleza, simulador –las bases las otorga el gobierno federal, no el gobierno estatal ni las dirigencias del SNTE—, que refrenda complicidades (antiguas y nuevas) de algunos de los más destacados actores del viejo régimen neoliberal,  se realice en estas fechas previas a la renovación de cuadros dirigentes del sindicato magisterial.

La amistad que presume el gobernador con el líder nacional del SNTE tiene un mensaje muy claro. Hay acuerdo para inducir el voto de los maestros en la elección sindical para asegurar que queden los mismos, lo cual representa un atentado a la democracia sindical que, en su momento, deberá evaluar María Luisa Alcalde. Pero no sólo eso. El pacto es de ida y vuelta. Que queden los mismos en el SNTE local garantiza que se mantengan los compromisos de apoyo para el cambio de gobierno estatal en el 2021, es decir, desde ahora, el apoyo al candidato de Quirino.

No es casual, entonces, que este evento busque hacerle el “caldo gordo” a la dirigencia local del SNTE respaldada por la representación de la estructura nacional, simulando hacer la justicia que, en realidad, está haciendo el gobierno federal y que ellos mismos, empoderados, negaron en el gobierno anterior.

Un engaño tras otro. Los maestros saben del engaño. El presidente sabe del engaño. ¿Permitirá el magisterio – que ahora tiene el derecho al voto personal, directo, libre y secreto para elegir a sus dirigentes— que continúe la simulación, votando por los mismos que aprobaron, defendieron y promovieron la reforma educativa de Peña Nieto (esquilmando y suprimiendo derechos y prestaciones laborales) en las próximas elecciones del SNTE y del gobierno de Sinaloa?


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