Simulacro de fuerza | “Ábranse señores, que el Ejército dice ser La gran fuerza de México”

Simulacro de fuerza | “Ábranse señores, que el Ejército dice ser La gran fuerza de México”

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No los oyes pero los ves erguidos, formados, cargando sus armas y banderas. Son ellos, los soldados del Ejército que en octubre no combatió.

Son ellos, a los que les ordenaron el repliegue. A los que les retuvieron a ocho elementos, a los que ningunearon y les amagaron y agredieron edificios y familias.

Allá  están en el cruce de Obregón y Colón. Soportan el sol de este Culiacán donde hace casi un mes los humillaron. Algo debe llegarles a la mente de aquella afrenta inédita.

Tal vez no son los mismos pero pertenecen a lo mismo, al mismo cuerpo, a la misma fuerza maltratada.

Son ocho líneas. La Obregón está bloqueada de en el primer cuadro.

Ábranse señores. Esto es simulacro de fuerza. Esto es desfile, cosa de poses. De ceños fieros para quedar bien.

Ábranse señores, que el Ejército dice ser “La gran fuerza de México”.

A las 10:20 horas inicia el show. Ya está el gobernador Quirino Ordaz Coppel en el balcón del Palacio Municipal. Ya es hora.

Y el gobernador es anunciado: “Maestro Quirino Ordaz Coppel…”

“Carlos Ramón Carrillo, comandante de la Tercera Región Militar”.

En la pantalla gigante del Ayuntamiento aparece el anuncio de descuentos del Predial y el de la exposición La gran fuerza de México.

Una banda de guerra toca sus tambores frente al Ayuntamiento. Y una orquesta de soldados arranca con el himno nacional.

Hamlet Toledo Chalala solicita autorización para iniciar el desfile.

El verde olivo escurre por la Obregón. Uniformes nuevos, sin mácula. Bota militar limpia, armas engrasadas.

Al frente, abriendo paso, diez banderas de guerra. Son dos jefes, 42 oficiales, 747 de elementos de tropa.

Gritan y cantan. Desfilan. La gente los ve. La gente los graba, les toma fotos. Con sus armas tan inverosímiles, con sus balas tan increíbles. Bazucas, ametralladoras…

Y luego los vehículos: tres sandacat, 12 cheyennes, tres frigthliner, un vehículo Kodiac, un humvve con obucero (cañón) y seis blindados.

Limpiecitos, tallados, encerados. El “almorol” a todo lo que da.

Sus banderas y sus perros. También la Guardia Nacional, raspada aquel 17 de octubre, a unos minutos de aquí.

Ahí vienen los del Batallón de fusileros paracaidistas.

“Centinelas de la Patria con espíritu inquebrantable”, dice la dama del micrófono.

El Pelotón de observadores, las fuerzas especiales.

“¿Y?“, dice un peatón.

” Ahora sí… “, dice otro.

Allá se van por la Obregón, en sentido contrario. Avanzan cantando hacia los rumbos donde el jueves negro se generó la batalla de Culiacán.

Marchan sin buscar una nueva guerra, sin disparar otra vez.

Son ellos, los soldados del Ejército que en octubre no combatió.


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