Zona chilanga | Ni como ayudarte

Zona chilanga | Ni como ayudarte

Antes me sentía triste y me daba tiempo de llorar, de escuchar canciones que me hicieran berrear, de escribir poemas —eso es un decir—, de escuchar la noche, de sentir el viento, ahora eso no aplica.

¡Al carajo la tristeza! ¿Sentirte triste, olvidado, fracasado, frustrado, engañado, burlado, pisoteado, ninguneado…?, eso es para los débiles, para los conformistas y aquí, ahora, no hay tiempo para eso. Aquí sólo valen los triunfadores. Los exitosos. Sonríe y sé feliz; la fuerza estará contigo. Pero, ¿de qué te ríes?, como que de qué, de que soy feliz. La felicidad son las caritas sonrientes, ¿o, no? Sí, es una elección, eso me han dicho. Y yo elijo ser feliz, ¿o, no?

Antes tenía amigos imaginarios, ahora los tengo en el face. Antes tardaba en dar opinión, ahora no alcanzo a digerir cuando ya solté bocanadas de ira. Antes caminaba para tomar decisiones, ahora el arrebato me hace errar sin descanso. Antes no sabía que era experta en temas amorosos, musicales, futbolísticos, literarios, filosóficos, políticos, ambientales, aduanales, portuarios, sanitarios, balísticos, rurales, urbanísticos, migratorios, legales, rancheriles…, ahora, gracias a las redes, he descubierto montones de cualidades.

Antes me dolía la panza y me tomaba un tecito. Si no me aliviaba me iba al doctor, éste me auscultaba, me mandaba análisis, cambio de dieta, reposo, tratamiento… ahora me duele la panza y tomo mi omeprazol —o dos si no me alivio— y listo. Antes tenía una duda y la discutía con mi maestro, buscaba al que sabía, me daba insomnio, le daba tres vueltas, me llegaba un viso y con éste nuevas dudas… ahora sólo tengo certezas. Antes eran pocos los juiciosos, ahora todos tienen uno. Me aterran los juicios, me desploman las certezas, me obnubila la sapiencia, me aniquilan los plomazos.

Antes tardaba en tener respuestas, ahora elijo la que mejor me quede, pero ¡ya! No hay tiempo de papar. O ¿es que te valen todas las recomendaciones? Decidí cambiar, por lo menos en esta temporada de gracia. Quise atender todas los buenos mensajes de mis amigos y agradecerles de uno por uno, no fue posible. No sé qué hacer con eso. Será que son amigos líquidos, como los que tanto menciona Bauman. Él me dice que son contactos y que todos los aparezco y desaparezco con un clic —recordé la vez que me descliquearon muchos, pero cambié el tono y me volvieron a contactar—. Ya no sé si me quieren a mí o a mi mejor versión, pero si justo esa es la que traigo perdida. Me dices que soy linda como un sol de playa. Me aferro a tales descripciones y me empodero; me dura unas horas y caigo en la misma.

Decidí no ignorarme —eres complicada—. Elegí dejarme ayudar. Revisé los mensajes que envían —reenvían— las tías, los vecinos, los colegas, los amigos. Se los agradecí en general  —por fortuna recibí muchos—. Les dije que yo también les deseaba lo mismo y que cada día los leería para sentirme acompañada. Que aplicaré las recomendaciones, frases de aliento, secretos de éxito, exterminio del fracaso, lecciones para la felicidad… —suena a libro de autoayuda—, no importa, me apliqué. Pero, otra vez lo mismo, me duró dos días y he aquí desojando florecitas. Creo que soy caso perdido, de esa clase deformada, de eso que no se presume. Antes tenía amigos imaginarios, pero la imaginación se siente invadida, atrofiada y esos amigos se han espantado. Me quedo con mis cibercontactos, al fin que nunca me abandonan. Los otros —ingratos— me ha dicho: ni como ayudarte.

Comentarios: [email protected]

¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]