Historias de histeria | Bala encontrada

Historias de histeria | Bala encontrada

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los ‘culichis’.

Ese año nuevo lo habíamos esperado con muchas ganas porque iba a venir su papá de Estados Unidos y se iba a armar un fiestón con toda la familia, ya tenía como 2 años que no venía Rogelio a vernos desde que se fue la segunda vez, pensamos que iba a estar agusto.

Mi suegra había quedado de hacer la comida, ella guisa rico y yo me iba a encargar de ir por lo que íbamos a tomar, brindis y toda la cosa, compramos varios cartones de cerveza y vino para brindar, ese día fuimos al centro y estaba lleno, batallamos mucho con todas las bolsas pero logramos salir a tiempo para irnos a arreglar.

Eran como las 10 y todo estaba tranquilo, no como años atrás que las calles eran un desmadre por la colonia, ya casi no se permite que para este lado de Culiacán anden los carros tan recio, porque está controlado por unos pesados.

Ya eran casi como las 11 y los niños estaban tronando cuetes, yo estaba con mis hermanas y los hombres pisteando afuera en la calle, habíamos comprado una bocina nada más para la ocasión, estábamos pasándola bien, en familia.

De repente se dieron las 12 y nos dimos el abrazo, lo común en año nuevo, de que unas primas sacaron la maleta y mis tías atragantándose con uñas, yo nada más corrí a abrazar a Rogelio, de verdad me hacía muy feliz que estuviera ahí con nosotros.

Después de eso nos metimos un rato al tejaban porque es común acá que empiecen a tirar balazos, dura como media hora en lo que fanfarronean los pesados, en eso nos damos el abrazo y platicamos.

Pasó como una hora y otra vez nos salimos a seguir festejando, pero en eso llegan mis sobrinos a decir que una de las niñas no aparecía, nos pusimos a buscarla en la casa y por toda la calle, se nos hacía muy raro.

Mara, mi hermana ya estaba desesperada, estaba temblando pensando que se la habían robado por andar jugando en la calle o si le tocó una bala perdida porque durante la media hora después de las doce parece que a los buchones balas es lo que les sobra.

La estuvimos busque y busque, pero no aparecía, le llamaron hasta la policía pero se hacían tontos, los niños seguían buscándola en casa de los vecinos, llegaron hasta la avenida buscándola y nada.

En eso  me entró la desesperación y me fui a la cocina a buscar una veladora para prendérsela a la virgen para que pareciera Romina, encontré la veladora pero no tenía cerillos, fui al cuarto a buscar un encendedor y cuando entro hay mucho desorden.

Prendí la luz y veo que mi tele estaba destrozada, le había pegado una bala, me asusté mucho y empecé a acomodar las cosas, cuando me agaché para recoger unas cosas vi un bultito que se me hizo raro debajo de la cama.

Era romina, a como pude la saqué y me di cuenta de que estaba dormida, la moví bruscamente para despertarla y en eso abre los ojos, se me regresó el alma al cuerpo y empecé a gritarles a todos.

Ya más despierta nos dijo que la había asustado un ruido en la cocina y que estaba jugando cuando sonó eso, así que se metió a mi cuarto y se escondió debajo de la cama, luego se quedó dormida.

Ya que pasó eso, volvimos a celebrar, pero sin ganas, fue el susto de la noche, como un mes después mandé quitar esa ventana de mi cuarto, me dio mucho puedo pensar que se pudiera meter otra bala.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?


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